Un estudio concluye que la Unión Europea exporta millones de vehículos usados de gasolina y diésel a países con normativas ambientales más laxas, especialmente en África

Mientras Europa acelera su transición hacia el coche eléctrico y endurece las exigencias medioambientales, millones de vehículos de combustión siguen encontrando salida en otros mercados. La pregunta sobre qué ocurre con los coches más antiguos y contaminantes que dejan de circular en territorio europeo encuentra ahora una respuesta académica desde Asturias. Una investigación liderada por la Universidad de Oviedo concluye que la Unión Europea está exportando los coches usados más contaminantes hacia países con regulaciones ambientales menos exigentes, un fenómeno que, según el estudio, puede poner en riesgo los avances climáticos logrados en el continente. El trabajo ha sido realizado por Ignacio del Rosal, profesor del Departamento de Economía Aplicada, y ha sido publicado en la revista científica Journal of Environmental Planning and Management.
Entre 2017 y 2023, la Unión Europea exportó más de seis millones de coches usados al resto del mundo. Según los datos analizados en la investigación, el 97% de esos vehículos contaba todavía con motores de combustión interna, tanto de gasolina como diésel. El estudio examina cómo influyen las diferencias entre las políticas ambientales de los países europeos exportadores y los países receptores. La principal conclusión es que cuanto mayor es la brecha regulatoria, mayor es el volumen de exportación de coches más contaminantes. Es decir, los vehículos que encuentran más dificultades para seguir circulando o vendiéndose en Europa acaban siendo comercializados en territorios donde las exigencias son menores.
África, uno de los principales destinos
La investigación identifica especialmente al continente africano como uno de los principales receptores de este tipo de vehículos. En algunos países, según explica el autor, los coches usados importados representan hasta el 90% de la flota nacional. Al mismo tiempo, los vehículos electrificados -híbridos o eléctricos- llegan en menor medida a estos destinos, especialmente cuando la distancia regulatoria entre ambos mercados es mayor. Esto genera un doble efecto: Europa reduce emisiones en su territorio, mientras parte del parque móvil más contaminante continúa operando en otras regiones del mundo.
El profesor Ignacio del Rosal advierte de que la transición ecológica no puede analizarse únicamente desde una perspectiva europea o nacional. Según expone, si no existe una estrategia coordinada a nivel internacional, existe el riesgo de desplazar el problema ambiental hacia países con menos recursos en lugar de resolverlo de forma efectiva. El estudio vincula este fenómeno con la conocida como hipótesis del “refugio de contaminación”, según la cual actividades o productos contaminantes tienden a desplazarse hacia lugares con menor presión normativa.
Qué soluciones plantea el estudio
La investigación propone varias líneas de actuación para frenar esta dinámica. Entre ellas, plantea armonizar estándares internacionales mínimos de emisiones y seguridad, extender normativas similares a los estándares Euro 4 en regiones receptoras y limitar la exportación de vehículos que no superen requisitos técnicos o medioambientales. También recomienda reforzar el control sobre exportaciones encubiertas como chatarra o piezas de recambio, una práctica que dificultaría el seguimiento real del destino final de muchos vehículos. Además, apuesta por incentivar planes de achatarramiento en los países exportadores para retirar del mercado los coches más antiguos en lugar de venderlos al exterior.
El estudio abre un debate de fondo sobre cómo medir realmente el impacto ambiental de la transición energética europea. Aunque las emisiones disminuyan dentro de las fronteras comunitarias, la continuidad de esos vehículos en otros mercados puede diluir parte del efecto global.