Una maestra de Primaria del C.P. Álvaro Flórez Estrada, en Pola de Somiedo, denuncia que el alumnado solo puede elegir una segunda lengua extranjera como optativa frente a la variedad de lenguas a los que optan los que acuden a centros educativos en entornos urbanos

La desigualdad entre la educación rural y la urbana sigue siendo palpable en el día a día de muchos colegios asturianos. Es el ejemplo del C.P. Álvaro Flórez Estrada, en Pola de Somiedo, -único centro educativo del concejo-, donde una docente ha querido denunciar ante este medio las limitaciones que impiden ofrecer a los menores las mismas opciones que tienen los estudiantes de entornos urbanos, sobre todo en el aprendizaje de segundas lenguas extranjeras. “Es un poco lo de siempre”, explica con resignación. “Aquí tenemos alumnado hasta segundo de la ESO y, tal y como establece la legislación educativa, todos tienen derecho a escoger una segunda lengua extranjera como asignatura. Al ser nuestro centro de Educación Infantil y Primaria solo aquellas personas que tienen un titulo en Magisterio pueden impartir docencia en el mismo. Esto descarta la opción de que el profesorado de Secundaria pueda optar a una plaza o vacante aquí”.
Esa condición restringe las posibilidades. “No pueden estudiar alemán ni italiano, porque no existe esa especialidad en Magisterio. Tiene que ser francés, por narices, que sí existe”. Pero incluso esa opción presenta obstáculos: “Hay muy poca gente que opte por realizar esta especialidad, ya que hay muy poca demanda de este tipo de perfil”. La maestra denuncia además que la bolsa de interinos “lleva años sin actualizarse ya que no existe la opción de opositar para sacar plaza por ella”, lo que complica aún más encontrar docentes disponibles: “Ahí hay de todo: gente que ya tiene plaza, que está jubilada, incluso que ha fallecido”.
Cada curso se repite la misma historia: el centro solicita una vacante de francés, pero nadie la pide. “Y si encima es a media jornada, todavía menos”, lamenta. Este año, sin embargo, el problema se ha resuelto -aunque solo a medias-: “Hemos conseguido que la maestra de francés del colegio de Soto de Rivera, que también estaba a media jornada, pase a jornada completa y reparta su tiempo entre los dos centros”. Una solución que facilita la enseñanza al alumnado, pero no completamente. Y es que como explica la trabajadora, la nueva profesora es ahora itinerante, lo que implica que parte de su horario se destine al desplazamiento: “Le conceden unas ocho horas de itinerancia, que son ocho horas que no va a estar aquí dando clase”. Laparte positiva es que el alumnado podrá recibir clases de francés, por lo cual se muestran muy emocionados, cuenta la docente, pero señala que “aún así en el centro perdemos recursos, ya que este nuevo arreglo impedirá que la docente tenga tiempo para realizar funciones de vigilancia de transporte, recreos, comedor escolar, y de apoyos en docencia compartida en otras materias. Aquí los recursos personales son imprescindibles, al estar en aulas multinivel”.
Una situación que, para la docente somedana, refleja una desigualdad estructural que afecta tanto a maestros como a estudiantes. “Los niños y niñas del entorno rural no tienen menos derecho a aprender idiomas ni a contar con profesorado especializado que los que estudian en la ciudad. No es justo para ellos ni para los docentes”.