Mientras prosigue la investigación de los últimos asaltos a chalets, el cuerpo ha puesto a volar sus drones, auténticos ‘ojos’ en el cielo para los agentes que patrullan por tierra; sus mandos prometen restablecer «plenamente» la sensación de seguridad

Una pregunta que, miles de veces, se han hecho -y se siguen haciendo- militares y policías a lo largo y ancho del mundo: ¿cómo localizar a un enemigo esquivo, que se vale del terreno y de múltiples tretas para ocultarse, y al que es difícil identificar a ras de suelo? La respuesta es obvia: desde el aire. Un principio táctico elemental que, ahora, la Policía Nacional ha puesto en práctica en Somió. Con la parroquia en vilo ante la escalada de robos en chalets registrada -las cifras oscilan entre dos o tres viviendas en las últimas semanas, según a quien se consulte-, la Policía Nacional ha reforzado el dispositivo de vigilancia que mantiene en la zona rural, y ha optado por poner a volar sus drones, verdaderos ‘ojos’ aéreos capaces de identificar desde el cielo todo aquello que los profesionales que patrullan en tierra no logran ver. Además, también la presencia de estos últimos se ha multiplicado, tanto ataviados de uniforme como vestidos de paisano. Todo ello se mantendrá, prometen sus mandos, hasta que los responsables de tales ataques sean identificados y detenidos, y hasta que se restablezca «plenamente» la sensación de seguridad entre unos vecinos cada vez más inquietos.
No hace falta ser Napoleón, Rommel o Montgomery para comprender las virtudes de disponer de esa superioridad aérea, ya sea en forma de dron o de aeronave tripulada. De entrada, cualquiera de tales vehículos permite reconocer amplias superficies de terreno con una precisión mayor, y en un tiempo menor, que las unidades terrestres. Basta un movimiento sospechoso, una presencia fuera de lo normal o cualquier otro detalle para que la información recogida desde el aire se remita a las patrullas, con tiempo de reacción suficiente para converger en la ‘zona cero’ en cuestión. Todo ello, a mayores, con una discreción nada desdeñable, sin levantar sospechas entre los posibles maleantes, Pero es que, además, tanto los drones como los agentes ejercen una segunda función: la disuasoria. En cualquier caso, y puesto que la colaboración ciudadana siempre es crucial en esta clase de despliegues, la Policía Nacional anima a los lugareños a que llamen al 091 ante cualquier movimiento sospechoso, comunicándolo con al mayor premura posible.