La alcaldesa se defiende de las críticas alegando que «no lo hicimos bien porque empezábamos a hacerlo», y se compromete a «ver la mejor forma de resolverlo»; los vecinos advierten a la regidora de que «los que supervisan las obras la están engañando»

Nunca es fácil reconocer no ya un error, sino la decepción sin paliativos que con la que un determinado proyecto en el que se ha puesto esfuerzo y corazón termina. Y esa escena es la que, en la tarde de este miércoles, pudo presenciarse en el Ayuntamiento de Gijón, en los compases finales del Pleno ordinario de mayo. Minutos después de que parte de los vecinos de Portuarios, representados por José Luis Tasende, expusiesen ante la Corporación municipal las «vergonzosas deficiencias» que sufren doce de los portales del barrio tras la rehabilitación orquestada por el Gobierno, la alcaldesa de la ciudad, Carmen Moriyón, tomó la palabra para calificar aquella campaña de reformas, iniciada en 2011, como un «fracaso personal», y para comprometerse con los lugareños a «ver la mejor forma de resolverlo», emplazando para ello a los servicios técnicos de la Concejalía de Infraestructuras Urbanas y Rurales. Fue la forma elegida por la regidora para atajar la larga lista de problemas enumerados por Tasende, que abarca desde equipamiento mal instalado o ya deteriorado, hasta canalizaciones mal instaladas y riesgo de inundaciones por aceras demasiado elevadas. Todo ello ha llevado a los afectados al colmo de la paciencia.
«Nunca se vio chapuza igual«, sentenció Tasende, veterano del andamio con 35 años de experiencia a cuestas, y quien, un día antes, ya había comparecido ante los medios para poner de manifiesto los mismos problemas, arropado por el concejal del PSOE Constantino Vaquero. Y es que, a juicio de los residentes de la docena de bloques perjudicados que conforman el barrio degradado, «los que supervisan las obras la están engañando (a Moriyón)«, hasta el punto de que «están permitiendo que ocurra esto, pagado con dinero público«. Un primer intento del edil de Infraestructuras Urbanas y Rurales, Gilberto Villoria, de terciar aclarando que los promotores son los propios vecinos, mediante «un contrato privado con la empresa ELECNOR», y no el Ayuntamiento, no hizo sino incendiar aún más los ánimos de Tasende y de los restantes vecinos presentes en el Pleno. De hecho, el primero volvió a alzar la voz para acotar que «nosotros ni promovemos, ni pagamos; ustedes pagan a una empresa chapucera que se lleva ese dinero, y la premiáis dándoles la Obra Social de Contrueces«. Fue entonces cuando, efectivamente, la alcaldesa hizo su llamada al orden, y trató de tomar el control de la situación.
«Ustedes están aburridos de la vida por esta serie de catástrofes«, comenzó, comprensiva, Moriyón, matizando, eso sí, que «no paga el Ayuntamiento; pagamos todos los gijoneses«. A partir de ahí, la regidora ofreció su particular confesión sobre aquel proyecto, puesto en marcha en aquellos años inmediatamente posteriores a la crisis de 2008 «para dinamizar el sector de la construcción», además de para beneficiar a los habitantes de los barrios degradados. «Lo considero como un fracaso personal, porque yo creía en eso; no lo hicimos bien porque empezábamos a hacerlo, y es una frustración tremenda«, prosiguió Moriyón, explicando que, a diferencia de lo ocurrido entonces, cuando había mucha oferta para poca demanda, ahora «la dificultad es encontrar empresas que quieran entrar en estas cuestiones, porque hay mucho trabajo«. Eso, sin contar la complejidad extra que entraña acometer trabajos «con con las personas dentro«, algo que «genera problemas de convivencia; por eso costó tanto sacar adelante la adjudicación de la obra de Contrueces«. Aun así, la alcaldesa finalizó con una promesa para Tasende y sus compañeros: la de que «debo comprometerme a sentarme con este problema… Pero no será aquí y ahora«.