Las palabras del director de la DGT sacuden el debate sobre las zonas de bajas emisiones en las ciudades

Las palabras de este miércoles del director general de Tráfico, Pere Navarro, sobre el futuro de la movilidad urbana han vuelto a situar en primer plano un debate que ya está muy presente en ciudades como Gijón: el papel del coche privado en los centros urbanos y el sentido real de las zonas de bajas emisiones (ZBE). “Al centro de la ciudad no vas a ir ni en eléctrico ni en diésel ni en gasolina. Vas a ir con transporte público y, si tienes prisa, tienes la alternativa del taxi, del Uber o del Cabify”, ha afirmado recientemente, en unas declaraciones que han generado controversia por su contundencia.
Lejos de centrarse únicamente en la cuestión ambiental, Navarro situó el problema en una dimensión más amplia: el espacio. “El problema de la movilidad en las ciudades es un problema de espacio”, defendió, subrayando que no es viable seguir permitiendo que miles de coches, aunque sean eléctricos, ocupen las calles más céntricas de las ciudades. En su opinión, las ZBE no deberían entenderse como un incentivo para cambiar de coche, sino como una herramienta para reducir de forma drástica la presencia del vehículo privado.
Este planteamiento conecta con la visión que desde hace años defiende el Observatorio Xixonés de la Movilidad (OXM). Su presidente, Román Torre, considera que parte del rechazo social a las ZBE tiene que ver con un malentendido alimentado durante años. “Se ha vendido la idea de que si te compras un coche eléctrico ya puedes saltarte las zonas de bajas emisiones, y esa no era la idea inicial. La idea es rebajar la presencia del coche en general”, explica.
Torre pone como ejemplo ciudades como Barcelona, donde prácticamente todo el centro urbano funciona ya como una gran zona de bajas emisiones. “Aquí hay coches y motos, claro, pero entran los que tienen que entrar: vecinos, repartidores o gente que va a un garaje. Nadie se ha tenido que comprar un coche eléctrico para vivir. Lo que se ha logrado es que no pasen tantos coches”, señala. El resultado, asegura, es evidente: menos ruido, calles más caminables y una ciudad más amable sin que el tejido comercial se haya resentido.
En Gijón, la ZBE de La Calzada ha sido uno de los puntos más debatidos en los últimos meses. Torre recuerda que, sobre el papel, este tipo de proyectos no se limita a poner restricciones, sino que lleva asociadas medidas de refuerzo del transporte público, carriles bus o sistemas de bicicleta pública. “Las zonas de bajas emisiones se implantan con un paquete de alternativas. Otra cosa es que luego los ayuntamientos no las ejecuten como deben”, matiza.
Según el OXM, incluso el simple efecto disuasorio ya produce cambios relevantes. “En Madrid, con todas sus contradicciones, se sabe que las emisiones han bajado porque la gente pasa menos en coche. Muchas veces no hace falta ni multar: basta con que la gente se lo piense dos veces antes de atravesar un barrio”, apunta Torre.
Uno de los elementos clave es eliminar el llamado tráfico de paso, es decir, los vehículos que atraviesan un barrio simplemente porque es el camino más recto. “Ese tráfico es el que más problemas genera en los barrios. Lo que se hace en muchas ciudades es obligar a rodear, y eso reduce muchísimo el número de coches”, explica.
Además, la tendencia europea va en esa dirección, incluso en países con gobiernos conservadores. Italia cuenta con más de un centenar de zonas de bajas emisiones, y en ciudades como Londres ya se han implantado áreas donde se penaliza cualquier tipo de coche, sea eléctrico o no. “En los países que ya tienen muchos coches eléctricos, se están retirando sus privilegios porque el problema ya no son sólo las emisiones, es el tráfico en sí”, subraya Torre.
En el fondo, el debate que ha reabierto Pere Navarro no es tan nuevo. Oviedo lleva décadas con su casco histórico peatonalizado y ahora amplía sus restricciones bajo el paraguas de las ZBE. “A la gente le escandaliza, pero es básicamente lo mismo: donde hay alternativas de movilidad, se limita el coche”, resume Torre.