La viceconsejera de Derechos Ciudadanos defiende los homenajes como una herramienta contra la deshumanización y el auge de nuevos movimientos ultras

Infiesto volvió este jueves a convertirse en un lugar de memoria. En una mañana cargada de simbolismo, el Principado de Asturias rindió homenaje a dos vecinos del concejo de Piloña deportados y asesinados en campos de concentración nazis, en un acto que sirvió también para reivindicar la memoria democrática como defensa frente al odio y la deshumanización. La viceconsejera de Derechos Ciudadanos, Beatriz González Prieto, participó en la colocación de dos stolpersteine —piedras de la memoria— en recuerdo de Luis Álvarez Requejo y Pedro Carreira Pedrosa, acompañada por la directora general de Memoria Democrática, Begoña Collado, el alcalde de Piloña, Iván Allende, y representantes de colectivos memorialistas.
Durante su intervención, González recordó la necesidad de mantener vivos estos actos como una “herramienta indispensable” para combatir la deshumanización que sufrieron las víctimas del fascismo, pero también como un “antídoto” frente al resurgir de movimientos ultras en la actualidad: “Estos homenajes nos ofrecen un momento de reflexión, especialmente ante los acontecimientos que estamos viendo a nivel mundial, sobre cómo los extremos llegan a deshumanizar a las personas y a expulsarlas de la vida social y pública”.
La viceconsejera advirtió de que aquel horror “no está tan lejano en el tiempo ni en el espacio” y alertó de situaciones actuales que, a su juicio, demuestran que los valores democráticos no están garantizados. Frente a ello, defendió la colocación de las piedras de la memoria como una forma de evitar que la historia se repita y de devolver nombre y dignidad a quienes fueron reducidos al anonimato.
Asturias cuenta ya con 130 stolpersteine instaladas en distintos concejos, a las que se sumarán otras 76 en los próximos meses, consolidando al Principado como uno de los territorios más activos en políticas de memoria democrática. Los homenajes de Infiesto pusieron rostro a dos historias truncadas por la barbarie nazi. Luis Álvarez Requejo, nacido en A Coruña en 1899 y criado en Infiesto, se exilió en Francia tras la Guerra Civil y fue deportado en 1944 al campo de Dachau, donde murió en febrero de 1946. Pedro Carreira Pedrosa, natural de Villamayor y nacido en 1918, siguió un camino similar tras la victoria franquista y fue asesinado en el campo de Mauthausen en 1944.
Tanto González como Collado destacaron la labor de la asociación Deportados Asturias, clave para reconstruir las biografías de quienes padecieron la represión nazi. Un trabajo que, según señalaron, convierte estas pequeñas piedras incrustadas en el suelo en “palanca para la verdad, la justicia y la reparación”.