Durante los últimos tres años ese seguimiento se prolongaba por espacio de doce horas, pero ahora se ha extendido hasta alcanzar las veinticuatro horas, un día entero; el efecto inmediato será una mejora evidente en la calidad asistencial

Salto de gigante en el ámbito sanitario gijonés. El Servicio de Neurofisiología del Hospital Universitario de Cabueñes ha incorporado la monitorización de la actividad electroencefalográfica de larga duración para pacientes epilépticos o con episodios paroxísticos complejos, aquellos que se asemejan a una crisis epiléptica pero no entran en esta categoría. El centro gijonés comenzó a realizar estos estudios hace tres años con un seguimiento de doce horas y, tras la experiencia adquirida en el procedimiento, ahora amplía la duración hasta las veinticuatro horas, lo que facilitará un diagnóstico más preciso de los pacientes, según ha informado el Principado en una nota de prensa.
El registro prolongado «facilitará el estudio de pacientes epilépticos de difícil manejo, permitirá descartar o confirmar casos dudosos y prescribir tratamientos más específicos en cada caso». En ese sentido, conviene matizar que medio centenar de pacientes se somete cada año a este procedimiento, a razón de uno por semana. La monitorización se realiza en el área de Neurología mediante la colocación de electrodos en el cuero cabelludo del paciente, que pasa la noche en el hospital, y la grabación en vídeo. A continuación, se analizan los resultados obtenidos, un proceso que lleva tiempo por la larga duración del registro, que detalla la actividad cerebral durante las veinticuatro horas.
Entre otros factores, se documentará el patrón circadiano del paciente, la influencia de los fármacos y los episodios epileptiformes que pueden desarrollarse durante el sueño. Los resultados ofrecerán un diagnóstico diferencial para las crisis epilépticas y no epilépticas, determinarán el tipo de cada una de ellas y evaluarán posibles factores desencadenantes. El jefe de Servicio Neurofisiología, Pablo Calvo, ha valorado el «salto» en la calidad asistencial que supone duplicar el número de horas de monitorización de los pacientes.