El individuo, de 73 años, paseaba cerca del borde del acantilado cuando, de pronto, perdió pie y se despeñó; afortunadamente, solo sufrió heridas leves, y fue rescatado rápidamente por efectivos del Cuerpo de Bomberos y de la Policía Local

Una vez más, el cerro de Santa Catalina, ese impagable balcón al Cantábrico que hace las delicias de Gijón y de quienes la visitan, ha vuelto a hacer gala de sus dos caras: la de su belleza incontestable, y la de la trágica sombra que, en ocasiones, lo cubre. No obstante, en esta ocasión el drama ha tenido un final mucho más feliz que otros sucedidos en el pasado. Porque ayer miércoles, mediada la mañana, un hombre de 73 años que paseaba cerca de borde perdía pie y, de forma totalmente accidental, se precipitaba acantilado abajo, sin posibilidad de ascender por sus propios medios. Ni qué decir tiene que el susto entre quienes se hallaban en las inmediaciones a esas horas fue mayúsculo… Sin embargo, que no cunda el pánico; el individuo no solo pudo ser rescatado, sino que, para sorpresa de todos los presentes, sus lesiones fueron de carácter leve.
Las causas de tan aparatoso incidente todavía se están tratando de esclarecer, aunque las primeras hipótesis apuntan hacia un despiste, o un exceso de confianza al acercarse al límite del cerro. En cualquier caso, fue necesario un despliegue conjunto de efectivos del Cuerpo de Bomberos municipal, y de agentes de la Policía Local, para descender hasta la posición en la que se encontraba el hombre. El operativo dio sus frutos y, finalmente, el último pudo ser izado con seguridad, embarcado en una ambulancia y trasladado a la carrera al Hospital de Cabueñes. No obstante, pronto se confirmaba la levedad de sus heridas, lo que relegaba lo ocurrido a un mero susto… Y a una lección de prudencia que, muy probablemente, el protagonista de esta noticia jamás olvidará.