La protesta, secundada también en Asturias, denuncia precariedad laboral, falta de reconocimiento educativo y ausencia de avances tras años de conflicto
Las trabajadoras de Educación Infantil de 0 a 3 años protagonizan este mes una movilización inédita en España: la primera huelga general estatal del sector. La convocatoria, impulsada por organizaciones sindicales como CCOO, UGT y CGT, junto a plataformas profesionales como la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles (PLEI) y la Plataforma Estatal de Escuelas Infantiles (PEEI), busca visibilizar una situación que las profesionales califican de “insostenible” tras años de reivindicaciones sin soluciones estructurales. La jornada de paro de este 7 de mayo tiene alcance nacional y afecta también a Asturias, donde alrededor de 1.000 profesionales estaban llamadas a secundarla, según datos sindicales. En el Principado, además, el conflicto mantiene una dimensión propia: ya se han anunciado nuevas jornadas de huelga para los días 20 y 21 de mayo.
El origen de esta movilización estatal se remonta al pasado 7 de abril, cuando comenzaron paros indefinidos en distintos territorios. Sin embargo, en comunidades como Asturias el conflicto viene de más atrás. Las trabajadoras denuncian que acumulan más de dos años de protestas, con jornadas de huelga, concentraciones y encierros, sin que se hayan producido avances estructurales. En una carta pública firmada por las educadoras asturianas Marta Tamargo Miguélez, Alba Fernández González y Lluna María Sánchez González, explican que vuelven a la huelga porque, a su juicio, la situación sigue bloqueada: “La realidad de este conflicto es tan clara como simple porque no ha cambiado nada”, señalan en un escrito publicado en miGijón. Añaden que, tras once jornadas de huelga y múltiples movilizaciones, se encuentran con “un acuerdo lleno de promesas vacías”.
Salarios, ratios y reconocimiento profesional
Las reivindicaciones del sector se centran en tres grandes bloques: mejora salarial, reducción de ratios y reconocimiento educativo de la etapa de 0 a 3 años. Las profesionales sostienen que las condiciones laborales están por debajo de la responsabilidad que asumen diariamente. Reclaman equiparar sus condiciones a las que la legislación educativa prevé para otras etapas y alertan de que la falta de personal repercute directamente en la atención a los menores. En la carta difundida en Asturias resumen una de sus principales demandas con una frase que se ha convertido en lema de la protesta: “En 0-3 educamos, no guardamos”. Con esa expresión reivindican que el trabajo en escuelas infantiles no debe reducirse a tareas asistenciales, sino que constituye una etapa pedagógica decisiva en el desarrollo emocional, social y cognitivo de la infancia.
Entre las medidas reclamadas figuran la bajada de ratios por aula, presencia real de dos profesionales por unidad durante toda la jornada, tiempo dentro del horario laboral para tareas pedagógicas y burocráticas, mejoras en la atención al alumnado con necesidades específicas y equiparación salarial entre trabajadoras del mismo ámbito. También exigen estabilidad para el personal temporal y soluciones para quienes no han consolidado plaza.
Asturias, uno de los focos más activos
Asturias se ha convertido en uno de los territorios con mayor intensidad movilizadora dentro del conflicto. Las educadoras defienden la creación de una red autonómica sólida y de calidad, con recursos homogéneos y mejores condiciones laborales. En el escrito referido anteriormente, las profesionales aseguran que la comunidad forma parte de una movilización más amplia que recorre todo el país. “Asturias forma parte de la Marea Amarilla que se está agitando en toda España”, afirman, en referencia al movimiento estatal de escuelas infantiles.
Otro de los elementos presentes en la protesta es la feminización histórica del sector. Las escuelas infantiles están integradas mayoritariamente por mujeres, y las trabajadoras consideran que esa realidad ha contribuido durante años a infravalorar profesional y salarialmente su labor. Las educadoras sostienen que sus reivindicaciones no afectan solo a las plantillas, sino también al modelo educativo. Consideran que una mejor financiación del primer ciclo de Infantil revierte en una atención más personalizada y en mejores oportunidades futuras para la infancia.