Critican la falta de transparencia y temen que el curso arranque sin cambios en el sistema de línea fría
La polémica en torno a los comedores escolares de Gijón se intensifica. A las quejas de las familias por el modelo actual y los retrasos en su cambio se suma ahora la denuncia pública de las asociaciones de madres y padres, que acusan al Ayuntamiento de ofrecer versiones contradictorias y de mantener una preocupante falta de información sobre el futuro del servicio.
Las familias insisten en que el problema no es nuevo. El contrato vigente acumula ya tres prórrogas y, pese a los compromisos adquiridos, el cambio hacia un modelo de “línea caliente” sigue sin materializarse. “Nos dijeron en diciembre que era la última prórroga y que en enero o febrero estaría todo listo porque los pliegos estaban muy avanzados”, explican. Sin embargo, los meses han pasado sin avances visibles.
Esa sensación de incertidumbre se ha visto reforzada por las explicaciones cambiantes ofrecidas desde el Ayuntamiento. Primero se apuntó a la necesidad de esperar a un real decreto estatal aprobado en abril de 2025; posteriormente, se aludió a problemas internos en la elaboración de los pliegos. “Cada semana hay una versión distinta. No sabemos en qué punto estamos”, lamentan las madres afectadas.
En la misma línea, la Federación de Asociaciones de Familias del Alumnado Miguel Virgós y varias AMPAs han expresado su “indignación” ante estas contradicciones. Según denuncian, el concejal de Educación, Jorge Pañeda, ofreció una nueva explicación coincidiendo con el inicio de las vacaciones escolares, tras semanas sin comparecencias públicas. Además, advierten de que este cambio de discurso abre la puerta a que el próximo curso arranque sin la implantación de la línea caliente, “sin fecha definida ni planificación concreta” .
Las asociaciones consideran que estas versiones no encajan con lo afirmado en diciembre de 2025, cuando se aseguró que el proceso estaba muy avanzado. Por ello, exigen “explicaciones claras, completas y verificables” sobre el estado real de la licitación, los motivos del retraso y las posibles responsabilidades .
Rechazo al modelo actual
El núcleo del conflicto sigue siendo el modelo de “línea fría”, en el que la comida se elabora fuera de Asturias y se transporta refrigerada para ser calentada en los centros. Las familias reclaman un cambio hacia una cocina de proximidad, con productos locales y elaboraciones en caliente.
“Queremos comida hecha aquí, no transportada desde fuera dos veces por semana”, resumen. Además, alertan del uso de envases plásticos en los que se recalientan los alimentos. Aunque reconocen que el sistema cumple la normativa, consideran que existen dudas sobre sus efectos a largo plazo. Recuerdan que «hay estudios realizados, como el último de Greenpeace, que alertan sobre las posibles consecuencias de un consumo de comida en plásticos calentados. Ante la duda, “tratándose de niños que los comen a diario, hay que aplicar el principio de precaución». Esto ya se hace en los comedores escolares de París, Lille y otras ciudades francesas con el consumo de atún en lata.
Aluden a que se trata de un servicio que afecta a niños de entre 3 y 12 años que comen a diario en los comedores escolares, lo que refuerza su preocupación por posibles riesgos acumulativos.
Falta de comunicación y participación
Otro de los reproches principales es la ausencia de canales de comunicación fluidos con la administración. Las familias denuncian que las comisiones de seguimiento apenas se convocan y que no se les informa del estado del proceso. “No sabemos cuánto tiempo lleva hacer los pliegos ni si el cambio llegará el próximo curso. Necesitamos certezas”, explican.
También reclaman tener voz en el diseño del nuevo modelo. “Nos gustaría participar en la elaboración de los pliegos y aportar propuestas. Se trata de nuestros hijos y creemos que podemos contribuir”.
Ante la falta de transparencia, la Federación de Asociaciones de Padres de Alumnos de Asturias Miguel Virgos (FAPA) han convocado una asamblea abierta el próximo 15 de abril para informar a la comunidad educativa y valorar posibles acciones .
Impacto en las familias
La incertidumbre tiene consecuencias directas en la organización de las familias. Muchas dependen del comedor escolar por motivos laborales, lo que convierte el servicio en una necesidad básica. “Somos clientes obligatorios en muchos casos. Necesitamos saber cómo va a ser el servicio para poder planificarnos”, subrayan.
Además, algunas madres apuntan a un problema añadido: la falta de aceptación del menú por parte de los menores. “Hay niños que directamente no comen o comen muy poco. A medida que crecen, muchos dejan el comedor en cuanto pueden”, explican.