
Con el reciente fallecimiento del veterano hostelero, todo un símbolo en Cimavilla, se cierra un capítulo de la actividad orientada al público en dicho barrio cargado de historia, anécdotas, buena música y saber hacer
La discreción fue su sello personal; la lealtad y fidelidad por su gente, su mayor virtud. Su legado, el haber estado cuarenta y cinco años al frente de un bar icono de generaciones en Gijón, El arca de Noé, en Cimadevilla. Concretamente en la calle Escultor Sebastián Miranda.
Paco Caramés, ‘Paco el del arca’, nos dejó hace apenas unos días. Era el mayor de cuatro hermanos. Su marcha fue silenciosa y discreta, como su vida, recorrida siempre sobre una bicicleta.
Una septicemia, producida hace un par de años, no dejó que Paco se recuperara de un ictus sufrido el pasado domingo.
Siempre fiel a su música, amaba el jazz y el flamenco, la música cubana… Su local no siguió ni normas de modernismo, ni cambios decorativos. Ese era su sello personal.
Hacer bien sus famosos carajillos y dejar que la música -él mismo la elegía guiándose por su buen gusto y por Babelia, suplemento de El País dedicado a la literatura, música, teatro- acompañara las conversaciones de los clientes, nunca al revés, fue lo que hizo que El arca de Noé fuera punto de encuentro de diferentes generaciones.
Paco hoy forma parte del pasado de la hostelería bien hecha.
El día del eclipse, el fenómeno astrológico que todos esperamos el 12 de agosto, cumpliría años.



Gran persona. Tuve el privilegio de conocerle en los años 90 y era la humildad personificada. Mis condolencias a la suyos.