Los trabajos de memoria democrática confirman signos de violencia extrema y avanzan en la identificación de los restos mediante pruebas de ADN

La exhumación que se está llevando a cabo en la fosa de La Lloba, en el concejo de Castrillón, ha permitido localizar los restos de otras nueve personas en un segundo tramo de la trinchera, lo que eleva a 16 el número total de víctimas recuperadas hasta el momento. La intervención forma parte de un proyecto impulsado por la Dirección General de Memoria Democrática del Gobierno del Principado de Asturias y ejecutado por el Grupo Arqueos de la Universidad de Oviedo.
Los trabajos continúan aportando información sobre las circunstancias en las que fueron enterradas las víctimas, en su mayoría personas represaliadas durante la Guerra Civil. Según el equipo investigador, los restos evidencian signos compatibles con muertes violentas, así como con un posterior ocultamiento de los cuerpos en condiciones irregulares. Durante una visita a la zona, la viceconsejera de Derechos Ciudadanos, Beatriz González Prieto, destacó la labor del equipo técnico y el impacto del proceso en las familias que buscan a sus allegados. En sus declaraciones recordó la importancia de los avances en la exhumación y el valor que tiene para los familiares que llevan años esperando resultados.
González Prieto insistió además en la necesidad de que las familias potencialmente afectadas formalicen su solicitud para la realización de pruebas genéticas en el Instituto Asturiano de Memoria Democrática, con el fin de facilitar la identificación de los restos. Según indicó, una mayor participación incrementaría las posibilidades de obtener resultados positivos en el cruce de ADN. Por su parte, el director del Grupo Arqueos, el catedrático de la Universidad de Oviedo Avelino Gutiérrez, ha explicado que el estado de conservación de los restos es muy desigual debido tanto a la violencia de los hechos como a las condiciones del terreno. En este sentido, ha señalado la presencia de impactos de bala en el cráneo, signos de aplastamiento por piedras y la existencia de elementos que apuntan a posibles ataduras en algunas de las víctimas.
El equipo arqueológico ha documentado también la aparición de casquillos de munición y objetos personales, como botones o broches, asociados al contexto de los enterramientos. Los especialistas atribuyen la fragilidad de los restos tanto a la acción del tiempo como a la acidez del suelo, lo que dificulta la identificación de edad y sexo en esta fase del análisis. Los trabajos de campo se encuentran actualmente en fase de estudio antropológico, una etapa que permitirá avanzar en la clasificación de los restos antes de continuar con nuevas intervenciones previstas para las próximas semanas.