
El público respondió con una entrega absoluta a un repertorio repleto de canciones que han marcado generaciones
Está claro que Alejandro Sanz sigue despertando pasiones y nostalgias. Esto último, especialmente entre aquellas “jovencitas” que pudieron verlo y escucharlo hace ya 25 años, no muy lejos de donde lo hicieron ayer: en el estadio de El Molinón, dentro de su gira «Corazón Partío».
Ese “temazo” se tarareó incluso mientras se hacía cola para acceder a un recinto perfectamente organizado en el parque de los Hermanos Castro, cómodo y con visión del escenario desde todos los puntos. Un diez.
¿Los asistentes? Pues de todas las edades y procedencias, aunque, para ser verdaderamente estrictos, predominó más la madurez que la juventud. Eso sí, no faltaron el brilli-brilli, el animal print, los vestidos lenceros o las banderas con el nombre del cantante llegadas, por citar algunos lugares, desde Valladolid o Medina del Campo.
Entre todo este variopinto cóctel de vestimentas —ya nada es como antes, cuando primaba la comodidad sobre el coqueteo— destacaron dos parejas llegadas desde Salamanca. Pilar, Eva, Gonzalo y Ángel —este último confesaba que no se sabía muy bien la letra de alguna canción— esperaron su turno para entrar enfundados en unas camisetas expresamente diseñadas para el concierto que el cantante ofreció en Santiago de Compostela en 2016 y que, casualmente, contó con la colaboración de otro gran artista que nos visitó la semana pasada: Antonio Orozco.
Ya dentro del recinto, «petao» de gente, el buen ambiente inundó las zonas verdes aledañas a los establecimientos hosteleros, las gradas y una pista cómoda con visibilidad total del escenario, que contaba con dos pantallas gigantes.
Y sobre las 22.10 horas, el artista madrileño, criado en Algeciras, tomó el escenario con «Desde cuándo» para continuar con «Capitán Tapón», «Por bandera» y otros éxitos, hasta completar una actuación repleta de temas tan vendidos como escuchados, entre ellos «Y si fuera ella» o «Corazón Partío».
No hay duda: la de ayer fue una noche brillante en cuanto a sonido —ya pueden tomar nota otros festivales—, organización, nostalgia a puñaos y, para los de aquí, asturianía y orgullo de bandera. Si encima la blandió Alejandro Sanz, la emoción fue aún mayor.















