Refuerzos que llegan tarde, vacantes sin cubrir y un modelo de gestión bajo sospecha tensionan el día a día municipal

La falta de personal se ha convertido en uno de los problemas más persistentes —y menos visibles para la ciudadanía— dentro del Ayuntamiento de Gijón. Lejos de ser un fenómeno puntual, distintas áreas municipales vienen arrastrando carencias estructurales que afectan al funcionamiento diario de los servicios públicos, ralentizan proyectos y, en algunos casos, obligan a recurrir a soluciones de urgencia que evidencian la falta de planificación.
En los pasillos del Consistorio, la sensación es compartida: el engranaje administrativo no siempre funciona con la fluidez que cabría esperar de una estructura de tal envergadura. Y aunque el problema es transversal, son varias las fuentes internas que señalan que las dificultades se concentran especialmente en determinadas concejalías, donde las vacantes, las bajas sin cubrir o la falta de refuerzos han terminado por convertirse en parte del paisaje cotidiano.
Uno de los ejemplos más claros se encuentra en la Concejalía de Educación. Tras meses de inestabilidad y continuos cambios, el departamento ha comenzado a recuperar cierto pulso con la incorporación “in extremis” de tres nuevos trabajadores municipales: una jefatura de sección y dos administrativos. Se trata de una demanda que llevaba más de un año sobre la mesa y que, finalmente, ha permitido aliviar una situación que amenazaba con enquistarse. Todo, en un momento en el que las familias ya habían empezado a aumentar la presión durante la crisis de comedores escolares.
Más allá de este caso concreto, distintos servicios municipales vienen operando bajo una presión constante derivada de plantillas ajustadas al límite. Responsables técnicos llevan tiempo advirtiendo de la necesidad de incorporar nuevos perfiles para poder sostener el volumen de trabajo, mientras que en algunos ámbitos la ausencia prolongada de determinados puestos clave ha terminado por afectar incluso a la programación de actividades o al desarrollo normal de iniciativas públicas.
En este contexto, algunas miradas se dirigen hacia la gestión global del personal municipal. La Concejalía de Hacienda, liderada por María Mitre, es la responsable última de la organización de recursos humanos en todas las áreas. Y aunque oficialmente no se reconocen disfunciones de calado, en determinados círculos se desliza la idea de que la política de personal podría estar contribuyendo —de forma más o menos deliberada— a esa falta de músculo en el día a día de algunas concejalías. Una interpretación que, sin hacerse explícita, entronca con la tensión política existente dentro del propio gobierno local entre Foro y PP, con los primeros queriendo erosionar y dificultar la labor de los segundos.
Frente a esa lectura, desde entornos vinculados a Foro se apunta en otra dirección: más que una estrategia, lo que existiría sería una gestión deficiente en los niveles directivos de Recursos Humanos. En ese sentido, recientes episodios han alimentado las dudas. El caso de la Jefatura de Sección de Contabilidad —con cambios de estatus que han sido calificados internamente como una “chapuza”— ha puesto en cuestión la capacidad técnica del área encargada de ordenar la compleja estructura de personal del Ayuntamiento.