Cardiología y Nefrología pasarán consulta conjunta para anticiparse a complicaciones y ajustar tratamientos

La sanidad pública asturiana dará un paso más en la atención a los pacientes crónicos complejos con la implantación progresiva de Unidades Cardiorrenales (UCR) en los tres hospitales universitarios del Principado: el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), el Hospital Universitario de Cabueñes y el Hospital Universitario San Agustín. El modelo, impulsado por el Servicio de Salud del Principado (Sespa), busca mejorar la atención integral, anticiparse a complicaciones y reducir ingresos hospitalarios.
Estas unidades responden al crecimiento sostenido del denominado síndrome cardiorrenal, una patología en la que corazón y riñón se deterioran mutuamente. Se trata de uno de los perfiles clínicos más complejos de la medicina hospitalaria actual: entre el 30% y el 50% de los pacientes ingresados por insuficiencia cardiaca presentan daño renal, mientras que hasta el 80% de quienes sufren enfermedad renal crónica avanzada desarrollan patología cardiovascular. Esta combinación dispara el riesgo de hospitalización, complicaciones graves y mortalidad.
Aunque las UCR todavía están poco extendidas en el Sistema Nacional de Salud y suelen concentrarse en hospitales de gran complejidad, Asturias apuesta por implantar este modelo de forma ordenada en sus tres centros universitarios. La medida refuerza la estrategia autonómica frente a la cronicidad avanzada y consolida estructuras asistenciales innovadoras orientadas a mejorar resultados clínicos y calidad de vida.
El núcleo del proyecto es la consulta conjunta entre Cardiología y Nefrología. Los pacientes serán evaluados por ambos especialistas el mismo día y en el mismo espacio, evitando duplicidad de citas y decisiones terapéuticas fragmentadas. Este enfoque multidisciplinar permitirá diseñar tratamientos coordinados, ajustar medicación con mayor precisión y detectar precozmente signos de descompensación.
Durante la consulta, los profesionales realizarán una valoración integral que podrá incluir analítica, electrocardiograma, ecografía clínica y estudios de bioimpedancia. Esta última es una técnica no invasiva que permite medir el estado de congestión, el exceso de líquidos y la composición corporal del paciente. Con esta información se podrá definir el riesgo cardiorrenal y optimizar el tratamiento farmacológico en función de la situación real de cada persona.
El modelo no se limita a la consulta externa. También contempla circuitos específicos para pacientes hospitalizados, interconsultas rápidas dentro del hospital y un seguimiento estrecho tras el alta. Este periodo posterior al ingreso, conocido como “periodo vulnerable”, es especialmente crítico, ya que concentra una parte importante de los reingresos evitables.
Además, cuando los tratamientos convencionales pierdan eficacia, las unidades valorarán terapias avanzadas como la diálisis peritoneal con objetivo de descongestión. Esta técnica permite controlar de forma sostenida la sobrecarga de líquidos, mejorar la estabilidad clínica y, en muchos casos, evitar nuevos ingresos hospitalarios.
El objetivo global del sistema es reducir descompensaciones, evitar reingresos y frenar el deterioro funcional de los pacientes. La coordinación entre especialidades facilita anticiparse a complicaciones, ajustar precozmente los tratamientos y apostar por el manejo ambulatorio siempre que sea posible, lo que también contribuye a preservar la autonomía personal.
Con la implantación de las Unidades Cardiorrenales, Asturias se sitúa entre las comunidades que apuestan por modelos asistenciales integrados para hacer frente al aumento de la cronicidad compleja. Una estrategia que no solo busca mejorar indicadores sanitarios, sino también transformar la forma en que se atiende a los pacientes con patologías múltiples y de alto riesgo.