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Take My Breathe Away

Firma invitada por Firma invitada
09/02/24
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«Nuestro ayuntamiento prefiere pensar que la forma natural de vivir y de ser de Xixón consiste en tragar humos y coches y, cuando la contaminación hace saltar todas las alarmas, recomendar a las embarazadas y a los niños que se alejen de las vías por las que pasan los vehículos (…)»


Nubes de polución sobre el barrio de La Calzada, uno de los más afectados por la presencia de benceno y de partículas en suspensión/ARCHIVO

Uno de los mayores aciertos de las derechas en las guerras culturales en las que nos estamos jugando nuestro futuro consiste en hacernos creer que las ciudades se organizan de forma natural y racional y que es la izquierda la que, por razones ideológicas, se empeña en intervenirlas y cambiar así los usos y costumbres naturales de sus habitantes. Hay que dar por sentado que quienes afirman esto desde las instituciones no se lo creen, pues ellos saben mejor que nadie que toda decisión en torno a la organización y la planificación de una ciudad es ideológica, simplemente nos están diciendo que su ideología es, en el fondo, el orden natural de las cosas. Pondré dos ejemplos sencillos: que una ciudad decida levantar una plaza de toros no tiene que ver con que en esa ciudad exista afición taurina sino con el compromiso de un gobierno municipal en imponer y apostar por los toros, con el paso de los años a la ciudadanía le parecerá normal -natural- la existencia de esa plaza aunque nadie quiera ir allí a presenciar cómo se tortura a un animal. Planificar avenidas espaciosas y arboladas en el centro de las ciudades, donde precisamente se concentran las sedes de los grandes negocios, los comercios más importantes y las mejores residencias, responde a una planificación hecha con criterios de clase pensada para favorecer a una parte de la ciudadanía sobre el resto y, también, para garantizar el valor del suelo y, por tanto, de las inversiones y el capital de las clases burguesas. No hay nada inocente en la organización de una ciudad, pero en tiempos convulsos de cambios e incertidumbres -entramos en la era del caos, advierten ya desde la ONU– agarrarnos a la ficción de que existe algo así como la forma correcta, natural -segura- de ser, resulta consoladora. Pero las ciudades son entes muy complejos, hechos de personas, cemento, hormigón y espacio limitado, en las que los cambios a veces se dan de forma lenta, se manifiestan formalmente muy por detrás del paso del tiempo y las emergencias de la época.

Vivimos en ciudades planificadas, pensadas y organizadas en el siglo XX, hechas a medida del desarrollismo, cuando el progreso y la abundancia giraban en torno a los coches y la industria. Y Xixón no es una excepción, de hecho puede que sea una de sus principales valedoras. Pero ese mundo se escurre entre nuestros dedos, el cambio climático hace años que ha dejado de ser una amenaza teorizada por expertos porque ya se ha materializado, y los combustibles fósiles se agotan. Nos enfrentamos a un mundo distinto y aterrador si no empezamos a aceptar que tenemos que cambiar nuestros hábitos y  adaptar nuestras ciudades. Sin embargo, en Xixón la corporación municipal, y parte de la ciudadanía, siguen apostando por el ‘cochismo’ frente a otras formas de movilidad sostenibles y solidarias, como si el empeño en defender las peatonalizaciones, la movilidad en bicicleta y la reducción de las emisiones fuera una imposición de la dictadura woke y no una necesidad y una inversión en salud pública y en bienestar, además de ser una exigencia de la Unión Europea. Entiendo, como lo entiende prácticamente todo el mundo, que durante más de medio siglo los coches no solo se convirtieron en símbolo de estatus y progreso, sino también en el medio de trasporte más popular y, en muchas ocasiones, barato y eficaz, para gran parte de la población. También entiendo que no se puede pasar de un modelo a otro de forma brusca, sin tener en cuenta las necesidades de la población y sobre todo sin pedagogía -el despotismo ilustrado está feo, anticuado y es clasista, venga de donde venga-, pero esto no es óbice para reconocer que la apuesta del actual ayuntamiento por los coches es una apuesta suicida basada en un empecinamiento ideológico y cortoplacista que está poniendo, además, en peligro la salud pública.

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En la última semana de enero los xixoneses estuvimos viviendo y respirando en una ciudad con los niveles de contaminación completamente disparados. Esto no es ninguna broma, la contaminación nos está jodiendo literalmente la salud y nuestra calidad de vida pues es la responsable del 35% de las muertes mundiales, por no hablar de las infecciones respiratorias, los accidentes cerebrovasculares y la incidencia del cáncer. Los vecinos de la zona Oeste de Xixón saben perfectamente lo que significa vivir constantemente sometidos a la contaminación y la inacción institucional. El gigantesco elefante en la cacharrería en el que se han convertido Arcelor y la térmica de Aboño daría para rellenar miles de páginas en torno al cinismo institucional y el abandono ciudadano pero también sobre la complejidad de resolver la tensión entre industria, sostenibilidad, empleo y salud pública. Sin embargo sí que tenemos en nuestras manos reducir los niveles de contaminación provocados por los humos de los coches y tomar partido por la salud y el bienestar de la ciudadanía, por ciudades pensadas para pasear y respirar. Pero nuestro ayuntamiento prefiere pensar que la forma natural de vivir y de ser de Xixón consiste en tragar humos y coches y, cuando la contaminación hace saltar todas las alarmas, recomendar a las embarazadas y a los niños que se alejen de las vías por las que pasan los vehículos mientras eliminan las etiquetas medioambientales y los bolardos que impiden aparcar en la puertas de las escuelas. Pero la ideología es la de los otros.

Comentarios 2

  1. Roberto lopez says:
    2 años ago

    Increíble que te centres solo en este ayuntamiento, has de saber que el 80 por ciento de la contaminación procede de las industrias y del Museo. Los niveles altos de benceno de donde vienen???
    A que «cochismo» te refieres??? Te lo dice un usuario diario de la bicicleta.
    Apesta más que Arcelor vuestro forofismo, revisa un mapa de contaminación de estos días de partículas PM10 y benceno y veras que ciudades como Bilbao, Madrid o Santander tienes valores 4 veces inferiores a Gijón…
    Me lo puedes explicar??? No hay tráfico en esas ciudades???
    La respuesta está clara: ARCELOR+MUSEL
    Casualmente las competencias las tiene el Principado y el Gobierno de España…..no te metes con ellos???

    Sois muy cansinos, y te lo dice alguien que vive en la zona Oeste, posiblemente tu vivirás en Viesques o Somio

    Responder
    • La cochambre gijonesa says:
      2 años ago

      El artículo -muy bueno por cierto- explica claramente sobre qué puede actuar un ayuntamiento y sobre qué no. La industria puede ser que no, pero sobre los coches sí que puede actuar y se ha inhibido claramente por ideología. Digo por ideología porque es imposible que una ALCALDESA que es ONCÓLOGA le parezca estupendo llenar de coches la ciudad y permitir que los mas contaminantes circulen libremente. Del concejal de movilidad ni hablamos. Es evidente que es una persona a la que le vendría mucho mejor caminar que coger el coche, pero en fin, ya se lo dirá su médico/a.
      Es absurda tu última línea por cierto. La contaminación de vehículos e industria afecta a todo el mundo, no va por barrios.
      Por último: Mi mas sincera enhorabuena a Migijon por haber fichado a esta articulista. Gracias

      Responder

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