Bautizada #PendientesInvisibles, la campaña pretende visibilizar y denunciar las discriminaciones que las mujeres todavía sufren en diversos ámbitos, aprovechando la ascensión del emblemático alto que las ciclistas realizarán este sábado
Siempre es un placer constatar que día a día, competición tras competición, quizá lentamente, pero también sin pausa, las cohortes de aficionados al deporte femenino crecen más y más. Sirva como prueba de ello La Vuelta Femenina, actualmente en curso, de la que hoy jueves se está disputando la quinta etapa, y que atrae a una vasta legión de seguidores, pegados al televisor o apostados a lo largo de la ruta. La misma que el sábado, en la que promete ser una de las fechas emblemáticas, llevará a las ciclistas a ascender el icónico Angliru, la cima asturiana que, desde su inclusión en los trazados en 1999, es sinónimo de técnica, resistencia física, aguante mental y determinación pura. Y tal es el simbolismo de dicha altura, que el colectivo reivindicativo Brigada Feminista la ha aprovechado como lienzo para su última campaña, bautizada #PendientesInvisibles, y con la que pretenden visibilizar las múltiples y profundas formas de desigualdad que las mujeres siguen padeciendo en ámbitos tan dispares como el laboral, el sanitario o el de la lucha contra la violencia. Sus carteles ya decoran varios puntos de la ruta, bajo un lema común: «Si una sube, subimos toes; somos brigada».
Si la propia Vuelta es, en esencia, una sucesión de ascensiones y descensos, las autoras de esta iniciativa han escogido un total de nueve ‘pendientes’ que las mujeres deben salvar, con ayuda del conjunto de la sociedad, y cada una de ellas se exhibe en una zona concreta del recorrido que las atletas cubrirán dentro de dos días. Encabeza la lista el llamado ‘Muro del trabajo invisible’, visibilizado en Les Cabanes como denuncia contra «el trabajo de cuidados no remunerado que sostiene el sistema capitalista». Más adelante, en Porcío, se da voz a la ‘Brecha de pensiones’, convertida en «la factura de una vida de precariedad laboral, seguida por esa pendiente que es la ‘Brecha salarial‘, que «asciende al 32% para las mujeres migrantes», y para la que se ha escogido como escenario la subida de La Cueña les Cabres, con una inclinación del 23,5%. Ya en El Aviru se denuncia la ‘Desigualdad nel poder’, resumida en la máxima de que «subir sin referentes cuesta el doble», mientras que en Los Picones le toca el turno al conocido como ‘Suelo pegajoso’, un ataque directo al injusto hecho de que «el 66% de las mujeres están atrapadas en la precariedad, sin opción de ascenso». Ya fuera del plano laboral, en Llagos se afea la ‘Negligencia sanitaria’, recalcando que «el sesgo machista en la salud ignora la perspectiva de género», al tiempo que en Cobayos se pone el foco en la ‘Violencia digital’, en ese «acoso en redes sociales que sufre el el 13,7% de las jóvenes». El colofón está en Xonceo; allí, la Brigada carga contra la lacra de la ‘Violencia física o sexual’; la misma que, «en algún momento de su vida, ha sufrido el 31% de las mujeres en todo el mundo, 840 millones de ellas».
«Queremos que l’Angliru sea un llar de apoyo y sororidad», sentencian las impulsoras de este proyecto. Ni qué decir tienen que el grueso de ellas se desplegará sobre el terreno el día 9… «Estaremos allí para dar tira a las ciclistas, para que sientan que en este valle sabemos lo que es resistir, y que ninguna sube sola», explican. Además, su reivindicación suma a la feminista una reivindicación cultural; no en vano, en el asfalto se han escrito consignas en asturiano, una forma de abogar por la oficialidad de la llingua, al tiempo que se transmite el mensaje desde una perspectiva de género. «Con este lenguaje de resistencia, arraigado en el territorio, el colectivo arropa el esfuerzo de las ciclistas, grandes protagonistas del día, dejando claro que su pedalada es la conquista de todas», concluyen en la Brigada.







