Más de 15.000 personas se suman a una multitudinaria manifestación que llegó a colapsar los accesos a la localidad, y en la que no faltaron las referencias a los distintos conflictos bélicos en curso
Hay lugar para la rabia en el seno del movimiento feminista español. Desde luego que la hay. Al fin y al cabo, en los escasos dos meses y diez días de este 2026 ya son diez las mujeres asesinadas. Es la consecuencia más trágica de una discriminación ecléctica, englobada dentro de ese amplísimo concepto que es el de ‘machismo’, todavía muy real, que indigna tanto como aterra, pero que día a día, injusticia tras injusticia, una víctima tras otra, motiva a seguir combatiendo hasta lograr su completa erradicación. Por eso ayer, 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer, cientos de miles de personas se lanzaron a las calles de toda España, decididas a sacar músculo y a demostrar su unidad frente a ese mal condenado a perder la batalla. También en Asturias, por supuesto. Con Villaviciosa como epicentro de la manifestación, y bajo el lema ‘Ni la tierra, ni las mujeres somos territorio de conquista’, una nutrida ‘marea morada’ -estimada en entre 15.000 y 18.000 asistentes, según las distintas fuentes consultadas por este diario-, procedente de todos los rincones del Principado, recorrió las calles de la localidad, alzando la voz contra todas las formas de discriminación, violencia y opresión que el sexo femenino continúa sufriendo. Y no solo en ‘casa’, recordaron; también fuera de las fronteras de la nación.
Hubo proclamas, hubo consignas, hubo música y bailes… Y sol. Mucho sol. Una luz poderosa, la del astro rey, que motivó la afluencia masiva de participantes, hasta el punto de que, a primera hora de la tarde, se registraron retenciones kilométricas en los alrededores de la villa. Porque puede que la hora oficial de inicio de la marcha fuese las 12.30, pero ya mucho antes colectivos, representantes institucionales y ciudadanos particulares comenzaron a confluir en el lugar, con pancartas y carteles bajo el brazo, enarbolando panderetas y otros instrumentos, y en un clima general a medio camino entre la folixa y la lucha reivindicativa. Por fin, con quince minutos de retraso, la comitiva inició la marcha desde la calle Ramón Ribero Solar, punto designado como comienzo, y en apenas hora y cuarto cubrió el trazado circular previsto, finalizando en el mismo lugar. Con una extensión de más de un kilómetro, la ‘marea’ llegaba de nuevo a Ramón Ribero Solar cuando sus últimos integrantes todavía no habían tenido oportunidad de empezar a caminar. Sin embargo, fue un detalle menor; aunque todavía lejos de esa línea de meta metafórica, ni siquiera los últimos perdieron detalle de las demandas que, en esencia, conforman el grito histórico del movimiento, aderezado, en esta ocasión, por el muy oportuno «No a la guerra».

Jóvenes, adultas, pensionistas, artistas, empleadas domésticas, universitarias… Y muchos hombres comprometidos con la causa, por supuesto, incluido el presidente del Principado, Adrián Barbón. Incluso la polémica y aplaudidísima ‘Santina de Queervadonga’, rescatada para esta edición por la Asamblea Moza d’Asturies (AMA). Todos ellos prestaron atención al manifiesto elaborado para la ocasión, y elaborado por la plataforma Asturies Feminista. Un texto cuya médula espinal, repetida varias veces, fue la convicción de que «no vamos a dar ni un paso atrás», toda vez que «la misma lógica capitalista y colonial que explota la tierra, que la vacía, que la mercantiliza y la expolia, es la que explota nuestros cuerpos, nuestro trabajo y nuestras vidas». Una realidad que las mujeres asturianas, como las del resto de España, «no vamos a permitir; nuestras vidas no se venden, y hoy estamos aquí las que resistimos, las que luchamos, las que sostenemos la vida, las que defendemos la tierra, la memoria y la lengua«. No obstante, frente a ellas se sigue alzando ese ‘monstruo’ que, como la hidra de la mitología griega, está coronada por las cabezas de «la violencia física, la sexual, la psicológica, la económica, la laboral, la institucional, la digital y la mediática». Y son cabezas agresivas… «Nos siguen matando todos los día», advirtieron las lectoral del manifiesto, sin dejar de insistir en la necesidad de «denunciar» casa caso, cada sospecha, cada indicio de tales conductas, antes de que sea demasiado.
Pero ni siquiera una jornada como la de ayer podía disociarse de la cruda realidad que atenaza al mundo. Por eso, las distintas contiendas bélicas en curso, entre cuyas sus consecuencias históricas suele estar la multiplicación de la presión sobre las mujeres, estuvo muy presente. «Condenamos todas las guerras, porque en cada conflicto las mujeres y las niñas sufren de manera especialmente cruel», advirtió el texto, haciendo un guiño de denuncia a crímenes como «el genocidio del pueblo palestino, o la barbarie cometida contra las mujeres de Rojava», y exigiendo «el fin de los ataques contra nuestras hermanas afganas, pakistaníes e iraníes». En fin, pueden parecer demasiados frentes que cubrir pero, tal como quedó demostrado ayer, en Villaviciosa, hay razones, hay recursos, hay base humana y, sobre todo, hay determinación. «Hoy afirmamos con claridad: somos memoria. Somos dignidad. Somos resistencia. Somos fuerza», exclamaron al término de la intervención No en vano, remataron, tomando como referencia el propio eslogan de este 8M, «ni la tierra, ni las mujeres, somos territorio de conquista. ¡Aquí estamos! ¡Aquí seguimos! ¡Imparables! ¡Inconquistables!».




















