El Muséu del Pueblu d’Asturies recibe una extraordinaria donación de más de 400 etiquetas y carteles, elaborados en los años cuarenta por la Compañía Asturiana de Artes Gráficas de Gijón para toda España
Hace quince días el director del Muséu del Pueblu d’Asturies, Juaco López, llegó a una casa de Vegadeo a la que había sido citado. Su propietaria, Amparo Garcia Villar, quería mostrarle una serie de “papeles” que conservaba de la actividad laboral de su padre, último tesorero de la Compañía Asturiana de Artes Gráficas, de Gijón, antes del cierre de la empresa, en 1970. López es un director en la calle, que durante décadas ha orientado su trabajo en el contacto con los vecinos, de oriente a occidente y de sur a norte, para recuperar las pequeñas memorias que forman parte de la gran identidad asturiana.
Mientras le conducían por la casa familiar, a López le llamó la atención un cajón escondido, que le permitieron desentrañar. Ahí estaba el tesoro, arrinconado: un gran cuaderno que recopilaba los restos de la historia de una de las empresas de diseño publicitario más importantes de la ciudad, cuyos recuerdos de su primera actividad fue destruida por un incendio y de la que el Museo no tenía información. Los trabajos publicitarios ahora recuperados destacan por la calidad de los dibujos y los vivos colores. Este hallazgo, que la propietaria ha donado a la institución cultural, viene a ocupar un vacío de la primera mitad del siglo XX, en el relato de la identidad gráfica incluido en las colecciones. El muestrario de trabajos contiene 451 etiquetas, envueltas de tabletas chocolate y pequeños carteles realizados entre 1945 y 1965 por la empresa.
Los impresos están pegados en las hojas de una libreta de 24,5 x 32 cm y en hojas sueltas de esa misma medida. “Su estado de conservación es muy bueno. Gracias a esta colección se constata, por un lado, la riqueza y la calidad del trabajo de esta litografía gijonesa y, por otro, la expansión geográfica del negocio, que abarcaba casi toda España, en un periodo para el que se conservan pocos testimonios”, informan desde el Muséu del Pueblu d’Asturies. Hay etiquetas para botellas de bebidas alcohólicas (sidra champagne, anís, vino, vino quinado, cerveza, ginebra, brandy, jerez y ponche); botellas de lejía; latas de conservas vegetales (melocotón, pimientos asados, alcachofas, cabello de ángel, guisantes, tomate); latas de conservas de pescado (bonito asalmonado, bonito con guisantes); latas de fabada; cajas de galletas; paquetes de achicoria; cajas de puros; quesos; productos cárnicos; envueltas de tabletas de chocolate y de caramelos, entre tantos.
“Es la gran compañía de litografía asturiana y lo que llama la atención es que trabajaron para toda España, desde Murcia, Alicante, Bilbao a Galicia”, reconoce Juaco López, muy sorprendido y contento por el encuentro con un conjunto esencial para el patrimonio cotidiano. Son trabajos para empresas dedicadas a industrias agroalimentarias y de bebidas alcohólicas. La Compañía Asturiana de Artes Gráficas fue fundada en 1901 y tuvo la sede en el barrio de El Natahoyo. Trabajaba la litografía, la fototipia, el fotograbado y la tipografía, y como señala el historiador Francisco Crabiffosse Cuesta, fue una iniciativa del litógrafo y dibujante Julio García Mencía y el empresario Alberto Paquet García-Rendueles a la que se sumaron varios industriales gijoneses.
Este conjunto se relaciona con los fondos que Juaco López rescató de la Litografía Muñiz y de la Litografía Viña, ambas ubicadas también en Gijón. El director explica que son materiales difíciles de conseguir y muy raros, pues las etiquetas y las envueltas son impresos de uso cotidiano y efímero, de usar y tirar. Ha llegado hasta nuestros días gracias al empeño de Amparo García Villar por conservar la memoria que quiso atesorar su padre José García Álvarez, que entró a trabajar en la compañía con 18 años, en noviembre de 1937, y en ella permaneció hasta el cierre, tres décadas después.






