Las PequeCampanadas, celebradas en los últimos compases de la tarde, abarrotaron la plaza Mayor de la ciudad, marcando la tónica de la multitudinaria cuenta atrás previa a la medianoche, verbena amenizada por Dani Vieites incluida
Ahora sí que sí… Con todas las de la ley… ¡Hasta siempre, 2025, y bienvenido, 2026! Con ese grito en la boca, en la mente o, por qué no, en el corazón, miles de personas se concentraron ayer en la plaza Mayor de Gijón para festejar la transición de un año a otro, para disfrutar de las doce uvas juntos y para gozar con la programación temática organizada al efecto. Y sí, la palabra ‘miles’ resulta de lo más conveniente, porque entre las cohortes de niños y adultos que asistieron a las vespertinas PequeCampanadas, y las legiones que hicieron lo propio en la gran verbena previa y posterior a la medianoche, no cabe duda de que gijoneses y visitantes tenían ganas de darle a ese cambio de ejercicio el empaque que una ocasión así se merece.
Ya a partir de las seis y media de la tarde, hora oficial de inicio de las PequeCampanadas, el céntrico espacio de la ciudad se convirtió en un hervidero de niños, debidamente acompañados por sus padres y tutores, decididos a sumarse a los festejos. Entre villancicos, juegos y muchas risas, los más pequeños de la casa disfrutaron de sus propias doce uvas, al son de la sección infantil de la Banda de Gaitas ‘Villa de Xixón’, primero, y del DJ Cuco Jiménez, después. Porque no todo fueron temas navideños, ni mucho menos… Jiménez se arrancó a interpretar un buen puñado de canciones que pusieron a muchos de los jóvenes asistentes a bailar con ganas. Una antesala más que digna de lo que estaba a punto de suceder…

Porque, en efecto, con la retirada del público infantil a las ocho, comenzó el protagonismo de los adultos. Congregados por miles ante la Casa Consistorial gijonesa, uvas en ristre, aquellos que optaron por la plaza Mayor para vivir el cambio de años gozaron del espectáculo musical ofrecido por el DJ Dani Vieites. El veterano artista demostró estar, una Nochevieja más, a la altura de las circunstancias y de su propia reputación, y su despliegue de talento solo se vio interrumpido cuando, proyectando el reloj de la madrileña Puerta del Sol contra la fachada, tocó comer las uvas. Campanada a campanada, el último de dichos frutos, finalmente, terminó, dando paso a una marea de abrazos y buenos deseos, tanto entre familiares y amigos como entre desconocidos… Y a la consiguiente folixa hasta las dos de la madrugada. Todo ello, retransmitido en directo por la Televisión del Principado (TPA), que desplegó en el balcón del Ayuntamiento a la presentadora Ana Francisco y al cómico Santi Alverú. ¿El resultado? Es fácil imaginarlo… Una velada que pocos podrán olvidar… Al menos, hasta la próxima Nochevieja.