Las opiniones se polarizan tras el anuncio municipal, con denuncias de inseguridad en las aceras y acusaciones de castigo colectivo a los usuarios responsables

La decisión del Ayuntamiento de Gijón de restringir la circulación de patinetes eléctricos en varias zonas del centro de la ciudad ha provocado una oleada de reacciones entre vecinos, usuarios y trabajadores que utilizan este medio de transporte. Las redes sociales se han convertido en el principal escenario de un debate que enfrenta a quienes consideran la medida necesaria para mejorar la seguridad peatonal y quienes la califican como una prohibición injusta que castiga a todos por las infracciones de unos pocos.
La controversia llega en un momento en el que los vehículos de movilidad personal se han consolidado como una alternativa habitual para miles de desplazamientos diarios. Precisamente por ello, numerosos usuarios han mostrado su malestar al entender que las administraciones han ido exigiendo cada vez más requisitos para poder circular y que, pese a ello, ahora se encuentran con nuevas limitaciones.
«Les mandasteis matricular los patinetes, hecho; sacar seguro, hecho; llevar casco, hecho; y ahora no se puede circular por el centro», lamenta uno de los comentarios publicados tras conocerse la medida. Para muchos usuarios, el problema no es el vehículo, sino el incumplimiento de las normas por parte de una minoría. «Que se pongan a multar al que vaya mal y punto», resume otro vecino.
Esta petición de una mayor vigilancia policial es una de las ideas que más se repiten en el debate. Numerosos ciudadanos consideran que la solución debería pasar por reforzar los controles y sancionar a quienes circulan por las aceras, se saltan semáforos o incumplen la normativa de tráfico. «La Policía tiene que implicarse en toda la ciudad y empezar a multar en todo Gijón a quien incumpla las normas al ir en patinete», señala uno de los mensajes más respaldados.
También existe preocupación por el impacto que la restricción puede tener sobre quienes utilizan el patinete como herramienta de trabajo. Varios participantes en el debate recuerdan que muchos repartidores y trabajadores recurren a este vehículo para desplazarse de forma rápida y económica. «No saben cómo fastidiar a la gente; es donde encuentran la posibilidad de ganarse la vida los que trabajan usándolo como medio de transporte», afirma uno de los comentarios.
Algunos vecinos consideran además que el Ayuntamiento está recurriendo con demasiada frecuencia a las prohibiciones como respuesta a los problemas de convivencia urbana. «En Gijón parece que la solución a cualquier problema es siempre la misma: prohibir. Regular es gobernar; prohibir constantemente es reconocer que no se sabe gestionar», sostiene otro usuario.
Sin embargo, las voces favorables a la restricción también son numerosas y contundentes. Muchos peatones aseguran sentirse inseguros ante el comportamiento de algunos usuarios de patinetes, especialmente en zonas peatonales muy transitadas del centro.
«Justificadísimo, hartazgo de que estén por las aceras sin respetar señal alguna», afirma uno de los comentarios. Otro vecino va más allá y asegura que «los patinetes son un peligro serio para los transeúntes». La principal preocupación gira en torno a la circulación por aceras y calles peatonales a velocidades elevadas, una conducta que numerosos ciudadanos denuncian haber presenciado de manera habitual.
«Hoy pasaron cuatro a toda velocidad por la calle peatonal donde estaba. Se podían haber llevado a alguien por delante», relata una persona. En términos similares se expresa una vecina del centro que asegura haber tenido que apartarse en varias ocasiones para evitar ser arrollada. «Voy caminando tranquila por la acera y viene un patinete a toda velocidad como si fuera por la autovía», denuncia.
La convivencia entre peatones y usuarios de vehículos de movilidad personal aparece así como uno de los principales puntos de conflicto. Muchos ciudadanos insisten en que el problema no es el patinete en sí mismo, sino el uso indebido que algunos hacen de él. «El problema no es el patinete sino quién lo lleva. Las aceras son para los peatones y el asfalto para los vehículos de dos ruedas», resume uno de los participantes en el debate.
Entre quienes apoyan la medida también existe la sensación de que la falta de control durante los últimos años ha desembocado en la situación actual. «Ellos solitos se lo han buscado: direcciones prohibidas, llevando pasajeros, sin casco, sin luces y con cacharros trucados», señala uno de los comentarios más duros.
No obstante, incluso entre quienes reconocen la existencia de problemas, muchos cuestionan que la prohibición se aplique únicamente en el centro de la ciudad. «O todo Gijón o nada», reclama un vecino. Otros se preguntan por qué la seguridad de los peatones parece preocupar únicamente en determinadas zonas. «¿Solo tienen derecho a estar seguros los peatones del centro? ¿Los de los barrios no?», plantea otro comentario.
La discusión también ha servido para comparar los riesgos asociados a los patinetes con los de otros medios de transporte. Algunos participantes recuerdan que los accidentes más graves en las ciudades siguen estando relacionados con automóviles y motocicletas. «Si de peligro hablamos, que alguien presente estadísticas de atropellos con heridos graves por patinete y por coche», reclama un usuario.
Mientras tanto, otros defienden una regulación más exigente que incluya matrícula visible, seguro obligatorio e incluso algún tipo de examen teórico para circular. «Si se mueven por la calle tienen que cumplir las mismas leyes que motocicletas y vehículos particulares», argumenta uno de los comentarios.
A la espera de que la medida entre plenamente en vigor, el debate continúa creciendo. Lo que parece evidente es que la polémica ha puesto sobre la mesa una cuestión de fondo: cómo compatibilizar la expansión de nuevas formas de movilidad urbana con la seguridad y la convivencia en el espacio público. Un reto para el que, por el momento, Gijón sigue buscando un punto de equilibrio.