La empresa sanitaria sortearía la ‘guerra de las parcelas’ y la resistencia vecinal optando a ocupar parte de la ampliación del hospital privado, cuya obra concluirá en el verano de 2027, y al que aportaría un importante plus tecnológico. Mientras, y con idéntico hermetismo, ya está sobre la mesa la concesión de las medallas de la ciudad con algunos favoritos para la de oro

En pleno tango ‘agarrao’ con el emporio médico de Quirón y cuando el desenlace de pleno amor entre los bailarines (véase el Ayuntamiento de Gijón y la famosa marca sanitaria) parecía tan engrasado como el derribo del viaducto de Carlos Marx, resulta que al acordeonista le dio un repentino desvanecimiento. Quizás no sea grave, pero la pieza de baile ha quedado, al menos de momento, sin música y fuera de concurso. Los danzarines se miran a la cara, se lanzan miradas desafiantes y, para respetable público, mantienen una sonrisa modelo Pantoja, más falsa que el pretendido ascenso del Sporting. Han sido muchos meses de ensayo para ganar el ‘got talent’ y llega el momento de las siempre recurrentes lágrimas, de quitarse los zapatos y de culpar al pobre acordeonista del fracaso de todo el operativo. El reality de la clínica privada de Quirón en Nuevo Gijón parece haber tocado a su fin, aunque todavía habrá quien recurra al ‘vídeo arbitraje’ para tratar de salvar la jugada en el último segundo. La alcaldesa Carmen Moriyón ya ha dicho, con total claridad, algo parecido a aquello de ‘basta de bromas’ y, ya se sabe, cuando se trata de una inversión multimillonaria, como la citada, el capital no está para incertidumbres sociales y políticas.
La marca Quirón quería, y parece que todavía quiere, implantarse en Gijón dentro de su plan de expansión por el Norte ya que la práctica totalidad de su operativo empresarial lo tiene en la actualidad en Madrid y el Sur de España. Ahí entró en juego el ya famoso trueque de las parcelas en el entorno del Hospital de Cabueñes, vitales para la futura comunicación del complejo público sanitario, por la que Quirón precisa para el desarrollo de su proyecto en Nuevo Gijón. En liza, la Corriente Sindical de Izquierdas (CSI) que, de la mano del combativo letrado Abraira, inició una cruzada legal para tratar de evitar el cambio de cromos, batalla que tiene pinta de ser larga dada la conocida rapidez de los tribunales de este país y, sobre todo, el carácter garantista que permite recurrir las sentencias hasta al Vaticano si fuera preciso. A ello se une una resistencia social quizás no muy relevante en el aspecto cuantitativo, pero capaz de hacer mucho ruido mediático. Con este panorama, Quirón se lo piensa, mete el freno de mano y se ralentiza el proceso de las citadas parcelas. Moriyón lanza un evidente órdago y la empresa responde con algo así como: ‘sí queremos, pero ya veremos cuando’.
¿Qué es pues lo que está sucediendo? El mutismo es total por ambas partes, pero a todos estos efectos no es ajeno el cambio de responsables en la cúpula de Quirón en los últimos meses a los que, según parece, no les hace la menor gracia todo el retraso de su proyecto en Gijón y el rechazo que ha originado en parte de la sociedad local. Además, la inicial confianza en los respectivos gobiernos, tanto el local como el regional, parece haberse quebrado y, como es sabido, el capital no espera y, además, huye de posibles conflictos. De todas maneras, aún le queda a Quirón una baza que jugar para implantarse en Gijón y que no pasa necesariamente por construir un nuevo complejo en Nuevo Gijón. Esa baza se llama Hospital de Jove y la bala está en la recámara hace ya varios meses, lo que puede explicar el enfriamiento de las relaciones entre Quirón y el Ayuntamiento de Gijón desde el pasado otoño que ahora pone de manifiesto la alcaldesa.
Nadie confirma ni desmiente los contactos, pero este periódico tiene constancia de que ha habido conversaciones entre responsables del grupo Quirón y del patronato que lleva los destinos del Hospital de Jove que, como es sabido, aunque concertado, es de titularidad privada, y que está llevando a cabo una más que relevante inversión para ampliar sus instalaciones. Las obras del nuevo edificio polivalente, de cinco plantas, se prevé que culminen en el verano del próximo año y supondrán un hito para el histórico centro sanitario de Gijón. Se crearán, como es natural, nuevos espacios que aunque originalmente estaban destinados a otros destinos relacionados con una reestructuración interna, no se descarta que pudiera encontrarse ubicación a la clínica Quirón, que podría integrarse en la estructura del Patronato como socio tecnológico.
De esta manera, la nueva inversión privada ya tendría unas instalaciones garantizadas dentro de poco más de un año, al margen de vaivenes judiciales y políticos, y el Hospital de Jove adquiriría una nueva dimensión con la entrada de una tecnología médica de alto nivel. Quedan muchas piezas por cuadrar, pero cierto es que Quirón ha visto en este Hospital una forma más realista de implantarse en Gijón y ahí están los contactos al máximo nivel entre ambas partes que, es posible, algún día se cierren con un acuerdo que no dependa del repentino desvanecimiento del acordeonista de turno o de los flautistas que tocan al calor de quienes alimentan su cesto de limosnas oficiales. El capital juega sobre seguro y el proyecto de Nuevo Gijón, a día de hoy, solo ofrece arenas movedizas.
Y para terreno pantanoso, el relativo a la concesión de las medallas de honor de la ciudad, esa especie de mercadillo en el que participan los diferentes grupos políticos municipales y, por qué no decirlo, en ocasiones se ‘compran’ algunas prendas de difícil encaje teniendo en cuenta el supuesto objetivo de las citadas preseas. Cierto es que en la pasada corporación, presidida por la socialista Ana González, se aportó un poco de cordura al desenfreno de los años precedentes en los que, en muchos casos, primaba más la amistad personal y afinidad política de los grupos y personas agraciadas que su mérito real en pro de la ciudad. Mejor no citar ejemplos concretos para no herir susceptibilidades, pero seguro que gran parte de ellos están en la mente de todos. Cada partido político con representación en el ayuntamiento repartía, por entonces, ‘su’ medalla de Gijón a ‘su’ mero capricho y ese fue el resultado.
Reconducido aquel despropósito, y aunque parezca que la cuestión pinte para largo, ya hay algunos nombres sobre la mesa, sobre todo para la medalla de oro, potestad de la Alcaldía, aunque suele tratar de consensuarla o, al menos, informar a todos los grupos políticos de su destinatario. En ese listado están desde el Sanatorio Marítimo, que tiene la de plata, pero no la de oro, hasta el Colegio Corazón de María, que anda de aniversario, y la Caja Rural de Gijón -ahora Caja Gijón-, que el año pasado se quedó a las puertas como también le sucediera a la Filarmónica de la ciudad. Son algunas posibilidades que se barajan, todas ellas con evidentes méritos, pero la margarita no se desvelará hasta después de la Semana Santa, máxime cuando quedan por dilucidar las preseas de plata, en las que sí es necesario encontrar un cierto consenso entre los diferentes grupos políticos y, como suele suceder en estos casos, siempre surgen problemas y disputas para arrogarse el protagonismo.
Dicho de otra forma, son las medalla de Gijón, pero no tanto, sobre todo cuando recaen en entidades mercantiles que, labor social al margen, tienen como fin y propósito, como es natural, el generar beneficios para mantener sus fines y propósitos. De hecho, visto el carácter empresarial de algunas medallas, ya hubo y hay voces que abogan por darles otro título honorífico, seguro que muy merecido, pero ajeno al propio de las medallas de la ciudad. Entienden quienes esto defienden, que estas preseas de Gijón deben de estar destinadas a personas o entidades que, de forma altruista, aporten un plus de calidad a la villa. Igual tienen hasta razón y hasta, quien sabe, igual les hacen caso quienes tienen capacidad de voz y voto. Pronto se sabrá.