Trece de los canes de la intervención en un criadero del concejo están ahora en el Centro de Protección Animal, donde las llamadas son continuas para adoptar a unos perros que no pueden salir por mandato judicial; la cuidadora Paula Hevia recuerda para miGijón aquella intensa primera jornada

«El primer día no es que cambiase la rutina, directamente no hubo rutina», expresa sobre la jornada de la intervención del Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil en un centro canino del concejo Paula Hevia, cuidadora del Centro de Protección Animal, que miGijón visitó el jueves para conocer cómo es la nueva vida de 13 de los 347 perros rescatados el martes 21 de abril. Son un total de 13 los residentes actuales en el albergue municipal de Serín: una mamá schnauzer que perdió a sus tres cachorros tras parir poco antes de la acción policial, que se encuentra recuperando en la parte de arriba de la instalación, y otros 12 canes divididos en cuatro jaulas espaciosas, de tres en tres. Son seis maltipoo, tres yorkshire y tres pomerania.
La operación comenzó sobre las 8 horas, pero al centro los perros empezaron a llegar en torno a las 11. «Nos avisaron y tuvimos que preparar unas 20 jaulas. Desde la intervención nos venían diciendo en qué jaula tenía que estar cada animal, porque allí los seleccionaron por los cubículos en los que estabane intentamos que estuviesen los mismos perros juntos aquí en el centro», relata Hevia. «Lo que más les hacía falta eran mantas, porque estaban con mucha humedad», rememora. Unos trabajos de traslado y acomodación de animales que se alargaron «hasta las 6».
En el propio centro canino intervenido se fueron distribuyendo los canes entre Gijón, el albergue de Oviedo y la Fundación Protectora de Animales de Siero, entidad que gestiona las instalaciones municipales gijonesa y ovetense. A Serín llegaron 144, por lo que ese día pasó de los 54 huéspedes habituales a 198. «Al día siguiente prácticamente todos esos perros ya se fueron para las protectoras de Madrid que colaboraron. Y ahora estamos redistribuyendo los que quedan en los otros centros para venir aquí, porque es donde tienen que estar los que se quedan en Asturias. Los que no están aquí son los que necesitan cuidados más específicos», explica Hevia. En Siero permanecen unos 90, entre ellos todas las mamis y sus cachorros, «ya que aquí están continuamente entrando animales que no controlamos y tener aquí madres con ese foco de posibles infecciones que puede tener un albergue… Es mucho mejor que esténen un sitio en el que puedes limitar la entrada y evitarles más riesgos y demás», argumenta. En Oviedo, mientras, permanecen 12.

Los que aquel primer día se encontraban en peores condiciones «fueron directos a clínica», como Sevillana, la mamá schnauzer residente ahora en Serín. «Yo no los vi, pero lo que contaban los compañeros era que había mucho tumor, sobre todo en las mamas. Los ojos estaban en muy mal estado y la boca la tenían fatal la gran mayoría, ya que estas razas, al ser tan pequeñitas, necesitan mucha atención en las piezas dentales. Tenían todos la boca ‘podre’, prácticamente, y claro, eso viene de malos hábitos», apunta.
Después de aquel ajetreo, pasada ya más de una semana, la ‘normalidad’ se ha asentado otra vez en el Centro de Protección Animal, salvo por una cuestión: las llamadas. «El teléfono está constantemente funcionando y el 90 % de las personas que llaman es para adoptar a estos perros, que no están en adopción, lo que es importante remarcar. Está también colapsado tanto el e-mail como los formularios que tenemos de adopciones, todo por esta gente interesada en estos animales, y nos está entorpeciendo nuestro trabajo habitual, que es encontrarles casa a los que ya estaban aquí», explica. Agradece el interés por ayudar, pero «yo creo que a la gente se le olvida que aquí ya había animales que necesitan un hogar». Este medio centenar de residentes «son pitbull viejos y sus derivados, y perros de tamaño mediano a grande, sobre todo tipo mastín, a los que nos cuesta mucho encontrarles adopción por el tamaño más que por el carácter. Entendemos que no todo el mundo tiene la capacidad de poder tener un mastín o algo así, pero nos gustaría recordar que aquí sigue habiendo perros muy majos que necesitan casa», completa Hevia.
También se agradece desde el albergue el esfuerzo de la «mucha gente que nos trae donativos». «Se está centrando en todo lo nuevo que tenemos, que nos hace mucha falta», en referencia al «pienso de starter, que se llama, que es el previo al de cachorro normal, porque es el que toman las mamás desde que se sabe que están embarazadas hasta que ya nacen los hijos y mientras están lactando; luego es lo que empiezan a comer ellos. Pero nos hace falta pienso en general, porque ya teníamos unos animales que hay que seguir atendiendo. También lejía y empapadores», expresa Hevia. Son varias las campañas de recogida puestas en marcha por diferentes colectivos para ayudar a los tres centros, una manera fácil de echar una mano a los perros rescatados, sin olvidar a aquellos que ya estaban y también merecen un hogar.