Tras efectuar registros en hasta nueve localizaciones de Gijón y Oviedo, la Policía Nacional halló 53 piezas distintas, incluidas varias camufladas, así como munición, útiles para fabricarla, antigüedades y dinero en efectivo; por ahora, hay cinco detenidos

Todos los estudios sobre el submundo del crimen organizado coinciden en que, por rentabilidad, el narcotráfico lleva años disputando el ‘honor’ de ser la más actividad delictiva más lucrativa con el otro gran foco de beneficios para las mafias y las bandas: el tráfico de armas. Pues bien, este último ámbito acaba de sufrir en Asturias un hachazo que, para sus responsables y potenciales clientes, será difícil de olvidar. En el marco de la bautizada ‘Operación Storage’, la Policía Nacional ha desmantelado una red dedicada, precisamente, al tráfico de diversos tipos de armas, que operaba desde Gijón y Oviedo. Hasta el momento hay cinco personas detenidas, y en los registros efectuados en las nueve localizaciones identificadas se ha hallado más de medio centenar de piezas, incluidas varias pistolas semiautomáticas, escopetas de caza, fusiles militares, armas camufladas e, incluso, un subfusil. Además, se han intervenido munición, herramientas para fabricarla, antigüedades y dinero en efectivo. Todos los arrestados han sido enviado a prisión de forma provisional, aunque la investigación continúa abierta, y no se descartan nuevas detenciones.
Según ha notificado este martes el citado cuerpo policial, las pesquisas comenzaron el pasado agosto, después de que a los agentes les llegase la sospecha de que cierto individuo podría estar utilizando clandestinamente un taller ubicado en el barrio gijonés de Laviada para reparar, modificar y distribuir armas de fuego. Fueron necesarios ocho meses de trabajo incesante y largos periodos de vigilancia pero, finalmente, semejante esfuerzo dio sus frutos. Para abril de este año los uniformados habían constatado que el sujeto -que atesoraba antecedentes por hechos similares– permanecía en el interior del taller durante tiempos dilatados; en el transcurso de los mismos, utilizaba maquinaria especializada para poner a punto las armas, incluida la puesta en servicio de aquellas previamente inutilizadas. Más aún, el hombre producía su propia munición, aparte de adquirirla irregularmente, al margen de los cauces legales. Y no solo eso: en el curso del dispositivo, la Nacional logró identificar a varios proveedores y clientes. Un mar de información que, al fin, convenció al Juzgado de Instrucción Número Cuatro de Gijón de dar luz verde para practicar los registros.
Lo que los agentes se encontraron en las nueve ubicaciones a las que accedieron rebasó todo lo imaginable… El alijo de armas no solo era abundante, sino también variado y, a todas luces, potente. Hablar de escopetas, de rifles de caza y de carabinas de aire comprimido puede que no sorprenda en exceso, pero es que también fueron intervenidos arcabuces y mosquetes de avancarga, espingardas -un tipo de arma larga monotiro ricamente decorada, tradicional entre tribus del norte de África-, pistolas semiautomáticas de diverso calibre, armas de duelo, revólveres militares, fusiles de cerrojo de combate tipo Mauser y Mosin-Nagant e, incluso, un subfusil Naranjero’ y una pistola Mauser con culatín desmontable. Incluso se hallaron algunas armas camufladas, como bastones con estoques ocultos, o pistolas disimuladas como útiles corrientes. Paralelamente, los uniformados también localizaron 9.000 cartuchos de distintos calibres, pólvora, componentes esenciales para la fabricación de armas y, para mayor desconcierto, diversas piezas que podrían estar integradas en el Patrimonio Histórico nacional, como ánforas, lámparas de aceite, monedas romanas u objetos propios de las civilizaciones egipcia y precolombinas, todo ello de origen todavía desconocido. El total lo completaron 10.000 euros en efectivo.