El Ayuntamiento ejecuta la obra más simbólica mientras el desarrollo productivo no tiene calendario

El nuevo Paseo de Naval Azul abrirá al público a finales de esta semana, tras un pequeño retraso provocado por problemas en la llegada de materiales que han obligado a aplazar su inauguración, inicialmente prevista para estos días. La actuación permitirá por primera vez el acceso ciudadano a una nueva franja del litoral oeste de Gijón, aunque lo hará en un contexto marcado por la provisionalidad y las incógnitas que siguen rodeando al conjunto del proyecto de Naval Azul.
El paseo, concebido como una intervención temporal, es a día de hoy la única obra visible del ambicioso plan impulsado por el Ayuntamiento para transformar los terrenos del antiguo astillero Naval Gijón en un distrito de economía azul. Mientras la alcaldesa Carmen Moriyón ha ejecutado esta fase más simbólica y de mayor impacto visual, la urbanización empresarial, la ordenación urbanística y la implantación de actividad productiva siguen sin calendario definido.
El ámbito de Naval Azul suma algo más de 60.000 metros cuadrados, aunque la propiedad del suelo no está completamente resuelta. El Ayuntamiento ya es titular de 38.848 metros cuadrados, tras la compra a la Autoridad Portuaria de Gijón por 4,64 millones de euros, pero otros 21.237 metros continúan en manos de PYMAR, a la espera de una negociación económica. La Autoridad Portuaria, además, cedió una franja de nueve metros junto al mar para facilitar la ejecución del futuro paseo marítimo definitivo.
La ordenación del conjunto depende de la redacción del Plan Especial de Reforma Interior (PERI), imprescindible para definir usos y conexiones entre las distintas parcelas. Aunque su licitación fue aprobada en mayo de 2025, la aprobación inicial no se espera antes del primer trimestre de 2026, lo que retrasa cualquier avance real en la urbanización empresarial del ámbito.
Mientras tanto, el paseo provisional —con una inversión cercana a los 800.000 euros— se presenta como un primer gesto hacia la ciudadanía, pero también como una obra sin futuro garantizado. Ejecutado antes de contar con planeamiento definitivo y sobre un suelo pendiente de descontaminación, el proyecto ha despertado recelos tanto en el ámbito portuario como entre la oposición municipal.