El buque, una de las joyas de la corona de la Cunard Line, atracó en El Musel a primera hora de esta mañana, y zarpará mediada la tarde para poner proa hacia La Rochelle; a bordo viajan 2.031 pasajeros, mayoritariamente británicos, y 900 tripulantes

La primavera ha llegado. Las aguas ya lucen calmas. Podría decirse, tirando de cierta lírica, que Poseidón, dios de los mares en la mitología griega, parece descansar, al fin. Y Gijón, coincidiendo con ese buen tiempo y con esa serenidad oceánica, acaba de inaugurar una nueva temporada de cruceros. Porque sí, lo ha hecho esta misma mañana; a las ocho, concretamente, momento en que, con las primeras luces del alba, hacía su entrada en la rada el colosal MS ‘Queen Victoria’, primero del medio centenar de buques de estas características que recalará en la ciudad en los próximos meses. Una perspectiva ante la que hosteleros y comerciantes gijoneses ya se frotan las manos; no en vano, se espera que, hasta finales de año, se detenga en la ciudad, la visiten y hagan gasto en ella la friolera de 85.000 cruceristas, más 32.000 miembros de las distintas tripulaciones. Toda una promesa, ciertamente.
Por lo que concierte al ‘Queen Victoria’ -bautizado así en honor a la reina Victoria del Reino Unido, monarca en los gloriosos días de expansión mundial del Imperio Británico-, todos los datos que atañen a esta embarcación dan una medida clara de su importancia. Construido en los prestigiosos astilleros italianos Fincantieri el barco, que pertenece a la exitosa clase Vista, fue encargado en diciembre de 2004 por el operador angloestadounidense Carnival Corporation; sin embargo, no fue puesto en grada hasta mayo de 2006, y su construcción se prolongó hasta diciembre del año siguiente; concretamente, hasta el día 10, momento en que fue botado. Y aunque, en origen, debería haber formado parte de la flota de la Holland America Line, dependiente de Carnival, finalmente se decidió trasladarlo a la británica Cunard Line, toda una institución en el sector, y rival histórica de la White Star Line, a la que perteneció el malogrado ‘Titanic’.
Desde entonces, este navío se ha convertido en una de las máximas razones de orgullo para dicha naviera., y no solo por sus 294 metros de eslora, sus 36,3 de manga, sus ocho metros de calado y sus más de 90.000 toneladas de registro bruto… No, no… El ‘Queen Victoria’ supera en lujo a la mayoría de los cruceros que navegan en la actualidad, una cualidad heredada del buque que le sirvió de inspiración, el ‘Queen Elizabeth’. Además, su diseño es peculiar por la ausencia de planchas gruesas en el casco, lo que facilita la labor propulsora de sus máquinas, dos ABB orientables capaces de dar una velocidad de hasta 23,7 nudos a plena potencia. En fin, con dieciséis cubiertas -doce de ellas, para pasajeros-, bastan 900 profesionales de dotación para hacerlo navegar y prestar todos los servicios que ofrece, y puede dar alojamiento a 2.081 pasajeros. No obstante, en este viaje esa cifra es ligeramente inferior. Así, al muelle Norte de la ampliación de El Musel han llegado ‘solo’ 2.031 viajeros, británicos en su mayoría, que ya disfrutan de los encantos de la ciudad, y de visitas a Covadonga y Cangas de Onís, a Oviedo y a la Senda del Oso. No obstante, les queda poco tiempo; este monstruo de los mares soltará amarras a las 16.30 horas de hoy y, ya en mar abierto, pondrá proa hacia La Rochelle para, el día 11, arribar a Southampton, puerto de salida y de regreso.