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martes, 2 junio, 2026
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Decibelios contra sueño, pueden apostar a ganador

Andrés Presedo por Andrés Presedo
01/06/26
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La aplicación de la nueva Ley de Espectáculos, con manga ancha para conciertos hasta en terrazas, abre una vía donde los antecedentes de ‘responsabilidad’ no apuntan a nada bueno para el descanso de los vecinos. Ejemplos hay sobrados, pero los hosteleros (sobre todo algunos) se han salido otra vez con la suya

A fuerza de ser considerado un aguafiestas o calificado como ‘el triste oficial de la villa’, no puedo dejar de poner sobre el tapete los peligros de la espita ahora abierta con la modificación aprobada por el Principado, y recibida como un nuevo maná por el Ayuntamiento de Gijón, de la Ley de Espectáculos Públicos y Actividades Recreativas. Al cambio, después de años de contenciosos, se abre de par en par la puerta a actividades lúdicas de todo tipo, eso sí, se dice que en pequeño formado, en los establecimientos de hostelería para mayor gozo, se supone, de los  clientes y, seguro, para mayor caja de los empresarios, que llevan años persiguiendo este objetivo. Otra cosa es lo que acabará sucediendo con los vecinos, sobre todo con los que tengan la mala fortuna de que su merecido descanso, tanto diurno, si así lo desean, como nocturno, pase a depender exclusivamente de la “declaración responsable” de los propietarios de los locales implicados en cualquier feliz, cultural y, generalmente, ruidosa iniciativa.

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Para jugar, al menos en esta ocasión, de abogado del diablo de la tormenta que se puede venir encima a los sufridos ciudadanos, sobre todo  los que tengan la ‘mala fortuna’ de tener una terraza hostelera bajo sus ventanas, pero no sólo, no tengo nada más que acudir, como en los tribunales de justicia, a las pruebas, a las evidencias, a los ejemplos de desmanes ya perpetrados en la ciudad, eso sí, en tiempos en los que la regularización de los ruidos en la vía pública era más laxa, incluso permisiva, y apenas se podía constatar con la visita a la vivienda del afectado de una patrulla de la Policía Local ‘armada’ de un aparatito para detectar la sobredosis de decibelios llegados del exterior. Los hosteleros, y no siempre, aplicaban la vara del ‘tira p’alante’ amparados en la mera esperanza de que ninguno de los vecinos afectados, pijama en ristre, marcara el 092. Ahí se solía acabar la fiesta, la venta de copas por carencia de permisos, aunque no siempre. Ahora, además, ya hay una Ley que, me temo, será la del más fuerte, es decir, algo así como decibelios contra sueño y descanso. Dicho de otra forma, el lobby hostelero contra el vulgar ciudadano. Pueden apostar a ganador.

Me voy a remontar al siglo pasado, allá por finales de los años noventa, en tiempos donde la eclosión turística ni siquiera podía olerse en esta hermosa villa de la Costa Verde e incluso el entorno del puerto deportivo era casi en exclusiva lugar de residencia de vecinos que pagan los impuestos en esta ciudad. De repente, un estruendo llegado del exterior hace que me levante sobresaltado del sofá. Era primera hora de la madrugada y en mis oídos percutían los sones del ‘que viva España’ de don Manuel Escobar. Como era menester, me asomo a la ventana en la creencia de que algún desalmado automovilista había estacionado bajo ‘mis cuarteles’ con la capota retirada y los altavoces a toda máquina, pero, no era eso, era algo mucho más surrealista. En los mismos jardines, el propietario del tristemente famoso Pub Nelson había decidido colocar una especie de jaima en versión astur con una veintena de sillas para sus clientes y hasta un pequeño escenario preparado para las ‘estrellas del cante’ que, pretendía, iban a amenizar, en directo, la noche turística. 

El ruido era imponente a la par que desagradable. Lo dicho, llamada a la Policía Local que, con máxima diligencia, en apenas media hora desalojó el chiringuito clandestino en pleno centro de la ciudad. Y ya que hablo de chirigotas, la cosa tuvo más guasa porque, a los pocos días, el dueño del pub en cuestión se encaró con quien esto escribe dentro del mismo ayuntamiento (es obvio que sabía quién lo había denunciado) y me acusó, escuchen, de ser ‘antigijonés’. Su pliego de cargos era únicamente no haberle permitido vender copas toda la noche a costa de mi descanso y, por supuesto, el de las decenas de vecinos restantes de su particular chiringuito. Todo muy ‘responsable’.

Pero hubo más, bastantes más episodios de similar responsabilidad y todo ello sin moverme de mi propia casa. La música, sobre todo la amplificada, es muy sabrosa para el sector hostelero y, a poco que se les conceda el dedo, no escatiman en muchas ocasiones en apropiarse del brazo, de la pierna o del cuerpo entero si con ello satisfacen a sus clientes. De hecho, llegan a hacerlo aunque ni siquiera tengan una uña a la que  agarrarse. ¿Quieren otro ejemplo? La Autoridad Portuaria concedió hace años licencia para la terraza hostelera en los Jardines de la Reina. Hasta ahí, todo correcto: ambiente para la zona y dineros para El Musel que no está precisamente sobrado, como es más que conocido. Terraza sí, pero sin licencia para música de ningún tipo, al estar a apenas cinco metros de las casas. Craso error. Desde el primer día se hizo presente la música y, de nuevo, actuó  la denuncia pertinente. Otra vez  la responsabilidad brilló por su ausencia y los ‘papeles’, vía Policía Local, mandaron la música a otra parte.

Por último, para no aburrirles como aguafiestas mayor, también hace unos quince años, pero eso es lo de menos, desde los Festejos municipales (aquí la responsabilidad nada tuvo que ver con la hostelería) se tuvo la feliz idea de organizar las ‘Noches en blanco’ que, traducido al castellano, era poner a bandas de rock a tocar a todo volumen sobre un escenario al aire libre al lado de las ‘letronas’  y, eso sí, a partir de las doce de la noche. Se pueden imaginar el estruendo y la nochecita dada a centenares, por no decir miles, de vecinos. Sólo hubo una ‘noche en blanco’ para alivio general porque, para más inri, era un día laborable. Esta no la paró la ‘poli’ porque la organizaba el mismo ayuntamiento. No se tiene noticias de que ningún concejal viviera por el entorno, pero responsabilidad, lo que se dice responsabilidad, la justa.

Ahora se abre la espita y se abre nada menos que con los parabienes legales. Los hosteleros (sobre todo algunos) han logrado, otra vez, su objetivo. Habrá que esperar de forma ‘responsable’ los resultados, pero no es descabellado vaticinar que, una vez más, el ‘Hayuntamiento’ de Gijón se escriba así, con H y no precisamente de ‘histeria’. Ya me entienden.

Comentarios 1

  1. Victor Fernández says:
    14 horas ago

    Le animo a leer la modificación de la norma. En ella vera que en el caso de las terrazas, la nueva norma establece una distancia mínima de 40 metros con el vecino más cercano.
    La nueva norma no exime del cumplimiento del resto de normativas en cuanto a ruido y seguridad. Se establecen unos horarios y los locales podran ser sancionados si no cumplen con su declaración.
    No solo ha sido un triunfo de los hosteleros. Muchos artistas y particulares hemos luchado por esta modificación que en la practica solo regula algo que ya ocurre en la ciudad sin que se perciban problemas vecinales y que durante años funciono a traves de Siente Xixon sin mas quejas que las del ocio nocturno.
    No confunda otro tipo de festejos y eventos con las actuaciones de pequeño formato que son perfectamente compatibles con el descanso vecunal.

    Responder

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