Baches y socavones en el suelo de caucho, juegos de madera desgastados y cubiertos de pintadas, y una sensación general de abandono son algunos de los males denunciados por los vecinos de Pumarín, que reclaman una reforma integral del espacio
Fue una de las noticias que más repercusión obtuvo de cuantas publicó este diario a finales del año pasado. Mediado diciembre, concretamente el día 11, cierta madre que había acudido con su hijo al parque Severo Ochoa de Pumarín -para los lugareños, el de la ‘URGISA’, llamado así por pertenecer a una manzana construida por la empresa Urbanizadora Gijonesa, SA– quedaba paralizada entre la sorpresa, la incredulidad y el asco al ver a tres ratas ‘disfrutando’ de los columpios del lugar. Más allá de la discutible ‘gracia’ del hecho -no faltaron quienes lo compararon con la deliciosa comedia de animación ‘Ratatouille’, de la factoría Pixar-, semejante hallazgo sirvió para que el tejido vecinal clamase por una muy necesaria campaña de supresión de dicha plaga. Sin embargo, los males que afectan al Severo Ochoa van más allá. Mucho más allá, de hecho. De un tiempo a esta parte, un número creciente de usuarios ha puesto el grito en el cielo ante la evidente y creciente degradación del parque, que continúa a la espera de una rehabilitación integral por parte del Ayuntamiento. Tales son los daños, que algunas personas ya han comenzado a tomar medidas cuando van allí con sus pequeños.
«Da pena ver el estado general de la zona de juegos», lamenta M. A., precisamente la mujer que, en diciembre, avistó las ratas en cuestión. Con un menor de edad a su cargo, y con el Severo Ochoa como el lugar más cercano para el esparcimiento al aire libre del pequeño, la abundancia de fisuras y baches en las losetas de caucho del parque -por no hablar de la más que evidente suciedad que las domina- encabeza la lista de motivos de malestar. «A veces, vienen los técnicos municipales, pero lo único que pueden hacer es poner remiendos en el suelo, y sirven de poco», lamenta la aludida. No lejos de ella, otra madre se suma a la queja, y admite que ella misma, como otros usuarios cuyos hijos tienen edades particularmente cortas, «no los soltamos; no nos atrevemos, porque los bebés caminadores se tropiezan y se caen». El foco de ese temor no son solo los socavones en las losetas de caucho; también los desniveles provocados por esas piezas con las que tratan de rellenarse. Además, retoma M. A., el aspecto general de esos segmentos multicolores, instalados de forma anárquica y rodeados de suciedad, es de «abandono total». Y lo mismo pasa con los juegos de madera; en su caso, toboganes, construcciones multifunción, casetas y cabañas, y demás equipos «están llenos de pintadas, muy descuidados». El conjunto no invita a ser usado… «Es como si estuviese muerto en vida, porque no avanza», concluye la segunda de esas dos madres.
Por supuesto, todo lo anterior ha llegado a oídos de Roberto Devesa, presidente de la Asociación Vecinal ‘Severo Ochoa’ de Pumarín y, por gusto personal, un habitual del Severo Ochoa. «Paso mucho por allí, y es totalmente cierto; lo que la gente nos dice sobre el mal estado de la zona de juegos salta a la vista», reconoce. Eso, y que, por el momento, el Gobierno local no está haciendo nada para paliarlo. Ni puestas a punto en profundidad, ni sustitución de aquellos elementos más degradados… Ojo, eso no quiere decir que la desatención sea total. «Es verdad que nos mejoraron los accesos y que pusieron cemento pulido en la antigua vía interior empedrada, y todo eso está muy bien; también hace mucho que no oigo nada de las ratas, y veo casi a diario a los operarios de la Empresa Municipal de Medio Ambiente (EMULSA), así que sucio, en general, no está», detalla. El problema se concentra, en efecto, en el área de juegos infantiles, que está «dejada de la mano de Dios», y se extiende hasta el apreciado conjunto escultórico del Severo Ochoa. El mismo que en 2024, al poco de que Devesa llegase al cargo, «el entonces concejal de Participación, Guzmán Pendás, aseguró que estaba aprobado, que había una partida para ello; luego llegó Abel Junquera, e insistió en lo mismo, prometiendo que en octubre del 25 se limpiarían las piezas, pero no se ha hecho».
Así las cosas, no sorprende que Devesa, como las madres y padres que disfrutan de las bondades del parque, exijan cumplimiento de las promesas hechas, más y mejores servicios y, sobre todas las cosas, coherencia política. «En general, Pumarín es un gran abandonado; calles como Andalucía, que renovaron hace tres años, están hechas una guarrería», explica. En ese contexto, conviene recordar que tanto Foro como el PP, en el Pleno municipal, tumbaron una moción presentada por el PSOE para tratar de enfrentar algunos de dichos males, algo que en el barrio todavía genera resquemor. «Dijeron que todo estaba muy bien, y es que eso es falso; que vengan a darse un paseo por el barrio, y lo comprueben», exclama. Claro que, por el momento, no han recibido nuevas, ni buenas ni malas, sobre un posible cambio de rumbo… «Salvo lo de los accesos y el camino, de la Concejalía no hemos sabido nada, y necesitamos esas actuaciones», concluye.














