La multinacional tratará de concentrar la producción en el ‘A’, más obsoleto, que debería desmantelarse este año y que, sin embargo, se mantendrá ‘vivo’ hasta que finalice la reparación; se tratará de «minimizar el impacto» de esta parada temporal

La realidad que envuelve al horno alto ‘B’ de ArcelorMittal, el más avanzado de los dos que la multinacional opera en Gijón, ha vuelto a quedar marcada por la derrota. Tal como la propia compañía notificaba ayer jueves, a través de un comunicado publicado en su web, el último intento de estabilizar y, con suerte, recuperar la productividad de dicho equipamiento no ha dado los resultados esperados. Un nuevo fracaso que ha llevado a los directivos a tomar una decisión drástica, pero necesaria: paralizar por completo los trabajos que se desarrollaban en él, e iniciar el proceso de parada en frío para, acto seguido, vaciarlo totalmente. Será la única manera de tratar de localizar el foco de la avería que mantiene a dicho horno sin actividad desde el pasado septiembre. Hasta entonces, Arcelor intentará «minimizar el impacto de esta medida», tanto sobre sus clientes como sobre la plantilla.
Si bien es difícil fijar plazos concretos, en la multinacional estiman en varios meses la consumación de tales labores, una coyuntura que forzará a derivar la producción, aún más, sobre el horno alto ‘A’, el único de su clase que permanece activo no solo en Asturias, sino en toda España. El problema es que ese horno, más antiguo que el ‘B’, acumula muchos más años de actividad, por lo que su capacidad y, por ende, su competitividad en el mercado siderúrgico son notablemente inferiores. Sirva como ejemplo que, hasta septiembre, la previsión de la compañía era desmantelarlo a lo largo de 2026, dejando solo el ahora averiado en funcionamiento hasta la posible llegada de los hornos eléctricos a la factoría. Sin embargo, ya a finales del año pasado se anunció que habría que dilatar la vida útil del ‘A’ hasta, al menos, 2028. Ahora, claro, es muy posible que tal aumento vuelva a quedarse corto, y deba ser revisado.
Afortunadamente, no todo son malas noticias. El anuncio, hecho hace dos días por Arcelor, de la próxima construcción de un horno alto eléctrico en su planta de Dunkerke, en el norte de Francia, devolvía la esperanza de un futuro próspero tanto a los trabajadores asturianos de la multinacional, como al Gobierno del Principado. Sobre todo después de que los directivos de la empresa adelantasen que ya estudian ejecutar inversiones similares en otros puntos de Europa, entre los que podría estar Asturias. En el caso francés, la mitad de los 1.300 millones que requerirá la actuación será costeada por el Ejecutivo galo, a través de Certificados de Ahorro Energético, un mecanismo regulatorio diseñado para promover el ahorro energético y la reducción de emisiones de CO₂. Queda por ver si, como refuerzo del nuevo marco regulatorio fijado por la Comisión Europea, el Gobierno español se apresta a tomar medidas de similar alcance.