La edila Maria Mitre trata de justificar el trabajo de la Oficina del Consumidor con datos que dejan al descubierto su inoperancia (la de la Oficina); el PP convoca a afiliados y sociedad civil a su convención local y ‘diferenciarse de Foro’ (Pumariega dixit) en una sala de la Feria con aforo máximo para 200 personas. El juego toca a su fin. Mejor coger la pala de pádel y eso, que corra la pelota. ¿Un reloj a 100 euros para controlar la salud? Una ganga

Veamos. En el año 2000, con balance cerrado y hace la friolera de 25 años, la Oficina de Información al Consumidor del Ayuntamiento de Gijón gestionó 10.297 consultas de diferente índole y condición. El citado número fue creciendo año tras año, algo que parece lógico teniendo en cuenta también la progresión en el padrón de habitantes, y, por citar otro dato de referencia, en el año 2009, casi una década después, cuando aún Foro Asturias no era ni siquiera un proyecto político, se alcanzaron en toda la anualidad las 18.636 consultas gestionadas. El nivel de funcionamiento de este imprescindible servicio municipal de atención a los derechos de los ciudadanos era más que relevante, y funcionaba la inspección en defensa y protección del interés general. En sólo ese último año citado, es decir, en 2009, se resolvieron, de una u otra manera, 1.527 expedientes sancionadores. Estos datos, como muchos otros ampliamente desglosados, figuran en los informes que la citada Oficina de Información remitía a la, por aquel entonces, Agencia de Sanidad Ambiental y Consumo, dependiente del gobierno del Principado de Asturias, y sobre ellos se basaba la subvención regional a este concreto servicio. Y dirán ustedes: ¿A cuento de qué desempolvar ahora datos de un pasado ya bastante perdido en el tiempo? La cosa tiene su guasa.
Por centrar el asunto, empezar por citar que la Oficina de Información al Ciudadano lleva, en la actualidad, exactamente catorce meses sin jefe de servicio. La anterior responsable dejó el puesto en diciembre de 2024. La vacante sigue abierta y, con ella, sus atribuciones que, por no entrar en muchos detalles, se resumen en incoar los expedientes que soliciten los vecinos, darles curso y, si fuera preciso, presidir una junta de arbitraje para poner de acuerdo a denunciante y denunciado. Todo lo citado, que es casi todo lo efectivo que puede hacer este servicio municipal, está paralizado desde hace 14 meses por falta de jefe. En todo ese tiempo no hubo interés o, quizás, dinero, para cubrir la plaza. Hace pocas fechas, miGijón expuso estos pormenores y la portavoz de Vox en el ayuntamiento Sara Álvarez Rouco se hizo eco de los mismos en una pregunta plenaria respondida, sorprendentemente, por la concejala de Hacienda, María Mitre, y no por el edil del PP Abel Junquera, que es quien tiene delegadas por la alcaldesa las competencias en esta materia.
La edil de Foro, con los deberes bien preparados, admitió la innegable falta de responsable del servicio, pero negó que la Oficina hubiera estado todo el año 2025 casi inoperativa por esa causa y, entre otros datos, señaló que durante ese ejercicio se habían realizado 3.343 consultas (2.092 presenciales) y resuelto 130 expedientes sancionadores. Seguro que es verdad, tan seguro como que, de forma indirecta y cifras oficiales en mano, la propia María Mitre venía a reconocer el evidente bloqueo del servicio en cuestión. ¿Por qué motivo? Vamos a los datos: la edil habló de 130 expedientes sancionadores en 2025, pero es que, por citar algunos ejemplos de referencia, en el año 2000 fueron ya 515; el 2001, 644; en 2005, 1.065; en 2006, 1.381; en 2007, 1.415; en 2009, 1.527; en 2010, 1.619, o en 2014, ya con Foro en el gobierno municipal, 1.148. Las cifras no resisten una comparación. No es que se hayan cursado menos, es que porcentualmente, en 2025 casi han desaparecido.
Pero acudiendo a las consultas, otro elemento fundamental, la edila forista las cuantificó en 3.343 en 2025. Veamos, en el año 2000 ya hubo más del triple (10.297), y no digamos en 2005 (16.886); 2006 (17.121) o 2008 (19.280). Insisto, todos estos datos son oficiales y aportados por el propio ayuntamiento. Vistos todos ellos (tanto de expedientes como de consultas) y su trayectoria mencionada, sólo caben dos conclusiones: que el ‘buenismo’ se ha impuesto en nuestra villa y que los ciudadanos ya no tienen causa ni motivo para hacer denuncia alguna, o que la citada oficina se quedó sin combustible. Los números los carga el diablo. Doña María leyó en el Pleno municipal los datos aportados desde el servicio, pero parece que nadie le advirtió de la trampa que suponía la comparación con los antecedentes. A todo esto, el PP, como máximo responsable del servicio, calentando banquillo. Por contra, la silla de la jefatura de servicio sigue fría y vacante desde hace más de un año.
Y hablando del Partido Popular, los ordenadores de la actual cúpula directiva emanada del congreso local celebrado en febrero del año pasado están sacando chispas. En menos de dos semanas tendrá lugar la esperada convención local (hace un año se prometió regional) en la que el presidente Andrés Ruiz sacará pecho y establecerá las bases del proyecto del partido en Gijón para la próxima década. Eso dijo y seguro que lo hará con su reconocida experiencia oratoria curtida en no pocas batallas parlamentarias en la Junta General. Las ponencias, a buen seguro, marcarán un nuevo rumbo, como dijo la portavoz municipal Ángela Pumariega en la última junta local del partido, “que nos diferencie de Foro” (sic). Nada dijo, tras esa arenga en voz alta ante tropas amigas, sobre si esa ‘diferenciación’ sería con o sin burka o con o sin rosario antroxero.
Será, eso seguro, un canto a la unidad, aunque lo cierto es que muchos dentro de la propia formación popular se preguntan en torno ‘a qué’ y, sobre todo, ‘a quién’ será ese cierre de filas. Se viven tiempos de indefinición política no sólo en Gijón, sino también en Asturias, incluso con nuevos partidos políticos en la nube, aunque huele más a chaparrón que a borrasca, pero el movimiento anómalo de un solo peón puede conducir al jaque mate general en presencia de los espigados alfiles. De ahí que parte de la tropa esté parapetada detrás de las indestructibles torres a la espera de un posible enroque salvador. Se huele poco espacio en la futura trinchera y hasta la reina sufre de mareos. El que más y el que menos se siente al pie de los caballos. Dios salve al rey. Sin corona, ‘game over’.
Será, en todo caso, una cumbre popular interesante aunque, para qué negarlo, no ha creado un entusiasmo desbocado en las filas del PP local. Con buen criterio y por todo ello, Andrés Ruiz y su equipo optaron por celebrar la reunión en el recinto de la Feria de Muestras, en el Palacio de Congresos, pero reservaron la sala anfiteatro, con capacidad máxima para 200 personas. Mejor un lugar pequeño y medio lleno, que no uno grande y semivacío. Cuestión de estética, y eso que la convención se anuncia como abierta a la sociedad gijonesa. El PP de Gijón tiene un millar de afiliados con cuota en vigor, aunque sus dirigentes (que fueron muchos) históricamente siempre presumieron de ser la formación política con más afiliación de la ciudad con cerca de 3.000 adeptos incondicionales. Si fuera verdad y acudieran todos a las urnas, sería casi medio concejal. Con un recinto para 200 personas, lógico es pensar que no cuentan los promotores con mucha presencia de la sociedad civil local o de su afiliación. En caso contrario, es obvio que no habría sillas para todos.
Y ya que de consumo y su oficina municipal hablamos, apuntar un par de detalles que podría ser interesante investigar, como hace la fiscalía, de oficio. De una parte, los números del Premier Padel celebrado el año pasado en el Palacio de los Deportes cuyas gradas estuvieron casi vacías durante varios días y hasta las finales, pese al conocido regalo de localidades. Se dijo que fue un éxito memorable. Lo sería. En este caso, como en el de tantos otros, véase la Semana Negra, las cuentas finales, pese a la cuantiosa subvención pública, no pasan por el rigor de la tesorería municipal, sean del color que sean sus respectivos padrinos políticos. Así, cualquiera. Fotos, sonrisas y que corra la pelota. Luego, como segundo detalle que sería interesante indagar, alerto sobre la llamada que miles de gijoneses, seguro, están recibiendo de una empresa madrileña para, con el gancho de estar adscrita al 112 (supongo que será verdad), venderles la famosa medalla de seguridad a los mayores de 65 años. El precio es de 25 euros al mes y la plantean telefónicamente como imprescindible a partir de esa franja de edad. Además, aseguran que son más económicos que la que oferta la Cruz Roja (¿?) y hasta te tratan de vender un reloj por el módico precio de 100 euros que te garantiza estar bajo control en todo momento y lugar. Vamos, una ganga. ¿Esto no se llama publicidad comercial? El consumidor siempre tiene las espaldas abiertas y en Gijón su oficina de reclamaciones “en modo off”, o casi.