
«Crear rápidamente plazas de aparcamiento en Montevil prueba que muchas calles pueden mejorarse con pintura y poco más. ¿Por qué esa agilidad no aparece para acortar pasos de cebra, facilitar el paso del autobús o mejorar los entornos escolares?»

Días atrás se anunciaba la creación de nuevas plazas de aparcamiento junto a la plaza Sara Suárez Solís, en Montevil. Quien conozca el lugar sabrá que esa extraña plaza está atravesada por cuatro carriles, dos por cada lado, además de sus bandas de aparcamiento. Todo muy generoso.
Tanto es así que se había convertido en norma no escrita que los clientes de los negocios hosteleros aparcasen en uno de los carriles, aunque estuviera indicado que no podían hacerlo. Como tampoco es una calle con gran circulación, aquello no parecía comprometer la sacrosanta fluidez del tráfico.
Finalmente, la situación se ha regularizado con rapidez, algo de pintura y una banda peatonal. No ha pasado nada: se podía y se hizo.
Nada de esto resulta extraño en Gijón. Ni los carriles desmesurados o absurdamente estrechos, ni las actuaciones exprés que parecen responder más a una petición concreta, probablemente del sector hostelero, que a una lectura general de las necesidades de la zona.
Carriles demasiado anchos

Que las calzadas sean tan anchas quizá no haya creado un problema grave en esta plaza. En otras calles, sin embargo, sí lo hace. En este tipo de vías se suele circular demasiado rápido. Si no hay semáforos, pasos de peatones u otros elementos que obliguen a reducir la velocidad, la percepción al volante es que existe margen para correr. Ejemplos hay muchos: desde la avenida de la Constitución o Pablo Iglesias hasta Velázquez o la antigua carretera Carbonera.
Otro problema habitual es la doble fila. Cuando el tráfico no justifica dos carriles, uno termina convertido en zona informal de parada. En la avenida de Roces, en Nuevo Roces, o en Feijóo, en El Coto, la situación resulta sangrante. Atravesarlas en hora punta se parece a un videojuego en el que hay que ir esquivando vehículos. Puede resultar entretenido para quien se aburra al volante, pero no para el autobús ni para quienes circulan en bicicleta o VMP. ¿Cargas y descargas? Mínimas y mal distribuidas.
Para los peatones el problema tampoco es menor. Estas calzadas suelen tener pasos demasiado largos, difíciles de cruzar para personas mayores o con movilidad reducida. Si, además, nada obliga a aminorar la marcha, la combinación de velocidad y largos recorridos peatonales resulta peligrosa.
Carriles demasiado estrechos
También tenemos ejemplos de lo contrario, y la situación no mejora. Hay calles tan estrechas que autobuses y camiones de basura deben circular por el centro. En algunos casos, dos autobuses de la misma línea tienen que turnarse para pasar.
Y no hablo de la calle Munuza, sino de vías de El Coto como Leopoldo Alas o Muros de Galicia. En esta última, los conductores de la línea 15 deben buscar un hueco para dejarse pasar porque dos autobuses no caben. Además, es una calle recién asfaltada que conserva dos filas de aparcamiento y unas aceras que fue necesario ensanchar delante de un colegio. ¿Por qué no se aprovechó la actuación para mejorar el conjunto de manera exprés, sobre todo cuando una de esas filas sólo se ocupa completamente en momentos concretos?
Actuaciones exprés
Si estas situaciones se repiten por toda la ciudad, ¿por qué no se corrigen con la misma sencillez y velocidad? ¿por qué se han retirado otras que si mejoraba la vida del peatón/a? ¿Por qué no existe un plan continuado? Y, si existe, ¿por qué no se hace público? Es bueno hacerse preguntas.
Esta actuación demuestra que no siempre hace falta reformar una calle por completo, como ya habíamos aprendido años atrás en grandes y pequeños espacios de la ciudad. A veces basta con intervenir donde es necesario. Pintura, bolardos o jardineras pueden ordenar el espacio, reducir velocidades, acortar un paso de peatones o facilitar la circulación del autobús.
Si se quiere, se puede.
¿Oiga, es el Ayuntamiento? Póngame más aparcamiento
Sin embargo, hay algo injusto para el vecino o vecina de a pie: da la impresión de que esta rapidez o este empeño, solo aparece cuando la actuación beneficia a algún sector económico, como el hostelero. Crear estas plazas no parece perjudicar a nadie. Pero conviene preguntarse si tiene sentido fomentar todavía más el coche en lugares donde se consume alcohol.
Un ejemplo: En las memorias del 2025, el 49,9 % de los conductores fallecidos en siniestros viales y sometidos a análisis había consumido alcohol, drogas o psicofármacos. El alcohol apareció en el 32,4 % del total. Esto no significa que la mitad de quienes conducen después de salir de un bar den positivo, ni que esas sustancias causan necesariamente el siniestro. Pero sí demuestra que la relación entre consumo y riesgo vial está lejos de ser anecdótica.
Y no hablamos solo del alcohol. También están los efectos de atraer más coches a lugares donde, en ocasiones, causan más perjuicio que beneficio.
Otro ejemplo sería en la calle de Claudio Álvarez González, en la fachada del puerto deportivo. Allí se pasó de restringir la circulación, tan solo salida para vecinos, a recibir cientos de coches en una misma tarde, todos probando suerte para conseguir alguna de las apenas veinte plazas situadas al fondo de la calle. Absurdo, pero también a petición del mismo gremio.
Desde entonces, la puesta de sol desde el Cholo ya no consiste en escuchar conversaciones y ocupar la calle mientras se socializa con la gente querida. También supone soportar motos y coches que bajan, comprueban que no hay sitio, dan la vuelta y vuelven por donde vinieron, algunos procurando que los vean y los oigan.
En definitiva, si con pintura y bolardos se puede ordenar una calle en pocos días, hagámoslo también para acortar pasos de peatones, calmar el tráfico, facilitar el paso del autobús o ensanchar una acera en un entorno escolar. Ya se hizo y funcionó, por mucho que quien ahora usa estos métodos insistan en negarlo. “Hormigón y baldosa”, se decía en el Pleno municipal, en contra de los bolardos en los entornos escolares… Ojalá, pero a colegio por año, poco o nada avanzaremos.
Las actuaciones exprés son bienvenidas. Lo que no puede ser exprés, ni a la carta, es el criterio con el que se decide dónde se actúa.