Quince años sin un líder carismático alimentan el pulso entre quienes quieren volver a ganar elecciones y quienes priorizan conservar influencia

Las primarias municipales del PSOE han reabierto en Gijón un debate que la organización arrastra desde hace más de una década. No se trata únicamente de elegir quién encabezará la candidatura socialista a las elecciones de 2027, sino de resolver una cuestión que persigue al partido desde la retirada de los grandes liderazgos que marcaron la política gijonesa durante años: la incapacidad para encontrar una figura con el peso político, el carisma y la capacidad de arrastre electoral que en su día representaron Vicente Álvarez Areces y Paz Fernández Felgueroso.
Han pasado quince años desde que el PSOE dejó de contar con líderes de ese calibre. Desde entonces, la agrupación ha transitado por diferentes etapas, candidatos y direcciones sin lograr consolidar una figura capaz de unificar al partido, conectar con la ciudadanía y ejercer una autoridad política indiscutida dentro de la organización. Esa carencia explica buena parte de las tensiones que han acompañado la vida interna del socialismo gijonés durante los últimos años.
Hoy, el debate enfrenta dos visiones muy diferentes sobre el futuro del partido.
Por un lado se sitúa una parte importante de la afiliación, que considera que el PSOE de Gijón necesita volver a tener un liderazgo reconocible. Un dirigente con capacidad para ganar elecciones, marcar agenda política y reconstruir la conexión histórica entre el partido y la ciudad. En ese espacio es donde aparece el nombre de Monchu García.
El actual secretario general de la Agrupación Socialista ha ido consolidando una posición singular dentro de la organización. Su figura genera respaldo entre buena parte de la militancia y también entre algunos dirigentes históricos que consideran que la concentración del liderazgo orgánico y electoral permitiría recuperar un modelo que funcionó durante décadas. Una ‘Vía García’ en la que la Casa del Pueblo y el Ayuntamiento hablasen el mismo idioma político y compartan una estrategia común.
Esa es precisamente una de las ideas que más fuerza está ganando entre la afiliación: recuperar la antigua fluidez entre la Agrupación Socialista y el grupo municipal, evitando las bicefalias que han caracterizado algunas etapas recientes del partido. La referencia inevitable es el modelo que durante años representaron Areces y posteriormente Paz Fernández Felgueroso, donde el liderazgo orgánico y el institucional caminaban en la misma dirección.
Sin embargo, esa visión convive con otra muy distinta dentro de la organización.
Entre algunos referentes del PSOE gijonés sigue existiendo una cultura política basada en los equilibrios internos y en el reparto de influencias entre las distintas familias que han configurado la agrupación durante décadas. Nombres como José Manuel Sariego, Francisco Villaverde, Pedro Sanjurjo, Justo Rodríguez Braga y José María Pérez forman parte de una escuela política que protagonizó algunos de los años de mayor poder institucional del socialismo local y que todavía conserva capacidad de influencia en determinados sectores de la militancia.
Aunque sus posiciones no siempre coinciden, existe entre ellos una preocupación compartida: evitar que emerja un liderazgo excesivamente autónomo que altere los equilibrios tradicionales de la organización. La prioridad de estos sectores no sería tanto encontrar una figura carismática como identificar un candidato capaz de mantener cohesionadas las distintas sensibilidades internas y garantizar una transición sin sobresaltos.
En otras palabras, mientras una parte de la afiliación busca un líder que pueda volver a ganar elecciones, algunos sectores históricos continúan priorizando la elección de un candidato políticamente controlable.
La diferencia es importante porque afecta al modelo de partido que se construirá durante los próximos años. Un liderazgo fuerte tiende a concentrar decisiones, generar estructuras propias y reducir el peso de las familias tradicionales. Un liderazgo más dependiente de los consensos internos mantiene la influencia de quienes durante décadas han ejercido como intermediarios entre los distintos sectores de la agrupación.
Por eso la discusión actual trasciende los nombres concretos que puedan concurrir a las primarias. Lo que realmente está en juego es si el PSOE de Gijón quiere seguir funcionando como una organización articulada alrededor de sus corrientes históricas o si está dispuesto a apostar por una figura capaz de recuperar el protagonismo político perdido desde la salida de escena de Areces y Felgueroso.
Quince años después de la desaparición de aquellos grandes liderazgos, el socialismo gijonés vuelve a enfrentarse a la misma pregunta: si necesita un candidato que mantenga los equilibrios internos o un líder que aspire a volver a conquistar la ciudad. En tiempos de duda, algunos recomiendan una visita al paseo de Tini Areces.