El equipamiento, vetado al consumo por la presencia de tetracloroetileno y tricloroetileno en el agua, luce diversos grafitis tanto en la plaza central y en las rocas del perímetro, como en el ara romana a la Fortuna que allí se halló y se exhibe

Hay ciertas cosas que, aunque flagrantemente criticables, es poco probable que algún día lleguen a erradicarse. Y el vandalismo gratuito, porque sí, sin más motivación que la de molestar o dañar, parece ser una de ellas. Que se lo pregunten, si no, a los vecinos del poblado de Santa Bárbara. Es mismo fin de semana, concretamente el sábado, la histórica fuente del Mortero, uno de los grandes motivos de orgullo para el barrio gijonés, amanecía cubierta de pintadas aleatorias, ejecutadas tanto en la plaza central y en el cierre perimetral de piedra natural, como en el ara romana dedicada a la diosa Fortuna, hallada allí mismo y exhibida junto al caño. En la zona son conscientes de que será difícil identificar a los autores, dada la ausencia de tag -firma- y la escasa presencia humana; no obstante, aprovechan para reclamar un mayor control por parte de las autoridades locales.
Una cabeza de alienígena, figuras geométricas sin aparente sentido o simples borrones sobre el ara son algunas de las ‘obras’ localizadas en el Mortero, y que han llenado de indignación a los lugareños. Sobre todo porque, recuerdan en la Asociación Vecinal ‘Santa Bárbara’, actos así «no son habituales; sí que es frecuente que la fuente aparezca llena de basura, especialmente los bancos que hay delante de ella, pero lo de las pintadas es nuevo«. Lo que sí destacan es lo vulnerable del espacio, ubicado a relativa distancia de las viviendas más próximas y que, por la configuración de su entorno, resulta discreto e idóneo para prácticas como la del ‘botellón’. Nada extraño si se tiene en cuenta que, desde que la Empresa Municipal de Aguas (EMA) vetó el consumo del agua que mana del caño -a consecuencia de la presencia de valores inadmisibles de tetracloroetileno y tricloroetileno, procedentes de las filtraciones al subsuelo desde la clausurada nave de Vauste-, la afluencia de vecinos se ha reducido considerablemente.