¿Alguien se cree que Adif denunció la plantación del Solarón ‘motu proprio’? El obligado silencio ahoga al PP de Gijón ante el atosigamiento que sufre en el ayuntamiento en pro de un pacto con Foro siempre desmentido, pero el taparrabos se resquebraja y amenaza con dejar a sus muñidores en paños menores. Mientras, Natalia González dimite sin dar cuenta de los 500.000 euros ‘esfumados’ del programa Mi Barrio

Si algo va mal, no te fíes ni te despistes, porque siempre puede ir mucho peor. En esa máxima navega, sobre todo en los últimos tiempos, el PP de Gijón. La cosa ya ‘pinta en bastos’ cuando los ‘primeros oficiales’ del partido se levantan en armas contra un pacto político negociado en los despachos de Oviedo por el ‘general en jefe’, con ausencia total de luz y taquígrafos, y que los disidentes (cada vez más legión) consideran poco menos que una traición a sus propias siglas. Quienes se juegan el tipo en el campo de batalla piden explicaciones del presunto armisticio, lo hicieron en la última junta local, pero nadie se da por enterado. Oficialmente nada hay de un pacto electoral Foro-PP con vistas a las elecciones del próximo año. En los bares, cafeterías y restaurantes, viandas mediante, quienes en público lo niegan, lo dan, eso sí, como seguro. Mejor evitar la onda expansiva de esta bomba de racimo política que amenaza con dejar un importante reguero de víctimas colaterales.
Y es que mientras Carmen Moriyón deshoja la margarita y decide si le da, o no, el ‘sí quiero’ a Álvaro Queipo, a la sazón presidente del PP regional, el joven y fogoso político popular tiene amordazado a su propio partido en Gijón. La orden interna es tajante: nada de incomodar a la alcaldesa y su equipo de Foro, sobre todo a los integrantes de su guardia pretoriana, aunque los niveles de humillación política de su socio sobrepasen todo lo admisible. Lo visualizó el propio presidente local del partido Andrés Ruiz en la citada última junta local en la que, de forma explícita y para becarios de segundo de primaria política, dejó claro que quienes expresaran un parecer fuera, digamos, del ‘pensamiento único’, su destino sería la laminación sin la menor de las contemplaciones. Cierto es que si su pretensión, la del diputado regional, eras amedrentar a los descontentos, todo hace indicar que lo que hizo fue aumentar su furia.
Lo cierto es que llueve sobre mojado. En el PP, sobre todo en el grupo municipal, son conscientes desde hace muchos meses, que desde la Alcaldía se tiene trazado un plan para invisibilizar su trabajo en el ayuntamiento, con el objetivo de restarle importancia y que la ciudad, los gijoneses, no tengan la percepción de que los populares, si fuera el caso, están haciendo un buen trabajo, no vaya a ser que ‘se nos vengan arriba’ en las encuestas. El abogado con el que cuenta Foro para esta política de ocultación es el propio Álvaro Queipo, que tiene a los suyos bajo el yugo del silencio. Ya lo dijo su hombre en Gijón y lo dijo clarito y cargado de decibelios, emulado, creo recordar, a Alfonso Guerra, en aquello de que “el que se mueve, no sale en la foto”. Aviso a navegantes.
Es momento de recordar el ‘cambio de opinión’ de Ángela Pumariega sobre las obras en el Museo Nicanor Piñole (resulta que luego se demostró que tenía razón), o la desautorización de Guzmán Pendás en el asunto del traslado del Albergue Covadonga al Hogar de San José (entuerto aún por resolver) o el revolcón a Rodrigo Pintueles en el tema de Cáritas y los contenedores de ropa usada (ahora en vía de litigio judicial). Pero es que la Oficina de Información al Consumidor, curiosamente en manos del PP y de su concejal Abel Junquera, lleva más de un año en ‘stand by’ por falta de jefe de servicio, y esa misma concejalía aún no ha sido capaz de redactar unas bases para sacar a concurso el deseado Mercadillo de Navidad que el PP lleva tres años intentando sacar adelante en el paseo de Begoña y Los Campinos porque, vean ustedes, no tienen una persona capacitada en la concejalía para poder redactarlas. Resulta que quien debería de hacerlo está de baja y, claro, no hay prisa para cubrir esa plaza aunque sea de forma temporal. Todos estos ejemplos, y hay bastantes más, tienen un denominador común: dejar al PP con el mínimo taparrabos, cuando no tirar de la cinta y exponerlo en paños menores. En esta Cuaresma vive el grupo municipal del PP y, además, con obligado voto de silencio. No es de extrañar que las aguas de la marejada ya sobrepasen el Muro de la Escalerona.
Por sumar otro detalle, a Rodrigo Pintueles y su equipo de medio ambiente se les ocurre plantar unos árboles en el erial del Solarón y Adif se levanta en armas, el mismo Adif que no tiene ni geolocalizada la villa de Gijón en el mapa, y encima quería hacerlo el bueno de Pintueles un domingo para salir en las fotos como el adalid de la ecología local. Inadmisible. Había que abortar esa temeridad como fuera preciso. Los tanques salieron a la calle y ya no habrá arboleda para cabreo de don Rodrigo, por cierto, hombre fuerte del señor Queipo en Gijón. También tendrá que callar. La disciplina obliga y mucho cuidado con ‘salirse del tiesto’. De todas formas, vistos los antecedentes, ¿alguien se puede creer que Adif se rasgara la vestiduras ‘motu proprio’ por este asunto de los alcorques? Quizás sí, porque aún quedan mentes infantiles inocentes de toda maldad, pero quienes ya peinan canas, o ni las peinan, no tienen la menor duda de que esa cama se meció en otro despacho y con otros fines, los mismos que en los ejemplos varios citados en líneas anteriores.
Quizás la cosa pueda salir bien a quienes elucubran en las sombras, pero la ley mordaza cuando los agravios son tantos, tan evidentes y tan prolongados en el tiempo, no augura un resultado final muy feliz y, juicio mediante para dilucidar de la legalidad o no del congreso local de hace poco más de un año, ya empiezan a sonar campanas de junta gestora en el PP de Gijón, especialista por otra parte en organizar esperpénticos sucesos internos en vísperas electorales, claro que una gestora exigiría representatividad y aún se recuerda el resultado porcentual del último cónclave local. Sería digno de ver.
De todas formas, y cambiando de tercio (con perdón para los anti taurinos), las pautas de incredulidad política siempre son superables y el límite sólo lo marca el mero infinitivo. Veamos. Hace unos días presentó su dimisión como concejala del Ayuntamiento de Gijón la edil del PSOE Natalia González, veterana ya en estas lides. Fue despedida por sus colegas de corporación con todos los honores, algo muy español cuando el personal se echa a un lado y deja de estar en primera línea. No seré yo el que pretenda minusvalorar esas alabanzas, pero sí me parece oportuno recordar que esa baja como edila municipal tendría que haberse producido hace como seis años cuando doña Natalia comprometió su futuro político de forma pública y en un pleno municipal al éxito rotundo del programa Mi Barrio para apoyar las ventas al pequeño comercio local. Seguro que el concejal Pelayo Barcia, aún en activo, lo recordará con detalle. La concejala presidía la Fundación Municipal de Servicios Sociales y desde la misma defendió acabar con el sistema aplicado por Foro en el segundo mandato de Moriyón, que había funcionado de forma bastante correcta, para llevar, en cambio, el dinero municipal destinado a favorecer al pequeño comercio, de forma directa, a las cuentas bancarias de los beneficiarios.
¿Cuál fue el resultado? Medio millón de euros no revertieron en el comercio local y acabaron en la caja de los bancos para cubrir descubiertos e impagados de los agraciados. Dicho de otra forma, la mitad del presupuesto, que era de un millón, se fue a otros fines alejados de lo aprobado y legalmente previsto. Como suele suceder en la administración, incluso con las pruebas en la mano, todo el mundo, gobierno y oposición, miraron hacia otro lado, no hubo auditoría, al menos que se sepa, y los únicos encantados fueron los bancos que nunca hubieran pensado recuperar medio millón de euros de casi imposible cobro. Eso, no hubo auditoría, no se devolvió ni un euro de lo percibido de forma irregular (por no decir ilegal) y, por supuesto, tampoco fue adelante la comprometida dimisión de doña Natalia ante el evidente fiasco de gestión de dinero público. Es más, repitió en la siguiente lista de su partido en puestos de salida y ahí estuvo de concejala hasta la fecha. Qué cosas. Ahora se va con honores oficiales. Feliz singladura.