El jurado reconoce el papel del banco mundial de semillas ubicado en el Ártico noruego como garantía frente a guerras, desastres naturales y amenazas para la seguridad alimentaria mundial

La Bóveda Global de Semillas de Svalbard, situada en el archipiélago noruego del mismo nombre, ha sido distinguida con el Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional 2026 por su labor de conservación de la biodiversidad agrícola y su contribución a la protección del suministro alimentario mundial frente a conflictos, catástrofes naturales o crisis derivadas del cambio climático. El fallo del jurado se hizo público este miércoles en Oviedo por parte de la Fundación Princesa de Asturias, que destacó el valor internacional de una infraestructura concebida como una gran reserva de seguridad para preservar semillas de cultivos esenciales procedentes de todo el planeta.
La candidatura había sido propuesta por Manuel Toharia, miembro del jurado del Premio Princesa de Asturias de Investigación Científica y Técnica, y fue elegida entre un total de 32 candidaturas de 17 nacionalidades. Conocida popularmente como la “bóveda del fin del mundo”, la instalación se encuentra excavada en una montaña helada de la isla de Spitsbergen, dentro del círculo polar ártico. Desde su inauguración en 2008, funciona como una copia de respaldo de los principales bancos de semillas del planeta, con el objetivo de garantizar la preservación de cultivos fundamentales para la alimentación humana en caso de guerras, desastres naturales, errores de gestión o pérdida de biodiversidad.
El complejo ocupa más de mil metros cuadrados distribuidos en tres cámaras subterráneas diseñadas para mantener temperaturas extremadamente bajas de manera estable, aprovechando además las condiciones naturales del permafrost ártico. Allí se conservan actualmente más de 1,3 millones de muestras pertenecientes a unas 6.300 especies vegetales procedentes de 129 instituciones y gobiernos de todo el mundo.
Entre las semillas almacenadas predominan variedades de arroz, trigo y cebada, aunque también se conservan otros cultivos estratégicos como maíz, soja, garbanzo, sorgo o diferentes especies de legumbres. El sistema funciona bajo un modelo de custodia internacional: las semillas continúan siendo propiedad exclusiva de los bancos o países depositantes, que son los únicos autorizados a recuperarlas cuando lo consideren necesario.
«Una póliza de seguro global” y un “símbolo de paz”
La gestión de la bóveda depende del Gobierno de Noruega, a través de su Ministerio de Agricultura y Alimentación, mientras que la administración técnica corre a cargo del Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NordGen). Su financiación cuenta además con el apoyo del Crop Trust, una organización internacional dedicada a la conservación de la diversidad agrícola en la que participan gobiernos, instituciones científicas y entidades privadas de distintos países, entre ellos España.
El jurado ha valorado especialmente el carácter humanitario y preventivo de una iniciativa considerada estratégica para la seguridad alimentaria global. En una visita realizada en 2009, el entonces secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, definió la bóveda como “una póliza de seguro global” y un “símbolo de paz”.
Más allá de su valor científico, la instalación ha demostrado ya su utilidad práctica en situaciones de crisis. Uno de los episodios más relevantes se produjo durante la guerra en Siria. En 2015, el Centro Internacional de Investigación Agrícola en Zonas Áridas (ICARDA) tuvo que abandonar su sede en Alepo después de que el conflicto devastara su banco de semillas. Gracias a las copias de seguridad almacenadas previamente en Svalbard, fue posible recuperar miles de muestras y replantarlas posteriormente en Líbano y Marruecos para reconstruir la colección perdida.
La actividad de la bóveda continúa creciendo año tras año. En 2024 se registró un récord histórico con más de 64.000 nuevas muestras depositadas por 61 bancos genéticos distintos, incluidas 21 instituciones que participaron por primera vez. Entre los últimos ingresos destaca también la llegada de semillas procedentes de Sudán, cuyo banco nacional de germoplasma resultó afectado por la guerra civil del país africano.
En febrero de este mismo 2026 se produjo además el primer depósito de semillas de olivo en la historia de la instalación, con participación destacada de instituciones españolas, junto a nuevas aportaciones de países como Guatemala y Níger.
La relevancia internacional del proyecto ha sido reconocida en numerosas ocasiones durante los últimos años. La revista Time incluyó la bóveda entre las mejores invenciones de 2008 y, en 2024, los científicos Geoffrey Hawtin y Cary Fowler —considerados impulsores clave del proyecto— recibieron el Premio Mundial de Alimentación en Estados Unidos.
El Premio Princesa de Asturias de Cooperación Internacional distingue la labor de personas e instituciones en ámbitos relacionados con el desarrollo, la salud pública, la educación, la protección medioambiental y el progreso social de los pueblos. El galardón está dotado con una escultura de Joan Miró, un diploma, una insignia y 50.000 euros.
La entrega de los Premios Princesa de Asturias se celebrará, como es tradición, el próximo mes de octubre en el Teatro Campoamor de Oviedo, en una ceremonia presidida por los Reyes de España y con la presencia de la Princesa de Asturias y la Infanta Sofía.