
Ah, el Muro de San Lorenzo… El glorioso frente marítimo del centro de Gijón. Una de esas imágenes de postal que atrae anualmente a miles de visitantes, que alimenta una cantidad incalculable de fotos, que brinda a vecinos y foriatos una estampa impresionante del poderoso Cantábrico, encajada entre el cerro de Santa Catalina y el mastodóntico Cervigón. Bella, única, seductora… Y, por su privilegiada ubicación a orillas del mar, susceptible de padecer cualquiera de los efectos adversos propios de los entornos marinos. Algo de lo que dan fe las fuentes de agua potable diseminadas por el paseo. Pese a la frecuente limpieza de las mismas que acometen los operarios de la Empresa Municipal de Servicios de Medio Ambiente (EMULSA), el óxido, el limo y el verdín se han enseñoreado de tales equipamientos, haciendo que beber de ellas se convierta en una práctica, como mínimo, poco apetecible. Así lo admite Rosa N., autora de las fotos superiores, quien añade a los problemas anteriores uno más, no relacionado con la humedad o con el salitre: el frecuente uso de dichas fuentes, pensadas para personas, por parte de perros, que «dejan sus babas» en los surtidores. ¿Suena apetecible?
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