Los expertos coinciden en que la honestidad sigue siendo la mejor estrategia para avanzar profesionalmente

En un país donde el desempleo continúa siendo uno de los grandes desafíos estructurales, las entrevistas de trabajo se han convertido en escenarios de enorme presión para miles de personas. España mantiene una de las tasas de paro más elevadas de la Unión Europea, y esa tensión se nota especialmente entre los jóvenes, que duplican los niveles medios del continente. Esta falta de oportunidades provoca que muchos aspirantes se planteen estrategias poco recomendables para intentar diferenciarse de la competencia.
Una de esas prácticas, habitual aunque arriesgada, es alterar o adornar información durante un proceso de selección. Lo que para algunos candidatos puede parecer una forma inocente de ganar puntos frente al resto, en realidad abre la puerta a problemas serios tanto laborales como penales. El mercado laboral actual es dinámico, competitivo y muy exigente, y cada vez son más las empresas que emplean herramientas de comprobación para verificar la exactitud de los datos aportados.
Frente a la pregunta de si es legal mentir en una entrevista, la respuesta es contundente: no. Aunque no toda inexactitud constituye un delito, sí puede implicar consecuencias de gran envergadura. Adrián Rivas, letrado asturiano en Servanda Abogados, explica que “el candidato debe entender que la relación laboral se basa en la buena fe. Si la empresa descubre una falsedad relevante, tiene pleno derecho a poner fin al contrato de manera inmediata”. El jurista recuerda que la normativa española ampara al empleador en estos casos, dado que la confianza es un elemento esencial desde el primer contacto.
El riesgo aumenta cuando la mentira implica documentación falsa o títulos inexistentes. En ese supuesto, las consecuencias rebasan el ámbito laboral. “Presentar credenciales manipuladas, inventadas o obtenidas de forma irregular puede considerarse un delito de falsedad documental, lo que conlleva penas que van desde multas hasta prisión”, añade Rivas. Además, si el aspirante llega a desempeñar funciones para las que no está habilitado, podría enfrentarse a un delito de intrusismo profesional.
Incluso cuando la manipulación es leve —como exagerar responsabilidades o inflar logros anteriores— el impacto puede ser profundo. Más allá de un despido, la reputación del candidato puede quedar dañada en un entorno donde las redes profesionales funcionan como vasos comunicantes. Una mala referencia o una inconsistencia detectada en un proceso puede cerrar puertas en otras compañías del mismo sector.
Los expertos coinciden en que la honestidad sigue siendo la mejor estrategia para avanzar profesionalmente. En palabras de Rivas, “apostar por la transparencia no solo evita problemas, sino que demuestra madurez y compromiso”. En un mercado laboral tan complejo, la autenticidad se mantiene como uno de los valores más apreciados por los reclutadores.