«He descubierto que las fronteras no existen; no deberían existir»

Que el abogado gijonés Fernando de Silva Cienfuegos es un apasionado de la fotografía no es ningún misterio. Son bien conocidos sus viajes fotográficos por el mundo, pero ¿cómo los organiza?, ¿con quién?, ¿y por qué?
Para responder a todas estas preguntas, miGijón tenía que quedar con él, escucharle y sentir la pasión que transmite cuando rebobina en su mente y recuerda anécdotas de sus andanzas viajeras.
Con una de ellas colgó el cartel de “aforo completo” en el salón de actos de la Escuela de Comercio, en un acto organizado por Gesto Sociedad Cultural. Allí habló y mostró retratos de uno de sus viajes al norte de Kenia.
Así que sus aficiones son los viajes y la fotografía…
La afición por viajar comenzó para conocer España; luego Europa… hasta llegar a los cinco continentes.
¿Conoce los cinco continentes? ¿Hay alguno que le haya impresionado o llamado la atención más que los demás?
Siempre impresiona el último viaje y luego tienes intriga por el siguiente. Pero, respondiendo a su pregunta, más que impresionar, lo que llama la atención es conocer culturas totalmente distintas a la nuestra.
Culturas, eso es, porque usted viaja por eso.
La diversidad cultural del mundo es ingente y la gente conoce solo el uno por ciento. Mire, en cada país hay infinidad de culturas, sobre todo si hablamos de Asia y África. Tienen una riqueza cultural enorme. Me gusta conocer formas de vida distintas y nunca voy con espíritu crítico.
¡Ah, no!
No, porque yo no voy a juzgar a los demás. Para ello tendría que vivir con ellos y saber por qué son así. Nunca juzgo a los demás según nuestros parámetros. Mire, el concepto de pobreza en esos países es distinto al que tenemos aquí.
Explíquese…
Aquí pobreza es “no tengo todo lo que querría”.
¿Y en otros países…?
Pues hay países que para nosotros son pobres y no lo son, porque comen todos los días y tienen una economía que les permite vivir sin las necesidades que nosotros nos hemos creado.
Es cierto.
—Yo descubrí que las fronteras no existen o, mejor dicho, no deberían existir. Tendría que existir el mundo como civilización, nada más… Y mire, antes me preguntó cuál de esos viajes me impactó más…
Sí.
Pues el de Papúa Nueva Guinea. A la zona que visitamos tuvimos que acceder en avioneta.
¡Anda! ¿Y alguna vez les pasó algo, digamos, peligroso?
A ver, puedo tener anécdotas de situaciones un poco inesperadas, pero de peligro real… eso puedo tenerlo en un bar de las afueras de Madrid… (risas)
La gente es buena porque sí. El concepto de la maldad nos lo estamos fomentando nosotros.
¿Por qué?
Quizá si ellos, los habitantes de los países que visito, progresan mucho, entre comillas, se vuelvan como nosotros.
Así que para usted el progreso es bueno y malo.
Depende. El progreso es buenísimo, porque crea riqueza cultural, ideas y convivencia. Ahora bien, el progreso hacia el que vamos es nefasto porque, tal y como lo conciben algunos, está destruyendo a la sociedad.
Volviendo a sus viajes, ¿va siempre con el mismo grupo?
—No, no. Yo empecé viajando en el año 95. Me fui a la isla de San Andrés, en Colombia. Fue la primera vez que crucé el charco, en un viaje con todo incluido… y fuera del hotel vi pobreza, o eso pensé. Después de estar una semana por la isla me di cuenta de que no era pobreza, sino otra manera de vivir. Ahí me enganché.
Y comenzaron esos viajes suyos tan especiales.
Lo que le dije: conocer la cultura, cómo viven en otros sitios del mundo… Empecé a viajar con un fotógrafo que tiene una agencia y organiza unos doce viajes al año.
¿Usted cuántos hace al año?
Teóricamente uno (se ríe), pero en la práctica, como dependo también de mi familia, si puedo hago alguno más. Mire, en noviembre estuve en Kenia y el mes pasado en Nigeria.
¿Previsión del próximo?
A Sudán del Sur.
¿Vendrá entero?
El sur no tiene nada que ver. Como sabe, Sudán se dividió en dos y donde quiero ir no tiene nada que ver con el Sudán que conocemos y que está en guerra.
Y hay etnias.
Y hay que llegar en helicóptero.
Cuando llegan a una de esas aldeas, ¿les ponen impedimentos para posar?
En algunos sitios sí y en otros no. El tema de posar o no posar… hay gente que piensa que están muy “resabiados” porque están todo el día haciéndoles fotos. Eso no es verdad. Hay que ser muy respetuosos con ellos y conseguirles, en muy pocos segundos, una sonrisa.
¿Y van vestidos así o les avisan de que van a hacerles fotos?
Van así, con montones de collares. También es verdad que les avisamos de que queremos hacer unos retratos y, además, les damos algo de dinero. Yo no robo imágenes.
Tienen una compensación.
Es lógico y, por eso, en cuanto a vestimenta se arreglan un poco más.
Dígame el mejor lugar del mundo, para usted y por ahora, para hacer fotografías.
India es un paraíso para hacer fotografías de retrato.
Yo quiero ir a la India…
Yo descubrí la esencia del retrato en la India, en mi cuarto viaje, cuando me di cuenta de que para un indio que un fotógrafo occidental se fije en ellos es un honor.
Como que le distinguió entre los demás…
Eso es.
Y hablando de otro tipo de turismo, ¿practica el normal? Vamos, el que hace habitualmente la gente como yo, por ejemplo.
No, lo odio. De alguna manera me molesta que la gente no sepa valorar lo que está viendo… Quiero decir que parece que la gente solo va a hacer fotos, sin ningún interés por lo que está fotografiando, solo por tener esa foto… Eso no es ni turismo ni cultura… eso no es nada.
Oiga, ¿a dónde no iría? Me refiero en estos momentos.
A Estados Unidos. De hecho, no he ido nunca. Estuve un día de paso. No iría por principios.
Ya.
Cuando estuvo George W. Bush decidí no ir. Con Barack Obama iba a ir, pero no surgió, y ahora desde luego que no. ¡Bueno! No me darían el visado.
¿Por?
Por las cosas que he escrito en algunos sitios respecto a este presidente… Y ellos lo miran todo, así que estoy seguro de que no me darían el visado, con lo cual estaría orgulloso (se ríe) de que no me lo dieran.
Es más, querría que dijeran en algún sitio que no se lo dieron (risas).
Un sitio al que volvería, aunque ahora no es el momento, es Irán. Es uno de los países con más riqueza cultural. Es lo máximo en hospitalidad con la gente de fuera. La población no tiene nada que ver con la jerarquía.
¿Se nota mucho?
Muchísimo. Hay un divorcio entre la ciudadanía y quienes les mandan. El rechazo a quienes están en el poder debería estudiarse históricamente. ¿Por qué se quedaron allí? Cada vez que quisieron una democracia, les dieron un golpe de Estado. En el año 53 era un país democrático; salió elegido un presidente con un 80 % de apoyo y no se le ocurrió otra cosa que decir: “El petróleo es nuestro”. Automáticamente, Reino Unido y Estados Unidos dieron un golpe de Estado y pusieron en el poder al Sha de Persia, que explotó el país durante muchísimos años.
Y el pueblo se revolucionó.
¿Y salió mal la revolución? Pues sí.
Hábleme de Cuba, que sé que le interesa mucho este tema.
Me gustaría mucho volver. Estuve dos veces: la primera con mi mujer, en plan turístico; la segunda, solo con mi cámara. Ahora el mundo está pendiente de guerras y conflictos, pero a Cuba la están matando de hambre. La gente parece que no se da cuenta de esto.
Pues está claro.
Mire, cuando empezó el turismo en Cuba permitió que mucha gente viviera de él. Se alquilaban muchas habitaciones e incluso te organizaban dónde podías ir; ahora sería imposible.
¿Qué arreglo puede haber ahora para Cuba?
Que les ayuden otros países para salir de este caos, porque, si no, se van a comer unos a otros por hambre. Son unos supervivientes.