
La Asociación de Vecinos San Félix de Porceyo inicia una nueva etapa tras las elecciones celebradas este 1 de marzo, en las que Ana Migoya se ha impuesto en las urnas y se convierte en la nueva presidenta de la entidad vecinal. El resultado supone además el final de una larga etapa al frente de la asociación, ya que Marta Martínez ocupaba el cargo de presidenta desde el año 2011.
Según el recuento oficial trasladado a los socios tras el cierre de la votación, Migoya obtuvo 78 votos frente a los 68 logrados por Martínez, en unos comicios muy ajustados que reflejan la división existente entre distintas sensibilidades dentro del movimiento vecinal de la parroquia gijonesa.
La jornada electoral se desarrolló con normalidad y culmina un proceso especialmente seguido por los vecinos después de meses de debate interno y tensiones surgidas en torno a la gestión de la asociación y su funcionamiento.
Fin de una etapa iniciada en 2011
La derrota electoral de Marta Martínez pone fin a catorce años de presidencia al frente de la Asociación de Vecinos San Félix, un periodo durante el cual la entidad mantuvo una intensa actividad reivindicativa y de interlocución con las administraciones públicas para abordar distintas mejoras en la parroquia.
Martínez continúa vinculada al tejido asociativo del entorno rural gijonés, donde actualmente desempeña el cargo de tesorera en la asociación de la zona rural Les Caseríes, lo que mantiene abierta su participación en la vida vecinal más allá del resultado electoral conocido este domingo.
No obstante, queda por ver qué consecuencias tendrá su salida de la presidencia en el equilibrio interno de la asociación, especialmente tras un proceso electoral que ha evidenciado posiciones enfrentadas entre sectores partidarios de la continuidad y quienes apostaban por un relevo en la dirección.
Una victoria ajustada en un contexto de tensión
Las elecciones llegaban precedidas por la asamblea celebrada el pasado mes de enero, en la que quedaron patentes las discrepancias entre vecinos sobre la gestión, la comunicación interna y diversas cuestiones relacionadas con el día a día de Porceyo. Aquel encuentro marcó el inicio de un proceso electoral interpretado por muchos socios como una oportunidad para redefinir el rumbo de la entidad.
La candidatura de Ana Migoya, socia con amplia vinculación a la asociación, generó expectación desde su presentación al plantearse como una apuesta por reforzar la participación y abrir una nueva etapa organizativa. Su victoria supone ahora un cambio en el liderazgo vecinal tras más de una década sin alternancia en la presidencia.
El reducido margen de diez votos confirma, sin embargo, la coexistencia de distintas visiones dentro del colectivo, lo que obligará previsiblemente a la nueva directiva a buscar consensos para garantizar la estabilidad interna.
Los retos de la nueva presidencia
Migoya asume la presidencia en un momento clave para la asociación, que deberá afrontar tanto la recomposición de la convivencia interna como la continuidad de las reivindicaciones vecinales pendientes, entre ellas las mejoras en transporte público, accesos y movilidad en la parroquia.
El resultado electoral abre así un nuevo ciclo para la Asociación de Vecinos San Félix de Porceyo. Tras meses de debate y una votación muy disputada, el foco se sitúa ahora en cómo se articulará la transición y en si el relevo permitirá cerrar definitivamente una etapa marcada por la confrontación para avanzar hacia un modelo más integrador dentro del movimiento vecinal.
Crearon un mes antes de las elecciones un grupo con premeditación y alevosía y sin dar la cara para preparar una futura candidatura aprovechando los datos de usuarios del chat de la Asociación. Se atacó a la anterior directiva con el método Gila de aquí hay alguien que ha matado a alguien, con insinuaciones de que eran unos ladrones y poniendo de ejemplo a uno de otro sitio que robó un millón de pesetas para una cuadra». Se llamó «banda de impresentables» y «sinvergüenzas» a la directiva y a quien disintió se le dijo que su mensaje «no vale ni pa limpiar el culo» y que «me importas un carajo». Se acusó de forma sibilina y sin pruebas a un usuario de «topo» y de ser un infiltrado o espía de la directiva. Se pusieron muy dignos con el «cuidadin con el insulto» para, a continuación insultar sin medida. Ofendieron a quienes no estaban de acuerdo con ellos llamándolos «lameculos». Publicaron un acta de la Asociación en un grupo que no era de la Asociación. Retorcieron lo que se dice en los estatutos y desprestigiaron y ofendieron a la Mesa Electoral. Dividieron a un pueblo y destrozaron una convivencia que, hasta entonces, había sido ejemplar. Tras ganar por diez votos, se criticó y ofendió dentro del grupo a quienes no les habían votado a ellos y se los llama «esos k son los del miedo» y «Aya ellos ahora toca trabajar por Porceyo». Y todo por una diferencia de diez míseros votos, que, después de su campaña en su cámara del eco, hacen ver que el relato del «bien contra el mal» ha fracasado y que se ha creado una comunidad genuinamente dividida casi a partes iguales, lo cual es incompatible con el relato de corrupción y abuso flagrante que dominaba el tono del chat.
Y rematan diciendo «ahora toca trabajar por Porceyo con mucha unión y comunicación entre vecinos que es lo importante». ¡Manda huevos!, que dijo aquel.
¡Enhorabuena!