Un PSOE en guardia permanente busca algo más que un candidato para sobrevivir políticamente en Gijón

En el socialismo gijonés se discute hoy qué tipo de liderazgo necesita el partido para dejar de resistir y volver a competir. El calendario interno apunta a primarias en septiembre de 2026, siempre supeditado a la estrategia que marque Ferraz en un año que se anticipa turbulento: encuestas nacionales negativas, retrocesos autonómicos y una sensación persistente de desgaste del proyecto socialista en amplias capas del electorado.
A nivel nacional, los sondeos dibujan un escenario ambiguo. El CIS -entregado al gobierno- mantiene al PSOE como primera fuerza, pero encuestas privadas sitúan al bloque de derechas rozando la mayoría. En el ámbito autonómico, la izquierda aparece a la defensiva, más preocupada por contener pérdidas que por ensanchar apoyos. Ese clima se filtra inevitablemente hacia lo local y condiciona el ánimo del PSOE gijonés: cuando se duda de la victoria, se tiende a proteger lo poco que se tiene. Y esa lógica, repetida en agrupaciones de toda España, pesa como una losa sobre cualquier proceso interno. Con ese telón de fondo, la quiniela de nombres no es solo un debate de personas, sino de modelos de partido y de ciudad.

José Ramón Tuero: el eterno aspirante
José Ramón Tuero lleva años instalado en la categoría de candidato permanente. Exconcejal de Deportes, ha expresado sin rodeos su voluntad de ser alcaldable y se reivindica como el mejor conectado con el ecosistema social de la ciudad: deporte, asociaciones vecinales, tejido asociativo y Gijón rural. Ese capital relacional es su gran activo.
Pero también su mayor freno. Para el sector crítico del partido —especialmente el entorno del ex secretario general Iván Fernández Ardura— Tuero no simboliza renovación, sino continuidad. Su papel como uno de los principales críticos de Ana González en la anterior corporación le ha granjeado una reputación ambivalente: moviliza apoyos, pero también genera desconfianza interna. En unas primarias garantiza ruido y participación; no está claro que garantice integración posterior.

Alberto Ferrao: el hombre libre
Alberto Ferrao es el perfil que despierta más simpatías silenciosas. Exconcejal de Cultura, su salida del gobierno municipal por no poder ejercer con la autonomía que consideraba imprescindible le definió como alguien poco apegado al cargo. Gestor solvente y director de centro educativo, sabe lo que es lidiar con conflicto, negociación y presión diaria.
Ferrao representa una renovación tranquila, basada en credibilidad personal y convicción ideológica. Su problema no es el qué, sino el si: si quiere volver, si está dispuesto a entrar en una dinámica orgánica que ya le empujó a salir y si el partido sabría sostener un liderazgo menos controlable desde el aparato. Más que un candidato declarado, es una posibilidad latente.

César González: un favorito tibio
A César González se le atribuye desde hace tiempo el papel de favorito del secretario general Monchu García. Compartieron oposición hace unos años y su perfil encaja en la lógica interna del partido: fiable, conocedor del Ayuntamiento y disciplinado.
El problema es externo. En un contexto en el que el PSOE necesita impacto, relato y magnetismo, González proyecta tibieza. Puede ser sólido en la gestión y correcto en el discurso, pero frente a una rival como Carmen Moriyón, el riesgo es evidente: la solvencia sin carisma rara vez gana elecciones, y menos aún en un escenario de desgaste general de la izquierda.

Carmen Moreno: la ‘outsider’ sin hipotecas
Por su independencia, Carmen Moreno es el perfil más incómodo para el aparato local, mientras que es sabido que Adrián Barbón la ve con buenos ojos. Exgerente durante décadas de la Unión de Comerciantes, parte de la militancia veterana no olvida su pasado en el CDS gijonés, aunque ella reivindica 25 años de afiliación socialista y colaboración constante sin pedir nada a cambio.
Aceptó ir en la lista del PSOE en 2011 en un puesto condenado a no salir y, tras la derrota, volvió a trabajar sin reclamar cargos ni compensaciones. Hoy, jubilada y económicamente independiente, habla sin ataduras. Su discurso pone el dedo en la llaga: cuando un partido deja de creer que puede ganar, se obsesiona con conservar poder interno. Su reto no es el electorado, sino convencer al PSOE de que la independencia también puede sumar. Incluso sus detractores reconocen que, en el cuerpo a cuerpo, Carmen Moreno sería la candidata más fuerte contra la forista Moriyón. Un discurso atractivo y moderno, capaz de sintetizarse en lo que dura una story de Instagram.

Carmen Eva Pérez: la candidata en construcción
Carmen Eva Pérez Ordieres es la portavoz municipal y, en la práctica, la figura más visible del PSOE en Gijón. Tiene tesón y cuando entra en un tema va hasta el final. Su trabajo de fiscalización conecta con sectores críticos del gobierno local y le permite marcar agenda en determinados momentos.
Pero se ha reconocido su falta de pegada. Su perfil es correcto, pero poco emocional. Denuncia bien, pero no ha construido aún un relato de liderazgo ni una épica reconocible. Eso no la invalida, pero la coloca ante una disyuntiva clara: o asume riesgo, eje y narrativa propia, o corre el peligro de quedar encasillada como buena portavoz… y nada más.
Más nombres, menos mimbres
La quiniela no se agota en estos cinco perfiles. En conversaciones internas, comidas discretas y mensajes cruzados aparecen otros nombres: concejales actuales, cuadros intermedios del partido, del Principado, o perfiles profesionales próximos al socialismo gijonés. Sin embargo, ninguno ha logrado todavía reunir los dos elementos imprescindibles para trascender el rumor.
Algunos carecen de estructura interna; otros, de visibilidad pública; y en no pocos casos, de voluntad real de dar el paso. En un PSOE local marcado por la prudencia y el desgaste, nadie quiere quemarse antes de tiempo, y menos aún en un escenario de encuestas poco estimulante para la izquierda. El resultado es un ecosistema de posibles que no terminan de cuajar, a la espera de que el contexto nacional, una decisión de Ferraz o un movimiento inesperado alteren el tablero.
Las primarias de 2026 no decidirán solo quién encabeza la lista del PSOE en Gijón. Decidirán si el partido quiere seguir gestionando la resistencia o volver a disputar la ciudad. En un contexto de encuestas adversas y desgaste general, la tentación de lo seguro es grande. Pero la política local rara vez se gana desde el repliegue. Argandona busca alcaldable. Y, en el fondo, lo que busca el PSOE es volver a creer que puede ganar. Porque sin esa convicción, ningún nombre será suficiente.