«El paso de Rodrigo Cuevas por ‘La Revuelta’ plantea nuevas cuestiones sobre la representación de la identidad asturiana en Madrid»

Solo faltó la sidra (unos frixuelos y el final del peaje ilegal del Huerna). Este jueves, en ‘La Revuelta’, hubo romería en la Gran Vía de Madrid; en el teatro donde, de lunes a jueves, se celebra la grabación del programa de David Broncano en TVE, en horario de máxima audiencia. El lema lo vendió el propio espacio televisivo en sus redes sociales, que es donde se ve la tele: «Rodrigo Cuevas trae Asturias al programa».
FITUR hace lo mismo cada año. Durante la Feria del Turismo, el Principado coloca un cartelón publicitario, de unos diez metros de altura, en el Casino de la calle Alcalá, de una foto de un paisano en plena actividad asturiana. «Ahí podéis encontrar algo tan nuestro, tan de Asturias, como escanciando un culín de sidra», escribió el presidente Adrián Barbón en su cuenta de Instagram. Remató con un «orgullo astur». Al tiempo, se reivindicó una campaña publicitaria de hace cuarenta años, que decía que no había nada más natural que Asturias. Y, en la última edición, también se ha decorado como una pumarada la entrada a la estación de Metro en Sol. Puede que Asturias sea un paraíso natural, pero… ¿Lo es de la naturalidad?
Cada muy poco tiempo, en Madrid, hay una ‘mareona’ identitaria en la que se recuerda a los de la capital que Asturias existe. Luego llega el verano, y la hostelería recoge lo sembrado, hasta la saturación de los servicios públicos.
En ese sin fin vertical de espasmos en el que se ha convertido nuestro modo de informarnos, el presidente de Asturias hablaba de la «autoestima asturiana» -en sus declaraciones a medios durante una de las Ferias del Turismo- y, aunque ayer no lo dijo, Rodrigo Cuevas le ha hecho unos frixuelos a Bad Bunny. Es difícil imaginar una escena más asturiana si no te los ha hecho tu vecina Balbina.
La Asturias oficial se resiste a dejar de ser esa arquería de Santa María del Naranco desde la que puede verse la playa y la montaña en un día azul radiante sin nubes, gracias al diseño del publicista catalán Arcadi Moradell; y la Asturias contracultural oficial adapta las tradiciones para triunfar en la capital, mientras canta que «la gente en la ciudad no sé cómo lo hace, a mí las cosas de la ciudad no me satisfacen» («Allá arribita», en ‘Manual de romería’, 2023).
En la Gran Vía, Cuevas se mostró como un dios de las tablas escénicas y televisadas, como el producto cultural que jamás ha tenido Asturias en su promoción capitalina, con una extraordinaria reivindicación del disfraz que celebra la patria del amor eterno e inmortal, abrazado a Ana Belén, mientras entonaban en pasodoble: «Espérame en el cielo, corazón, si es que te vas primero. Espérame que pronto yo me iré, para empezar de nuevo».
La reivindicación de la identidad disfrazada y cruzada por otros mil disfraces, reivindica un patriotismo sin banderas pero con madreñes, y plantea una pregunta: ¿qué quiere ser Asturias en Madrid, y qué quiere Madrid que sea Asturias? Por ejemplo, que el Museo Reina Sofía colocara un cuadro de Nicanor Piñole en la colección permanente -por fin- parecía un éxito para el «autoestima» asturiano… Hasta que supimos que la dirección del centro había elegido una vista de la Gran Vía madrileña, que el artista xixonés pintó desde la azotea del Círculo de Bellas Artes en algún momento entre 1930 y 1935. Un paisaje nocturno, vertical, en el que emerge el edificio Telefónica recién inaugurado, con unas luces e impulsos impresionistas, es una anomalía en la trayectoria creativa de quien documentó con dignidad y admiración las formas y las maneras de una comunidad que, ahora, se rescatan para el prime time.
Las romerías asturianas no están bien vistas en Madrid, ni siquiera en el centro difusor de la diversidad nacional (el Reina Sofía). Hay que adaptarlas, disfrazarlas de otra cosa. Las que hace Rodrigo en el WiZink Center (cuando todavía se llamaba así) o en el bar del teatro de ‘La Revuelta’, doble check. Les madreñes son el símbolo perfecto de la Asturias que existe, pero que no se atiende. La Asturias que las usa es la Asturias abandonada, la de las «alas», lo que queda de 100 si le quitas 80, la que a duras penas puede garantizar la potabilidad de lo que sale por el grifo. El problema del espectáculo de la identidad es que se convierta en un fetiche como los que hay en un museo, metidos en urnas, intocables e inaccesibles. Parecen vivos y recién pintados, pero están muertos.
Orgullo de ser ASTURIOANA ,orgullo, de los que apoyan a la mi tierrina ,faltaron cosines ,pero el programa tiene un tiempo ,EMHORABUENA ,PAISANU.me encanto el progama ,otros que dicen defender esta tierrina ,solo dicen tonterias vergonzantes ,CUEVAS ,REPRESENTO A MILES DE ASTURIANOS.