Sin medidas de control aún sobre el tapete, y sin que sus peticiones hayan sido siquiera escuchadas por el Gobierno local, en la Asociación Vecinal se confiesan «indignados» y adelantan que pedirán una reunión con Seguridad Ciudadana pasada Navidad

Es difícil, por no decir imposible, cuantificar los hogares que, estos días, rematan los preparativos necesarios para que la noche de mañana miércoles al jueves, del 31 de diciembre al 1 de enero, de 2025 a 2026, tenga el alto copete que merece. Las uvas empiezan a ser un bien escaso en las fruterías y supermercados, las botellas de champán y cava ya se enfrían en las neveras, las fiestas y cotillones reciben sus últimos detalles… Pero en Cimavilla esa preparación incluye una dimensión extra: la emocional. Efectivamente, la inminencia de la fiesta de Año Nuevo que, muy probablemente, se volverá a desarrollar en la cercana plaza Mayor ha puesto en alerta a los habitantes del ‘barrio alto’ de Gijón, temerosos de que, como en casos previos, tales celebraciones degeneren en un torbellino de escándalos hasta altas horas, borracheras, vomitonas, micciones y defecaciones en la vía pública… Lo mismo que, denuncian, ocurre todos los fines de semana, pero elevado a la enésima potencia. Y ello, sin que el Ayuntamiento haya dado pasos para paliarlo.
«Es lo mismo de siempre, y estamos indignados«, reconoce, pesaroso, Sergio Álvarez, presidente de la Asociación Vecinal ‘Gigia’ de Cimavilla. Desde luego, a muchos lectores esta cuestión les sonará a terreno trillado; de un tiempo a esta parte, no hay fin de año en que no recupere protagonismo. Y es ahí, precisamente en esa constancia, en esa falta de soluciones, donde radica el hartazgo de los representados por Álvarez, al que se sum el hecho de que, por ahora, el Gobierno gijonés no haya hecho nada para paliarlo. «Cuando el problema por el ‘Paseo Gastro’, tuvimos una reunión transversal en la que solicitamos que estuviese la edil de Seguridad Ciudadana -Nuria Bravo-, pero no acudió«, recuerda el líder vecinal. Aun así, el Consistorio es consciente de la problemática; de hecho, a sus integrantes les ha sido remitido «el mapa de zonas conflictivas, nocturnas y diurnas, que elaboramos», que también está en poder de la Policía Local. En otras palabras, el Ayuntamiento «sabe lo que pasa, pero no hace nada«. Eso, claro, un fin de semana ordinario… La perspectiva es que este miércoles, a partir de la medianoche, esa realidad se incremente. Así ha sido estos años. Y así parece que volverá a ser.
Un vistazo rápido a ese mapa de zonas conflictivas, al alcance de cualquier ciudadano que desee consultarlo, permite visualizar en segundos las áreas más tensionadas… Que tampoco se alejan de lo usual en el barrio. A la cuesta del Cholo y la calle Artillería se suman Claudio Alvargonzález, el entorno de la plaza de la Soledad y Castro Romano, y el parque infantil del cerro de Santa Catalina, por no hablar de esa especie de cuadrilátero que forman las calles Vicaría y Rosario, el callejón de Nava y la plaza de la Colegiata. Es en esos puntos donde se concentra el grueso del ocio nocturno los fines de semana, y a donde, muy probablemente, a partir de la medianoche de mañana acudirán legiones de personas para continuar la fiesta de fin de año. La consecuencia, temen Álvarez y los suyos, volverá a ser la de siempre: estruendo hasta altas horas, basura y otros restos en cada esquina, tal vez algún que otro incidente violento… Un cuadro que, pese a los esfuerzos de la Policía Local y de los equipos de la Empresa Municipal de Servicios de Medio Ambiente (EMULSA), no disminuye, y al que no ayuda la pretensión del Ejecutivo de construir, anexa a la cuesta del Cholo, la tan cacareada grada; la misma que, temen los habitantes del lugar, facilitará esos mismos botellones ante cuya eliminación el actual Gobierno se ha mostrado «insensible«.
Así las cosas, en la Asociación están decididos a volver a llamar a las puertas de la Concejalía de Seguridad Ciudadana para abordar el tema, lo que se hará «una vez pasen las fiestas». Claro, que… ¿Cómo obrar hasta entonces? Bien, en el ‘barrio alto’ no pierden la esperanza de que haya un cambio repentino de tónica; de que, de repente, el Ejecutivo gijonés se decida a blindar el barrio con agentes en Nochevieja para que la fiesta no se desmadre y vuelva a convertir Cimavilla «en una especie de ciudad sin ley». Pero tales esperanzas son escasas. «De momento, no nos consta que el Consistorio vaya a elaborar un pan especial; al menos, con nosotros no han contactado a ese respecto«, admite Álvarez. Lo que sí hay, semana tras semana, es lo de sobra conocido: «botellones a las puertas de las casas y en los patios, vandalismo, meadas, cagadas… Y, en breve, tendremos encima el Antroxu. No es justo que se nos tenga así. En Cimavilla se tiene que poder vivir«.