
El pasado abril el autobús de ALSA que conducía sufrió un accidente al chocar contra un turismo que circulaba a alta velocidad por el Alto del Infanzón; su rápida reacción salvó su vida y la de los doce pasajeros que iban a bordo
Los vecinos de la parroquia de Somió unieron filas en torno a la conductora de ALSA Zaira Hinojosa Vega. Y lo hicieron por unanimidad, sin fisuras, porque la historia de esta ya heroína hizo que el autobús que conducía no se convirtiera en una trampa mortal para los usuarios que iban en él.
El accidente ocurría el pasado abril en la carretera N-632, en un tramo repleto de curvas como es el que pasa por el Alto del Infanzón para desviarse hacia el camping de Deva.
El autobús que conducía Hinojosa chocó con uno de los dos vehículos que iban conduciendo temerariamente y sin frenos y, desestabilizado, recorrió unos metros antes de volcar.
“Solo me dio tiempo a pensar ‘El talud o el terraplén'», cuenta la conductora, y prosigue «el segundo no me iba a frenar, así que…».
Ese pensamiento, de milésimas de segundo, la salvó a ella y a los doce pasajeros del autobús. Como consecuencia del brutal impacto, el vehículo circuló varios metros, desestabilizado, y acabó volcado en la calzada sobre su lateral derecho. La conductora consiguió dirigir la trayectoria hacia el talud del margen izquierdo y evitar de esta forma caer por la pendiente de la derecha. Los doce pasajeros y la propia conductora pudieron salir por sus propios medios.
«La ayuda llegó rapidísimo», recordaba.
Tampoco olvidará el reconocimiento de los vecinos de Somió. Arropada por Jacobo Cosmen, presidente de ALSA; Javier Álvarez, jefe del Servicio de Bomberos; Arturo Artime, jefe de Policía Local, ambos de Gijón; Toño Migoya de Fundación Gijón Rural, además de infinidad los miembros de la asociación vecinal San Julián, y donde no faltó la alcaldesa, Carmen Moriyón, agradeció «el no estar sola» ante lo que pudo ser una desgracia. Gracias a su pericia no lo fue.


