Los sucesos ocurrieron de madrugada en un establecimiento de la plaza de la Habana; la arrestada, que presuntamente estaba bajo los efectos del alcohol, llegó a atacar a los clientes que le recriminaron su comportamiento con el perro, de pocos meses

Una noche de excesos, demasiado alcohol en el cuerpo, un temperamento un tanto agitado… Y, para colmo, una mascota de por medio. Suena a cóctel explosivo, ¿verdad? Bien, pues esa misma combinación es la que, en la madrugada de este domingo, se vivió en el entorno de la plaza Ciudad de la Habana, en Gijón. Allí, agentes de la Policía Local detuvieron a una mujer que, presuntamente, habría maltratado a su perro -un cachorro de apenas ocho meses- en el interior de un establecimiento hostelero, se habría encarado con los clientes que le reprocharon su comportamiento y, de postre, habría llegado a agredir a los uniformados que se presentaron allí, negándose a identificarse. De postre, la arrestada se negó a ser trasladada a dependencias sanitarias en La Calzada, por lo que se optó por llevarla a la nueva comisaría; el can, por su parte, fue puesto a disposición del lacero municipal.
Según el relato proporcionado por el Ayuntamiento, tan pintoresco e incómodo suceso comenzó a las 2.10 horas. Fueron los propios clientes del negocio los que, alarmados por el trato que la mujer estaba teniendo con el perro, optaron por alertar a las autoridades y retenerla hasta la llegada de la patrulla. No obstante, para cuando los uniformados convergieron en el lugar era el animal el que se encontraba custodiado dentro del local, mientras la aludida se hallaba en la acera. Los testigos relataron que la ahora detenida, aparentemente ebria, mantuvo a su mascota suspendida en el aire por la correa, zarandeándola y profiriendo gritos contra ella. Ante las primeras críticas, la mujer empezó a propinar patadas y puñetazos al cachorro; fue entonces cuando algunos de los presentes optaron por quitárselo, a lo que ella reaccionó agresivamente.
Con la situación debocada, alguien tomó la decisión de alertar a las autoridades, y poco después acudía una patrulla policial, que pidió a la aludida identificarse. Sin embargo, ella se negó y empezó a insultar a los agentes; en algún punto acabó en el suelo y, al tratar de ayudarla a incorporarse, pasó a ofrecer resistencia, hasta el punto de empujar y golpear en el pecho a uno de los uniformados. Fue el último límite que cruzó. De inmediato la patrulla redujo a la susodicha y la puso bajo arresto, acusada de un delito de resistencia y desobediencia grave, y de otro de atentado contra agentes de la autoridad. Una tercera posible acusación, la de maltrato animal, continúa en suspenso, a la espera del resultado de la revisión veterinaria en curso.