La siderúrgica fija en enero o, incluso, en febrero la consumación de ese hito, y eso, siempre y cuando el equipo sea puesto en marcha; con tres intentos fallidos hasta el momento, desde CCOO exigen primar la seguridad sobre cualquier otro aspecto

Resignación vigilancia y, sobre todo, paciencia. Esos tres elementos, como la mezcla de mineral de hierro, coque y caliza que posibilita la producción de acero, parecen los cruciales para afrontar la espera hasta que el horno alto B de ArcelorMittal, ubicado en Veriña y parado desde finales de septiembre, logre recuperar los niveles de producción previos a esa detención, consecuencia directa de una avería. Según confirmaban este martes fuentes de la multinacional siderúrgica a los sindicatos, no será hasta enero o, incluso, hasta febrero cuando se retomen los promedio de entonces. Y eso, claro, siempre y cuando las maniobras salgan bien, algo que, hasta la fecha, no se ha conseguido en los tres intentos hechos. No obstante, en la empresa son optimistas, e insisten en que el equipo se reactivará «de un modo u otro», sin que se contemplen ni la parada, ni el vaciado del horno. Una aseveración que ha llevado a Comisiones Obreras (CCOO) a exigir a ArcelorMittal que, por encima de todo, prime la seguridad.
Los problemas que aún colean comenzaron, efectivamente, hace dos meses, al término de la parada programada que se llevó a cabo en las semanas finales de septiembre. En el momento en que los operarios intentaron poner en marcha el horno alto B, descubrieron que hacerlo resultaba imposible. ¿Por qué razón? Bien, de una forma resumida y simplificada, podría decirse que el crisol de dicho horno, que es el recipiente en el que se deposita el metal fundido, ha quedado parcialmente tupido por la solidificación en el fondo de restos de ese mismo producto. Capa a capa, milímetro a milímetro, como si de una arteria saturada de grasa se tratase, ese remanente de metal ha ido reduciendo el espacio disponible para el líquido, impidiendo su debido vertido a los vagones torpedo a través del canal conocido como piquera y, de paso, dificultando la inyección de aire a presión a través de las toberas. Los esfuerzos hechos hasta ahora por despejar el crisol no han surtido efecto; por ello, este miércoles la compañía recurrirá a una nueva táctica: introducir una oxilanza a través de la piquera para, valiéndose del calor que su llama genera, abrir camino en esa mezcla solidificada. Sobra decir que ese proceso, relativamente rápido de explicar, en la práctica es sumamente complejo, delicado y arriesgado. De ahí los plazos que maneja Arcelor.
Para CCOO, en el aire está ahora el futuro a medio-largo de ese horno alto B, aquejado de un tiempo a esta parte de numerosos accidentes e intentos de arranque y, en consecuencia, desgastado y necesitado de repuestos. Por ello, y conscientes de que la maniobra de perfora el crisol con oxilanzas equivale a un alto maltrato de la instalación, los representantes sindicales ha solicitado a la empresa una puesta a punto del equipo en cuestión, que requeriría de dos años de preparación previa; se estima que tal cosa, de recibir luz verde, no se produzca antes de 2028. Y lo mismo es necesario en el caso del horno alto A, si bien en CCOO entienden que, en el escenario actual, una parada es inviable; por ello, conceden que, en caso de avería, se acometería una reparación, no una parada total en firme. En todo caso, la prioridad es, a su parecer, la seguridad de los operarios, condicionados por «un ambiente de trabajo con demasiada sobrecarga mental y física, que acaba llevando al límite al personal», y necesitados de refuerzos con los que paliar el «evidente desgaste» que provoca el alargamiento de la actual situación, y que no parece tener una solución a corto plazo.