
La sangría de profesorado que sufre desde hace años el IES Roces imposibilita la estabilidad de las plantillas y supone una fuga constante de docentes, algunas y algunos muy marcados tras su paso por este instituto

Cambiando profesora por cretense, este remedo de la famosa paradoja del filósofo Epiménides bien podría aplicarse a lo que parece suceder en el IES Roces de Gijón, a juzgar por el comunicado del equipo directivo del instituto que ayer, 18 de diciembre, hizo público el digital migijon.com. Epiménides, cretense de origen, formulaba así una paradoja de imposible solución: si todos los cretenses mienten, él también, en tanto cretense, mentía al hacer tal afirmación. El resultado es confuso y desalentador para el oyente, incapaz de distinguir la verdad de la mentira y tentado, por ello, a desistir de buscar certezas. Cuando la Dirección del IES Roces afirma, sin tapujos, que todo lo que se ha publicado en los últimos meses sobre el centro y su gestión es mentira, sin duda están generando esa misma sensación de desamparo y confusión en el espectador.
Pero la realidad de lo que ocurre en el IES Roces es más sencilla. No simple, porque el mosaico de documentos, declaraciones, hechos y evidencias acumulados en los últimos años —al menos, desde 2019— es ciertamente complejo. Pero los datos que los firmantes podemos aportar tratarán de desmontar ese falso relato difundido en el comunicado de ayer y hacer comprensible y sencillo el conflicto que arrastra el instituto en el que trabajamos.
En primer lugar, y antes de entrar en los puntos concretos que el equipo directivo rehúsa aceptar, la postura de que “todos mienten menos yo” es inasumible para cualquier análisis racional. Según la Dirección del centro, miente el profesorado en sus numerosas manifestaciones de descontento, canalizadas por cauces internos. Mienten los sindicatos CCOO y SUATEA cuando reiteradamente han denunciado públicamente el clima de trabajo irrespirable que se vive en el centro y alertado sobre los numerosos indicadores de malestar laboral generados por quien gestiona este instituto. Mienten los medios de comunicación que se han atrevido a dar voz a esta situación laboral violenta y a sacar el conflicto fuera de los muros del IES Roces. Y miente incluso el Gobierno del Principado a través de su Servicio de Prevención de Riesgos Laborales cuando, en mayo de 2025, emite un informe de riesgos psicosociales en el centro que, entre otras cosas, reconoce ese clima laboral irrespirable y proporciona una serie de pautas y recomendaciones que el equipo directivo debería llevar a cabo para revertir esa situación.
La poca probabilidad de que todo el mundo mienta excepto una persona queda reflejada en la lógica del kamikaze, que conduce por el sentido contrario de la autovía convencido de que los demás coches circulan al revés. Asumido que el lector no es un kamikaze, en el discurso al que esta Dirección se aferra cual salvavidas quienes mienten son los datos.
«El malestar tiene su origen en el enfrentamiento de un grupo minoritario de profesorado», reza el comunicado. En esa supuesta minoría, que «estaría eclipsando los buenos resultados cosechados en los últimos meses», se escuda el equipo directivo cada vez que se cuestiona algún aspecto de su gestión. Pero
¿qué dicen los datos? El pasado 26 de noviembre, la Directora sometió su gestión a consulta dentro del claustro de profesorado —“SÍ, me gustaría que continuara / NO, prefiero otro equipo directivo con un proyecto diferente”—, resultando que 38 docentes expresaron su rechazo y sólo 26 le dieron su respaldo, con 7 abstenciones y 3 votos nulos. Trasladándolo a porcentajes sobre el total de los votos emitidos, el 51% del profesorado mostró abiertamente su rechazo a esta Dirección, desmontando la teoría del “grupo minoritario”. A esto se puede añadir que el actual Proyecto Educativo defendido por este equipo fue aprobado en junio de 2024, pero con un 36% de votos en contra. La votación de la Programación General Anual del curso actual, realizada en octubre, también mostró un amplio rechazo (21 docentes). A mediados del curso 2024/2025, 55 docentes registraron una petición formal para que se les permitiera hablar en los claustros con libertad. A finales del curso anterior, 29 de ellos y ellas firmaron un expone-solicita para pedir que el entonces Secretario no les faltase al respeto en sus comunicaciones oficiales. Son sólo algunos ejemplos cuyas cifras no dejan lugar a dudas sobre el descontento mayoritario del profesorado.
Reducir el malestar dentro del IES Roces a las quejas de un “grupo minoritario” es totalmente absurdo si se considera el comunicado que, el 17 de octubre de este año, 35 exdocentes firmaron y compartieron en prensa. En él reconocían que “el clima laboral del centro se deterioró notablemente desde la llegada del nuevo equipo directivo, destacando que la convivencia era positiva, con un ambiente profesional y respetuoso antes de 2018”, fecha en la que la actual Directora tomó posesión de su cargo.
El informe de riesgos psicosociales elaborado por el Servicio de Prevención de Riesgos Laborales en mayo de 2025 fue solicitado, a petición del Comité de Seguridad y Salud Gijón-Oriente, en octubre de 2023. Es decir, que los indicadores de profundo malestar entre el profesorado ya venían de muy atrás, al menos desde el curso 2022/2023. Sin contar a 4 de los 5 miembros del actual equipo directivo, apenas quedan hoy unos 15 docentes desde aquel curso, por lo que resulta absurdo seguir manteniendo que el conflicto laboral que afecta al IES Roces es un mero enfrentamiento entre Dirección y un pequeño grupo de docentes desafectos.
En dicho informe de riesgos se recogen, entre otros aspectos gravemente lesivos:
- Apoyo insuficiente del equipo directivo hacia el profesorado.
- Dificultades en el desempeño de las actividades docentes.
- Minimizar las faltas de respeto del alumnado hacia el profesorado.
- Desautorizar la figura del profesor.
- Atribuir a la incapacidad del docente las dificultades en la gestión del aula o en la interacción con el alumnado.
- Estilo de comunicación unidireccional y en sentido descendente.
Resulta curioso que el comunicado del equipo directivo finalice con una mano tendida «a mantener el diálogo con los docentes desafectos» cuando, sistemáticamente, ha venido ignorando —incluso negando— las demandas del profesorado, actual y pasado, en este sentido. Baste recordar que, de las 35 sugerencias de modificación de la PGA aportadas por el claustro el pasado mes de octubre, la Dirección del centro tan sólo aceptó 4, que tenían que ver con cuestiones formales y no de fondo. Entre las rechazadas, llama la atención su resistencia, férrea y reiterada en los últimos años, a simplificar y facilitar el sistema de registro de incidencias del alumnado e imposición de medidas correctoras —como sí se aplica en numerosos centros del Principado—, al tiempo que se jactan en su comunicado de que «las medidas correctoras graves se redujeron en más del 50%, pasando de 114 a medio centenar». La aplicación de esas sanciones y el procedimiento para efectuar las solicitudes dependen en exclusiva de la Directora, por lo que resulta cuando menos cuestionable ese indicador de “éxito” en la convivencia. Sería como si el Ayuntamiento colocase en el Servicio de Tráfico a agentes miopes y presumiese de una mejoría en la conducción de los gijoneses a partir del descenso en el número de multas. En cuanto a la ligera mejora en los resultados académicos a lo largo de los últimos cursos, también citada en el comunicado, y sin entrar a valorar los procedimientos de evaluación, no parece razonable atribuirlo en exclusiva a la gestión del equipo directivo, puesto que el profesorado —afecto o desafecto—tenemos un impacto mucho más directo sobre la progresión del alumnado. ¿Se atribuirían en exclusiva el mérito si la progresión hubiese sido de un par de puntos negativos?
Cambiando un poco de escenario, el pasado 13 de noviembre, hace apenas un mes, la diputada Covadonga Tomé planteó una serie de preguntas en sede parlamentaria sobre los problemas que afectan al IES Roces. En la respuesta oficial remitida por la Consejera se pueden rastrear nuevamente alguna de las falsedades sobre las que este equipo directivo ha ido pavimentando su huida hacia adelante. Entre ellas, destaca la afirmación, vertida por Dirección en el Comité de Seguridad y Salud de Gijón-Oriente el 30 de octubre, de que ya están llevando a cabo “mejoras en las comunicaciones y en el reconocimiento del trabajo del profesorado”. También que se han atendido “las peticiones de los departamentos” en cuestiones como la “asignación de tutorías”. A día de hoy no tenemos constancia de ninguna de estas medidas ni hemos sido capaces de apreciar esa mejora en las comunicaciones: no sólo no se nos ha informado de las actuaciones previstas en su hoja de ruta sino que, a pregunta del Consejo Escolar relativa al estado del informe el día 29 de octubre, la respuesta de la Directora fue que “precisamente mañana, jueves 30 de octubre, se realizará la segunda parte de la reunión de asesoramiento”, insistiendo en que no había recibido las directrices pertinentes por parte de Consejería. El informe y las medidas preventivas así como la necesidad de informar al profesorado obraban en poder de la Dirección el 16 de mayo, pero sólo se compartió el informe con el claustro el 9 de julio, sin ninguna información sobre acciones a emprender o plazos. Está claro que existe un discurso oficial y otro de puertas adentro del claustro. Por otro lado, y pese a las quejas del profesorado, este curso las tutorías y las Jefaturas de Departamento siguen asignándose a dedo, sin tener en cuenta las preferencias personales o departamentales. Curiosa forma de aplicar los principios dialógicos que tanto abanderan de puertas para fuera.
Que un conflicto laboral se enquiste en el tiempo es siempre algo a lamentar, pero en este caso quizá aún más por sus implicaciones: la calidad de la educación que reciben cientos de alumnas y alumnos gijoneses. La sangría de profesorado que sufre desde hace años el IES Roces imposibilita la estabilidad de las plantillas y supone una fuga constante de docentes, algunas y algunos muy marcados tras su paso por este instituto. Quienes aún estamos ahí creemos que cimentar el camino sobre mentiras y medias verdades convierte el camino —huida, en su caso— en peligroso y resbaladizo. No sabemos si el equipo directivo del IES Roces es o no cretense, pero estamos convencidos y convencidas de que su camino no les llevará a Ítaca.
Tribuna firmada por: Profesorado «minorizado» del IES Roces/ Sindicato de Enseñanza de CCOO Asturias/ SUATEA
Dignidad para el profesorado ya! Queremos la mejor educación posible para nuestros hijos y eso pasa por no maltratar a los profes, que son los que dan la cara.
Es increíble que esa situación se mantenga durante tanto tiempo sin que la administración intervenga, siendo un problema que no solo afecta al profesorado que tenga la desgracia de ir a parar a este centro, sino al alumnado, que sufre las consecuencias de tener docentes que no pueden estar al 100% porque una situación y ambiente laboral como ese afectaría hasta al mejor profesor del mundo… ¡Mucho ánimo al profesorado y a su alumnado!