Los servicios de emergencias contabilizan más de una veintena de intervenciones a consecuencia de las fuertes rachas, que llegaron a provocar cortes de tráfico en diversas calles; aun así, afortunadamente, no constan heridos de consideración
Quizá no fuese totalmente inesperado… Pero sí que, en Gijón, cogió a muchos por sorpresa. Con las tórridas temperaturas y las altísimas presiones registradas ayer miércoles en la ciudad, era cuestión de tiempo que el tiempo terminase por estallar, cosa que sucedió mediada la tarde, en forma de una rachas de viento que, por su sorprendente fuerza, pocos podrán olvidar. En cuestión de minutos la ropa hubo de ser retirada de los tendales; las terrazas, recogidas a toda prisa; los objetos móviles más ligeros, asegurados, y las calles, despejadas. Tollas ellas, precauciones lógicas, desde luego, pero que no impidieron que, mientras duró en vendaval, se registrasen un buen puñado de incidentes dentro del término municipal. Tanto fue así que, según han indicado fuentes extraoficiales, los servicios de emergencias locales realizaron más de una veintena de intervenciones, con aquellas motivadas por árboles caídos encabezando una hipotética lista por gravedad. Afortunadamente, no hubo que lamentar heridos de consideración.
De todos los hechos registrados, uno de los más serios se produjo en el camino de la Fábrica de Loca, en el barrio de Moreda. Allí, a pocos metros del Colegio Público ‘Atalía’, un árbol de grandes dimensiones cedía ante el embate del aire, y se desplomaba sobre la carretera, bloqueando el tráfico, sí, aunque sin alcanzar a nadie. ¿Un milagro? ¿Puro azar? Cada cual lo decidirá, aunque algunos padres y vecinos no tardaron en mostrar su indignación, toda vez que, afirmaban en declaraciones a este diario, «hace tiempo que se viene avisando al Ayuntamiento de que hay que podar y desbrozar, pero ni caso, y luego pasa lo que pasa». Incluso uno de los consultados, retomando la elección anterior, se posicionaba definiendo como «casi milagroso que no matase a un montón de niños». Claro, que no fue el único ejemplo de elemento vegetal vencido por el viento… En otros puntos del municipio se vivieron escenas parecidas; sin ir más lejos, en el parque de Isabel la Católica, donde otro árbol se partió y terminó en el cauce del Piles.
Por supuesto, no solo lo natural sufrió la ira del mal tiempo de ayer. Las ya clásicas escenas de contenedores derivando de un lado a otro fueron norma en varios barrios de Gijón, y aquí y allá, en los establecimientos hosteleros menos rápidos a la hora de desmontar sus terrazas, hubo ceniceros volando, carteles publicitarios levantados de sus puestos, consumiciones volcadas, y hasta mesas y sillas agitadas cual cóctel listo para servir. Tampoco cornisas y tejaron eludieron el zarpazo del aire… Y dentro de esa categoría se encuadra otra de las escenas icónicas de la jornada, que ha circulado como la pólvora por las redes sociales: en Menéndez Pelayo, en las inmediaciones del parque de la Fábrica de Gas, parte del techo de una vivienda era arrancado de cuajo por las rachas, y agitado hasta hacerlo pasar de su habitual horizontalidad a un ángulo prácticamente recto y, después, volcarlo sobre sí mismo. Efectivos del Cuerpo de Bomberos de Gijón tuvieron que desplegarse allí para evaluar los daños y aplicar medidas preventivas, ante la espantada mirada de los vecinos de la zona. Por suerte, tampoco allí se dieron heridos.




