La periodista y escritora Aitana Castaño estará este viernes en Gijón con Las Madrinas, su nueva novela. La asturiana puede presumir de llenar espacios, de contar con una legión de fieles lectoras y de tener muy pocos pelos en la lengua
«El feminismo no va contra los hombres, va contra los privilegios. ¿Cuál es el problema? Que el que te quiten privilegios es una putada. Yo eso lo entiendo. A los hombres que se quejan del feminismo porque les quita privilegios, sí, claro, tenéis razón»

Son las doce de un jueves y a Aitana Castaño la pillo trabajando. O lo que es lo mismo, siendo Aitana Castaño. Y es que a esta mujer de la cuenca -eso lo primero-, pero además escritora y periodista, últimamente los días se le pasan entre las páginas del que podría ser su nuevo proyecto y las presentaciones de su último libro, Las Madrinas. A juzgar por su agenda no hay club de lectura asturiano que no quiera contar con la autora de una de las trilogías más populares de la tierrina, la del Carbón (Los Niños del Humo, Carboneras, Rastros de Ceniza). Tres volúmenes que cuentan casi con el cuchillo entre los dientes aquellos años de apuros, de hambre, de exilios, de putadas de la vida, vaya, pero también de colectividad, de unión, de clandestinidad y de esa red de mujeres que sostuvieron la cuenca – eso lo primero-, y Asturias.
De todas ellas bebe Gloria, la protagonista de su nueva novela, que debe abandonar esos paisajes de humo y a la que el destino le regalará una red de mujeres fuertes, combativas e incansables que la abrazarán de las mil y una maneras que, saben, necesita. No es literatura para mujeres (esa fantasmal etiqueta que en algún momento se inventó el mundo editorial), es una historia de mujeres que forman parte de esa Historia, la de la H mayúscula, construida a base de anónimos “que no pequeños” -recuerda la autora- personajes. Hablamos con Aitana Castaño de todo ese universo y de todas las cosas que “de no contarse desaparecerían”. Algo que no pasará mientras que a esta langreana le quede un folio en blanco al que teñir de aventuras.
¿De dónde sale Las Madrinas? Después de la trilogía minera, ¿por qué trasladar ahora la historia a los años sesenta y rescatar figuras como Luisa María Linares o Teodulfo Lagunero (y su mujer)?
Todo empezó porque quería contar la historia de una moza que sufre un abuso, queda embarazada y tiene que irse de casa. Por ahí empezó la idea. Está ambientada en aquellos años, en los 60, porque era una época en la que quedarte embarazada estando soltera era una desgracia y provocaba lo que le pasa a la protagonista: que la familia incluso te repudiaba. Yo soy de una zona donde vinieron muchas de esas mujeres embarazadas o con críos pequeños. Aquí había trabajo y muchos paisanos solteros con los que te podías casar, lo que significaba «poder salir adelante». La idea partía de esa época en la que la vergüenza estaba en el bando de las mujeres abusadas. Hay una frase que dice Gisèle Pelicot: “La vergüenza cambia de bando”. Pues en aquel momento la vergüenza, y hasta hace muy poco, estaba en el bando de las abusadas. Eran ellas las que tenían que esconderse, marchar y veían su vida destrozada muchas veces. Además, eso me permite hablar de la emigración asturiana, porque Asturias recibió gente, pero también mandó mucha fuera. Y también me permite hablar de la lucha antifranquista desde un lugar del que casi no se habla: el de las mujeres. Porque eran ellas las que cuidaban, escondían, informaban.
Y luego está Luisa María Linares, que es la otra pata de esta novela. Fue una escritora muy poco conocida hoy, pero en su época fue muy famosa. De hecho sus libros se tradujeron a muchos idiomas y muchos de ellos se llevaron al cine, pero se le considera literatura menor, y se hace porque está escrita por mujeres. Pasa también con Corín Tellado. Se etiquetan como “literatura para mujeres”, algo que no existe en sentido contrario, cuando además la mayor parte de las lectoras somos mujeres. Y eso te lo digo yo, que voy a los clubs de lectura y hay un paisano por cada trece mujeres. Y sí, Corín Tellado escribía historias de amor, pero vamos a ver, si lo pensamos, casi toda la literatura son historias de amor, empezando por libros como La Regenta.
En Las Madrinas, la protagonista se lleva uno de esos libros y eso le da fuerza. Ella dice: si la protagonista de este libro puede conseguir estas cosas, yo también puedo. Fueron ventanas de esperanza y de ilusión para mucha gente durante unas épocas en las que las mujeres no podían ni tener una cuenta corriente solas.
«A los hombres que se quejan del feminismo porque les quita privilegios, sí, claro, tenéis razón»
Hablando un poco del papel de la mujer, sobre todo en esa clandestinidad que trata el libro…¿cómo puede ser que estemos donde estamos todavía? ¿Cómo puede el papel de la mujer seguir tan relegado en los libros de Historia?
Hay que seguir luchando. A veces te encuentras con gente muy joven y te dicen eso de que el feminismo viene a ir contra los hombres. No, no. Lo que va es contra los privilegios. Entonces, ¿cuál es el problema? El problema es que te quiten privilegios es una putada. Yo eso lo entiendo. A los hombres que se quejan del feminismo porque les quita privilegios, sí, claro, tenéis razón.
Pero es que el mundo, para que sea igual, para que sea un poco más justo, la mitad de la población, que somos las mujeres, tenemos que tener los mismos privilegios que vosotros. Ni siquiera queremos quitar todos los privilegios, queremos que nos den los mismos. Conozco mujeres que cobran menos que compañeros haciendo el mismo trabajo. ¿Cómo puede ser esto? Se ve mucho en cargos intermedios, en jefes. Tú nombras a una jefa y le pagas menos que a un hombre. Y la mujer te lo coge, además. El hombre te lo negocia un poco.
Pero también creo que efectivamente esos privilegios de los hombres se están eliminando poco a poco. Y eso jode, eso tiene que joder. Pero es que es así para que el mundo sea más igualitario y más justo. La crianza de los hijos no puede recaer en la mujer. Y el que diga “no, es que en mi casa…” Bueno, pues tu casa no es el mundo. Yo tengo muchas mujeres a mi alrededor que tienen hijos y sé que ahora mismo, a día de hoy, 2026, la crianza de los guajes recae en ellas. Y con mis amigos discuto, y me dicen: “No, porque yo estoy…”. No, tú no estás, tú estás ahí ayudando y eso no es. Hay que cambiar todo el sistema. No puede ser que si vives en pareja te supedites a que una mujer te mande. No tienes 12 años.
«Hombres y mujeres que vinieron aquí a partirse los cuernos para que sus familias tuviéramos una vida mejor, tuviéramos la oportunidad de estudiar, la oportunidad de no tener que bajar a la mina a trabajar, porque, como decía mi güelu Antonio: el que trabaja en la mina ya es pobre como una rata. Si no eres pobre, no bajas a la mina a trabajar»
En tus libros reivindicas ese papel de la mujer desde distintas historias. Y me recuerda a lo que hacía Almudena Grandes al contar la historia, pero a través de personas anónimas. Son de esos libros que, sin querer contar la historia cuentan realmente lo que estaba pasando en las calles, en las casas. ¿Crees que los libros pueden llegar a donde no llegan la política o los discursos más directos?
Yo soy muy partidaria de contar las cosas con ejemplos, y las historias de los libros son ejemplos, y hasta con un poco de humor. Creo que hay muchas maneras de llegar a la gente mejores que desde el enfrentamiento, el insulto… Mi experiencia lo dice así, ya no solo por los libros. Soy una persona muy activa en las redes sociales y siempre intento contar algo que me preocupa a través de una historia que conozco. Y sé que hay gente que me lee que a lo mejor políticamente no son cercanos a mí, pero me escuchan y les hago reflexionar. Y a lo mejor les hago reflexionar a través de una sonrisa. Los libros hacen eso, te hacen reflexionar a través de ejemplos que son sencillos.
Mencionabas a Almudena Grandes, que es la gran maestra de esto. Ella te cuenta la historia de España a través de historias personales, de personas que fueron importantes -o que no-. Salvando todas las distancias del mundo, -ya quisiera yo llegar a la altura de los zapatos a Almudena-, al final lo que quiero contar es la historia de les cuenques a través de personas anónimas, pequeñas tampoco quiero decir, porque son las personas que hicieron de les cuenques lo que eran, o lo que son. Miles de hombres y mujeres que vinieron aquí a partirse los cuernos para que sus familias tuviéramos una vida mejor, tuviéramos la oportunidad de estudiar, la oportunidad de no tener que bajar a la mina a trabajar, porque, como decía mi güelu Antonio: el que trabaja en la mina ya es pobre como una rata. Si no eres pobre, no bajas a la mina a trabajar.
Así que sí, las historias llegan donde no llegan otros. Permiten llegar a donde los discursos políticos, a veces enfrentados o claramente polarizados, no llegan. Y eso que no creo que haya una polarización en España. Hay fascistas y antifascistas, y ya está. Es como… hay un discurso que intenta convencer ahora de la inseguridad que se vive en Langreo. Yo, que vivo en Langreo y que salgo todas las noches a pasear, pienso: hostia, ¿quién tiene interés en hablar todos los días de esta supuesta inseguridad? Porque si todos los días alguien te está diciendo que vives en un sitio inseguro, te lo acabas creyendo. Pasa con los móviles. No tienes que tener ni redes sociales. Si todos los días te llegan 27 enlaces de lo malos que son los migrantes, pues acabas dudando de ellos, a pesar de que llevas 15 años con unos vecinos senegaleses que no te dieron un puto problema en la vida.
Yo salía por Langreo cuando tenía 15 años y no era mejor que ahora, lo que pasa es que no nos enterábamos. Salía por La Pomar, había tiros, llegaba a mi casa y mi madre se enteraba el martes o el miércoles porque a lo mejor salía en el periódico. Pero es que ahora mismo pasa y antes de que yo llegue a mi casa a mi madre ya le llegó por siete sitios. Estamos hiperconectados y siempre lo digo: a mí me caía mejor la gente cuando no sabía lo que pensaba todo el rato.
Sin perder a las cuencas de vista, ¿cómo te reciben allí en Sama los vecinos? Ahora que ya eres un poco vecina ilustre, ¿cómo caen tus libros?
Muy bien, la verdad. Cuando escribo libros sobre les cuenques los escribo para ellos, y luego, si tengo la suerte de que gusta a la gente de fuera, mejor. Tanto de Los niños del humo como de Carboneras y Rastros de ceniza, lo que puedo decir es que me dieron muchísimo cariño de la gente de mi alrededor. Muchas veces me dicen: “Parece que estás escribiendo de mi vida” o “parece que sabes la historia de mi abuela”… pero es que al final todas las historias son parecidas. Recibo de la gente muchísimo cariño y es lo que más me presta, porque escribo pensando en mis vecinos. En este libro de Las Madrinas sale mi pueblo, aunque tuve que inventar un poco algunos espacios por necesidades del guion, pero cuando presenté el libro, que encima lo presenté allí, mis vecinos me decían: “Qué guapo, qué guapo”. Pues es que es lo más guapo que te puede pasar en esta vida.
«La historia que no se escribe desaparece. Si nosotros no contamos las historias de los paisanos y las paisanas que vivieron los años 50 y 60, ¿quién las va a contar»
Justo antes de esta entrevista, hablando con una amiga que además fue la que, hace ya muchos años, me empezó a hablar de tus libros, me decía que no pudo acabar Las Madrinas. Justo había fallecido su güela y tus libros la llevan a aquella cuenca que conoció de nena. «La última voz de aquella cuenca que vivimos», te llama.
Es que la movida es esa, porque al final cuando Alfonso (Zapico) y yo nos pusimos con esto era por eso, porque, joder, es que somos los últimos que lo vivimos. Y la historia que no se escribe desaparece. Si nosotros no contamos las historias de los paisanos y las paisanas que vivieron los años 50 y 60, ¿quién las va a contar? No las va a contar nadie, y dentro de 50 años, cuando muramos los que conocimos a esa gente, ya está, todo desaparecerá con nosotros.
La historia de España, de la España del siglo XX, será un libro. Asturias tendrá un capítulo y les cuenques, porque nos lo ganamos a pulso, tendremos dos párrafos: la revolución del 34 y las huelgas de los 60. Pero en esos párrafos no va a haber ningún nombre propio, no se van a contar las historias de los paisanos que quedaban mellaos, de las carboneras… Es nuestra obligación, por lo menos, que quede ahí, que quede constancia de que aquí hubo mucha gente que se partió los cuernos para sacar a sus familias adelante y que con ello se convirtieron en cabezas visibles del movimiento obrero y de la lucha.
Del pasado cambiamos hacia el futuro… sé que no paras con las presentaciones, la radio, pero…¿Hay espacio para futuros proyectos? ¿Nuevo libro? ¿Una adaptación a serie, ahora que están tan de moda?
Sí hay una posibilidad de que se lleve al teatro uno de los libros, y sí, yo ya estoy escribiendo. Al final siempre estoy escribiendo, pero es verdad que el otro día me surgió una historia. Llevaba dando vueltas desde hace unos meses a la posibilidad de escribir e ir como más adelante en el tiempo, contar una historia un poco más actual, de repente me vino la inspiración y entonces me puse, me puse y dije: hostia, pues mira, está saliendo aquí una cosa. Todavía no sé en qué quedará.
«¿Por qué no somos capaces de pagar 5 euros al mes para estar bien informados? Los periodistas que hacen esas noticias tienen la mala costumbre de comer»
Y de ese futuro hipotético volvemos al presente. Has estado 20 años trabajando aquí en Asturias como periodista. ¿Qué visión tienes del periodismo asturiano?
Los periodistas ahora tienen muchísimas más posibilidades de hacer las cosas bien. El problema es que hay muchos medios de comunicación que se empeñan en hacerlas mal. Se empeñan en no ser medios de comunicación, en ser medios de propaganda, y eso no es periodismo. Yo estoy en la TPA, formo parte de informativos, estoy ahora de excedencia, y trabajé durante 13 años todos los días en ellos. Puedo hablarte del rigor que hay en esa redacción, que es absoluto. Los periodistas no nos levantamos por la mañana queriendo cambiar el mundo a nuestro favor. Nos levantamos por la mañana queriendo contar al mundo lo que pasa.
Cuando empecé a estudiar la carrera había tres periódicos en Asturias. Ahora hay muchos: estáis miGijón, miOviedo… hay muchos sitios donde puedes ejercer tu labor profesional y hacerlo bien. El problema es que en esa telaraña también hay lugares y productos que se venden como medios de comunicación o como medios de periodismo y no lo son. Siempre digo a la gente: si un artículo, una crónica viene sin firmar, desconfía. Los sucesos hay que ir allí, hay que enterarse y hay que hablar con las fuentes, y después hay que llegar a la redacción, sentarte y escribirlo todo. Y si no lo haces y si no lo firmas, ¿qué tienes que ocultar? Lo que hay ahora es mucho ruido, pero en ese ruido hay que buscar a los medios de comunicación que nos aporten cosas y, sobre todo, fiabilidad. Yo entro en miGijón y sé quiénes sois, quién hay detrás. Pero de repente voy a, yo qué sé, Langreo Digital y no sé quién es, no llego a saber quién hay detrás.
Y después hay otra cosa que tenemos que tener en cuenta, sobre todo los lectores: la buena información hay que pagarla. Si hace 15 años nos hubieran dicho que íbamos a estar pagando 12 euros por ver series de televisión hubiéramos dicho “estáis locos”, y sin embargo, ahora pagamos Netflix, HBO… somos capaces de gastar 30 euros al mes en plataformas para tener música y series. ¿Por qué no somos capaces de pagar 5 euros al mes para estar bien informados? Porque los periodistas que hacen esas noticias tienen la mala costumbre de comer.
De entre las muchas entrevistas que has hecho estos meses, me sorprendió una tuya con Sergio Fanjul, en El País. La cerrabas diciendo algo así como que “la vida no es solo trabajar y pagar el alquiler”. Y menos mal. Pero, ¿de qué va la vida para Aitana Castaño?
La vida va sobre todo de disfrutar, porque son cuatro días esto, cuatro contados. A veces hago la cuenta atrás y digo: hostia, pues yo antes de ayer estaba en la facultad y ahora ya soy una señora mayor. A mí currar de lo mío me gusta; ya que hay que currar, disfrutar de ello. Y creo que se puede disfrutar de todos los trabajos, no de este en concreto. Mi hermana es ingeniera forestal y es feliz en un jardín. Tengo amigos que son fontaneros, familia ganadera y son felices en el monte cuando van a buscar las vacas o a recoger las ovejas.
La vida va de ser feliz en las diferentes estancias: en el curro, en la pareja, en los amigos… y de tener cosas que te hagan ilusión. Muchas veces cuando conozco a guajes que no saben qué estudiar les digo: estudiad algo que os guste, porque vais a tener que trabajar de ello. Que nadie te obligue a aguantar en un curro porque cobras dinero, que nadie te obligue a estar en una relación por inercia. La vida va de tener ilusiones, de levantarte por la mañana y decir: “Bueno, pues mira qué guapo está el día”.
«Conozco gente que lleva a los guajes a colegios privados para que hagan contactos. Pero vamos a ver, ¿no será más importante que un guaje de Sama tenga amigos en su barrio, de diferentes sitios, de diferentes estratos sociales?»
¿Crees que somos más individualistas que antes?
Creo que el mundo sí que nos lleva a ser más individualistas, pero tenemos que luchar contra ello. El ser humano no es individual. Necesita desfogar, necesita reírse, necesita compartir. Eso lo necesitamos desde que existimos, porque somos un animal social. Por mucho que el mundo te arrastre a ese individualismo nosotros tendemos a que no, porque además el individualismo es muy triste y no nos interesa.
Yo soy voluntaria y amiga de los de La Benéfica. Con una buena folixa, ¿qué me estás contando a mí del individualismo?. Nos llevan a que lo más importante es ganar dinero. Conozco gente que lleva a los guajes a colegios privados para que hagan contactos. Pero vamos a ver, ¿no será más importante que un guaje de Sama tenga amigos en su barrio, de diferentes sitios, de diferentes estratos sociales? Porque el mundo ya es eso. ¿Sabes qué pienso a veces? Que después de todo lo que pasó, fuimos bastante felices el día del apagón. Fallaba que no podías hablar con gente que no tienes físicamente al lado, y eso es un problema, pero ya no tenías que tener el móvil en la mano.
Así que a lo que aspiro en la vida es a currar un poco y después que haya una folixa en La Benéfica a la que poder ir, ver a mis amigos, tomar algo, echar unos cantarazos, bailar un poco y volver pa’casa. Y eso de individual tiene bien poco.
Y para terminar…déjanos dos recomendaciones: una de tus historias y un libro de otro autor que recomiendes.
Mía voy a decirte la primera historia que escribí sobre les cuenques que es el primer relato de Los Niños de Humo. Se llama Teléfonos, son como ocho líneas en las que cuento que en las casas de un minero que sonara el teléfono a destiempo, de madrugada por ejemplo, cuando el minero estaba en la mina, era muy mala noticia. Aquella historia fue el origen de todo y recuerdo además que ese relato lo escribí sentada en una biblioteca de Madrid, donde estaba estudiando, en la calle Buen Suceso. No sé por qué me vino a mí la inspiración.
De otro autor me quedo con El Plan Infinito de Isabel Allende. Es un libro que leí de joven y siempre que pienso en ese libro pienso que fue el que a mí me hizo querer escribir historias.
Las presentaciones de La Madrina llevarán a Aitana Castaño este viernes a la FEA, Feria de la Edición Asturiana en Gijón (Muséu del Ferrocarril d’Asturies, stand de Pez de Plata, 19 horas); el miércoles 25 estará en Oviedo con el Club de Lectura de las Juventudes de Comisiones Obreras; el jueves 26 en el Club de Lectura Mar de Luces en Avilés; y el viernes 27 con el Club de Lectura de Proaza y Quirós. Fechas que se ampliarán durante los próximos meses.