
«Lo único cierto hasta ahora es que en Gijón seguiremos sin estación y sin parque»

La semana pasada me lanzaba a El Molinón para salir de la zozobra internacional y esta semana, en la que la zozobra internacional continúa como la anterior, e incluso peor, me lanzo de cabeza al ‘Solarón’. Es posible que si la semana que viene el ‘señor’ (por ser educado) Trump nos sigue deleitando con cualquier barbaridad o salvajismo, sólo me quede escribir de las nubes para poder evadirnos al menos durante unos minutos, vosotros mientras leéis y yo mientras escribo, de la situación de continua tensión y enfrentamiento en el que se mueven las relaciones internacionales. Y desde este buenismo en el que me instalo firmemente, al menos hasta la semana que viene, quería pararme en el enésimo desatino que tiene que ver con el ‘Solarón’ o los Jardines del Tren de la Libertad, como prefiráis denominarlo, esa enorme superficie que nos ha quedado en el medio de la ciudad, a cuenta de cargarnos la estación central con mas 160 años de historia que teníamos en Gijón. Brillante decisión la tomada en su día por algunos de los que aún ahora siguen abrazados a los cargos públicos. Pero sigamos.
No tengo palabras suficientes en este, ni en 100 artículos, para explicar de manera conveniente el cómo y el por qué en 2026 estamos como estamos, pero de manera muy breve sería algo así: Llevamos 175 años intentando decidir dónde poner la estación central de trenes de Gijón y aun ni hemos sido capaces, ni parece que la cosa se vaya a resolver pronto. Triste destino para una ciudad que ha tenido hasta cuatro estaciones y ninguna perdura. Vengo con este tema por el asunto de los árboles. La concejalía de Medio Ambiente del Ayuntamiento había planteado una jornada familiar para este próximo domingo en la que se plantarían árboles en el entorno del ‘Solarón’. Una actividad acertada, a mi entender, como otras que han salido del área de Medio Ambiente en los últimos meses, por qué no decirlo, pero que sin duda —y sin pretenderlo— ha vuelto a dejar claro el absoluto desconocimiento que se tiene, hasta desde las propias instituciones municipales, sobre ese suelo.
Lo digo porque, al parecer, ADIF ha puesto sobre la mesa que ese espacio no es propiedad municipal, y que para cualquier actuación sobre él debe intermediar la Sociedad Gijón al Norte, sociedad creada entre las tres instituciones públicas que están metidas en el ajo de esta gestión ferroviaria desde 2002 (Ayuntamiento de Gijón, Principado de Asturias y ADIF). Ya sé que salen los chistes solos, y que manda narices que no se planten árboles en un suelo que bien podría ser un parque, aunque también manda narices que en el Ayuntamiento no se sea consciente de cómo funciona ese suelo. Y si me apuráis, manda narices también la cantidad de debates y declaraciones que ha habido en los últimos años sobre qué hacer con ese terreno. Y más narices manda aún que el instrumento que rige lo que hacer sobre dicho terreno siga siendo, invariablemente, uno aprobado en 2008 que, para más inri, además con el último convenio (una serie de papelotes técnicos que establecen dónde va la estación de tren para sustituir a la actual, que es ‘provisional’) se sabe que hay que modificarlo. Modificación que en siete años a nadie se le ha ocurrido plantear.
Perdonadme, me he puesto urbanísticamente intenso, lo que quería decir es que en 15 años ningún Gobierno nacional ha puesto un euro para hacer la estación, y que los sucesivos gobiernos municipales no han sido capaces a su vez de plantear nada nuevo para ese suelo, ni convencer al Estado para que ponga dinero, mucho además, porque con la inconmensurable idea de hacer el túnel del metrotrén, ahora la solución no es ‘solo’ poner una estación, sino darle salida también a una inversión enterrada de 140 millones. Y para todo eso hace falta pasta, mucha pasta, como 800 millones de euros. Y no, no parece que Gijón sea una prioridad, ni tampoco que a quienes les toca gestionar desde aquí este embrollo hayan logrado movilizar a la gente para poner patas arriba Gijón y clamar por poder disfrutar de una estación de trenes acorde a la ciudad. Lo único cierto hasta ahora es que la semana que viene el ‘señor’ Trump seguirá cometiendo barbaridades y que en Gijón seguiremos sin estación y sin parque.