El pulso con el Ministerio de Transportes y la debilidad del caso Cerredo apuntalan al Ejecutivo

El presidente del Principado, Adrián Barbón, resiste el desgaste que atraviesan otros gobiernos autonómicos socialistas y logra, por ahora, mantener el pulso electoral en Asturias. Distintas fuentes consultadas por este diario coinciden en señalar que el escenario político asturiano presenta singularidades que diferencian al territorio de la tendencia nacional, donde el PSOE sí acusa un mayor desgaste.
Según ha podido confirmar este medio tras contactar con algunas de las principales casas demoscópicas del país, los datos internos reflejan que el Partido Socialista conserva una base sólida de apoyo en el Principado. A diferencia de lo que ocurre en otras comunidades, donde la fragmentación del voto y el avance de la oposición erosionan al partido, en Asturias la fidelidad del electorado socialista se mantiene relativamente estable. Este comportamiento se atribuye tanto al perfil moderado de Barbón como a una gestión percibida como continuista y sin grandes sobresaltos.
En paralelo, el Partido Popular asturiano, liderado por Álvaro Queipo, mueve ficha para tratar de afinar su estrategia. La dirección regional ha encargado una encuesta propia que comenzará a elaborarse el próximo mes, con el objetivo de obtener una radiografía más precisa del momento político.
Uno de los factores que, en teoría, podría haber afectado al Ejecutivo autonómico era el llamado “caso Cerredo”. Sin embargo, y a tenor de los análisis demoscópicos consultados, este asunto no ha terminado de hacer mella significativa en la imagen del Gobierno regional. La ausencia de un impacto claro refuerza la idea de que la agenda política asturiana discurre por cauces distintos a los de otras comunidades, donde polémicas de gestión sí han tenido consecuencias electorales más visibles.
En este contexto, el Gobierno de Barbón ha encontrado además un nuevo eje de confrontación política que podría contribuir a reforzar su posición: el enfrentamiento con el Ministerio de Transportes que dirige Óscar Puente. La negativa del Ejecutivo central a revisar la prórroga del peaje del Huerna ha abierto un frente que el Principado está dispuesto a explotar tanto en el ámbito institucional como en el político.
El consejero de Movilidad, Alejandro Calvo, expresó esta semana su “profunda decepción” tras conocer la decisión del ministerio, que rechazó estudiar el fondo de la cuestión alegando el tiempo transcurrido desde la aprobación de la prórroga. Lejos de cerrar el conflicto, el Gobierno asturiano ha anunciado que recurrirá al Tribunal Supremo para intentar revertir una medida que extiende el peaje de la AP-66 hasta 2050.
Desde el Ejecutivo autonómico se insiste en que esta infraestructura supone un “sobrecoste permanente” para ciudadanos y empresas, afectando a la competitividad de Asturias. Más allá del contenido técnico del litigio, la cuestión del Huerna se perfila como una potente herramienta política: permite al Gobierno regional situarse como defensor de los intereses asturianos frente a decisiones adoptadas en Madrid.
Pero el tablero político asturiano no se limita al ámbito autonómico. En el plano municipal, comienzan a detectarse señales de posible desgaste en algunos de los principales bastiones. No son pocos los analistas que anticipan que Alfredo Canteli podría enfrentarse en 2027 a la pérdida de la mayoría absoluta en Oviedo, en un contexto de creciente fragmentación del voto.
Más compleja aún es la situación de Carmen Moriyón, que se mueve en una posición delicada. La regidora gijonesa se encuentra en una suerte de tierra de nadie, con un pacto con el Partido Popular todavía no plenamente consolidado en sus términos y con la oposición abierta y firme de Vox, lo que añade incertidumbre a la gobernabilidad en la ciudad.
Así, mientras la oposición trata de encontrar grietas en el relato socialista, Barbón parece haber consolidado un marco en el que combina estabilidad interna con la proyección de conflictos externos. Una estrategia que, al menos por ahora, le permite aguantar el tirón electoral en un momento de incertidumbre para su partido en el conjunto de España, aunque con un horizonte municipal que podría reconfigurar equilibrios de poder en los próximos años.
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Barbón un estadista. Pir fivir
Sociedad de viejos pero ya no tantos ni tan tontos